domingo, 25 de enero de 2026

JESÚS MISIONERO ITINERANTE DE NAZARET A CAFARNAÚM. Mt 4, 18-25


Aun en las dificultades de la vida, Jesús no deja de predicar el Reino.
Estando arrestado su primo Juan en la cárcel, Jesús abandona Nazaret y se establece en Cafarnaúm para continuar su misión: anunciar el Reino y llamarnos a la conversión.
Y todo lo escrito en el profeta Isaías se cumple en ti, Jesús: 
«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz».
Tú iluminas con tu Palabra nuestras oscuridades y nuestras tinieblas, porque tú, Jesús, eres la luz en la oscuridad.
 Tu Palabra ilumina nuestra vida, nos llama y nos hace partícipes de tu misma misión.
Nos invitas a pasar de oyentes a testigos, dejando que tu Palabra sea guía de nuestras decisiones y permitiendo que nos transformes desde dentro.
Tú, Jesús, sigues pasando por nuestras orillas cotidianas, así como pasaste por la orilla del mar de Galilea, con la intención de llamarnos a tu misma misión. Ayúdanos a reconocer tu voz y a seguirte con prontitud, como lo hicieron los primeros discípulos, para anunciarte con sencillez y alegría: que el Reino de Dios está cerca, porque tú estás presente en nuestra vida.

JESÚS PASANDO DE NUEVO A NUESTRO LADO, VIENDO NUESTRA VIDA, NOS LLAMA
Paseando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar.
Jesús los llamó: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».
Al instante dejaron las redes y lo siguieron.
¿Qué vieron estos discípulos en ti, Jesús, para seguirte inmediatamente?
Quizás ya habían oído hablar de ti. Tal vez eras un joven cercano, con algo especial que ellos no tenían. Verían en ti una alegría, una fuerza, un dinamismo que les faltaba. Quizás estaban cansados de la rutina de cada día: siempre lo mismo, mucho trabajo y poca recompensa, muy poco pescado.
Pero tu Palabra da una novedad a sus vidas; les abres un horizonte nuevo, una misión nueva: ser pescadores, no de peces, sino de vidas. ¿Entenderían en ese momento qué significaban aquellas palabras: «os haré pescadores de hombres»?
Quizás no, pero se fueron contigo.
Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan. Estaban con su padre en la barca, arreglando las redes. Los llamó, y en seguida dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Dejan la barca y dejan al padre.
Tu presencia tiene una fuerza que nos impulsa a ir tras de ti.

MISIÓN JUNTO AL MAR DE GALILEA
Cualquier lugar, cualquier momento, puede convertirse en momento de gracia y de salvación si reconocemos tu paso. Nada es casualidad.
Toda experiencia vivida contigo marca un antes y un después.
Y estoy segura de que nuestra vida puede pasar, como la de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, dejando nuestro nombre escrito en el cielo.

Hoy, si escuchamos tu llamada, cambiarás nuestro destino, nuestro proyecto y el rumbo de nuestra vida rutinaria y cotidiana, invitándonos a descubrir horizontes insospechados, con una trascendencia infinita para toda la eternidad.

Podríamos no percibir esta llamada aun pasando Jesús por nuestra orilla, por nuestra superficialidad, y contentarnos con el estilo de vida al que estamos acostumbrados, conformándonos con un proyecto pequeño que, aunque nos dé algo de felicidad, nos haría perder el proyecto divino que Dios tiene preparado para nosotros: horizontes eternos y plenos, que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman» (1 Co 2,9).

FIJA SU MIRADA EN NOSOTROS
Así como vio a Simón y Andrés, y más adelante a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, hoy te ve a ti; nos ve a cada uno de nosotros.
Su mirada no es como la de los demás: no mira por curiosidad ni se queda en las apariencias.
Su mirada penetra en lo más profundo de nuestro ser.
Jesús, al mirarnos, nos revela su ser más profundo y, a la vez, nos descubre nuestra verdadera identidad.

Tu mirada seduce, cautiva y nos introduce en una comunión íntima de amor.
Estos discípulos, después de ser mirados por ti, igual que yo cuando he sido mirada por ti, somos impulsados a vivir un destino nuevo, con un horizonte grande, viviendo solo para ti. 

Tú nos eliges y nos conduces a un conocimiento interpersonal, esponsalicio y comprometido, que vincula nuestra vida apostólica y misionera al mismo destino del Maestro, que eres tú, atrayéndonos hacia ti y haciéndonos tuyos: misioneros.

Y NOS DIRIGE SU PALABRA

«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».
Su Palabra recreadora despierta en mí la capacidad de ser oyente y transmisor.

El discípulo, acogiendo su Palabra y reconociéndola como venida de su Señor, se dispone no solo a oírla, sino a obedecerla (ob-audire) fielmente.

Me llamas porque me amas; porque sabes que te necesito; porque sin ti no vivo.
Esa llamada ya estaba dentro de mí: al crearme para ti, a tu imagen, la sembraste. Es la sed insaciable de todo ser humano, que tu presencia y tu Palabra reavivan.
Tu soplo enciende las brasas de nuestro corazón, quizá escondidas bajo las cenizas de proyectos pequeños.
Tu Palabra penetra hasta lo más hondo y nos devuelve la dignidad, haciéndonos valiosos por lo que somos:
«Tú vales mucho a mis ojos, eres precioso para mí» (Is 43).
¡Te has enamorado de mí!
Te acercas con el corazón en la mano y me suplicas que te acepte como compañero de vida, como mi único amor y esposo:
«Yo te desposaré para siempre… con amor y ternura.
Te desposaré en fidelidad y me conocerás» (Os 2,21-22).

VENID CONMIGO
Tuya es la iniciativa: no te hemos elegido nosotros, sino tú a nosotros.
 La vocación es tuya.Sabes que te necesito, pero también tú me necesitas, porque me amas y quieres contar conmigo. 
Por eso te haces mendigo de mi amor.
A tu llamada buscas mi respuesta, mi adhesión total a tu vida y a tu destino, mi entrega plena a tu misión.
No solo me llamas a estar contigo, sino también a colaborar en tu proyecto de salvación.

OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES
Para esta misión me siento incapaz y sin fuerzas, pero tú me capacitas con la fuerza de tu Espíritu.
No temas: yo te haré realizar obras grandes, incluso mayores. Confía en mí y no en tus propias fuerzas.
Nada hay imposible para el que cree: 
«Todo lo puedo en Aquel que me fortalece».
Jesús quiere llevar mi vida a la máxima madurez en el amor. 
Más que hacer cosas, Él busca mi plena realización en el ser, en el ser amor.
Yo te haré llegar a ser… como yo.
Quisiera, Señor, reproducir para este mundo tus mayores gestos de amor, para atraer a todos hacia ti.
AL INSTANTE DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON

Es la alegría inmensa de quien ha encontrado el tesoro de su vida y lo pone en el centro, relegando todo lo demás a un segundo plano.
Todo merece ser cambiado para vivir, convivir y propagar el Amor.
Se trata de una determinación ,
Seguirle no es algo externo, de mera actividad “para Él”, sino algo profundamente interior: entrar en su misma intencionalidad, en la misión para la que fue enviado.
Sin mirar atrás, fijaron sus ojos en Él, en Aquel que primero fijó su mirada en ellos, y se lanzaron a seguirle para reproducir su vida y su misión.

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