
Estaba yo en el vientre,
Y el Señor me llamó
En las entrañas maternas
Mi nombre pronunció,
Haciendo de mi
boca
Una espada afilada.
Escondiéndome
en su sombra,
Me guardó en su aljaba.
Tu eres mi apóstol
De quien estoy orgulloso
Sólo en tu
corazón encuentro reposo
En cada momento
yo soy tu
fuerza
En todo tu
trabajo
yo soy tu
recompensa.
Hoy te hago luz de todas las naciones
Para que mi salvación llegue a todos
los rincones.(Is 49,1-6)
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