domingo, 24 de mayo de 2026

EL PREGÓN DEL EVANGELIZADOR (Jaime Bonet).


POR QUÉ QUIERO EVANGELIZAR.


¿Por qué quiero evangelizar, anunciar la Buena Nueva del Reino, dedicarme a la propagación de la FE hasta los confines de la tierra? 

¿Por qué quiero predicar el Evangelio de Jesús de Nazareth, consagrar toda mi vida a la oración y ministerio de la Palabra? ¿Por qué, para qué la Evangelización?

Porque quiero colaborar con toda mi mente, corazón y fuerzas y de la forma más eficaz a la Redención y liberación de todos los hombres.

 Quiero que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

 Que todos puedan verse libres de toda esclavitud. 

Porque quiero comunicar esta "buena noticia a los pobres, anunciar la libertad a los cautivos y dar la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61,1-2). "

Para hacer que los cojos anden, los leprosos queden limpios, los sordos oigan y los muertos resuciten" (Mt 11,5). 

Porque ansío cambiar el odio en amor, la tristeza en gozo, la angustia y desesperación en optimismo y esperanza, la enfermedad y muerte en vida y resurrección.

Porque anhelo ver amanecer una luz radiante en tantos rostros sombríos, en tantas vidas apagadas, en tantos corazones lúgubres, en tantos pueblos que yacen en las tinieblas y sombras de muerte. 

Porque me apremia poner en movimiento a tantas vidas paralizadas, sin rumbo ni sentido, ni ansias de vivir; aburridas y aletargadas, entre dudas y sospechas, incertidumbres e indecisiones, vacíos y complejos, que las quiebran y atrofian para siempre.

Porque añoro calor de hogar en tantas familias, en las que acampa más bien un aire frío de cementerio, casi sin el rescoldo del amor e intimidad, del afecto y cariño, de la espontaneidad y alegría fecunda y creadora. 

Me interesa y fascina anunciar la Buena Nueva del Reino, Reino de paz y justicia, Reino de Vida y Amor, para atajar la guerra sin tregua de las distintas naciones y razas, de un continente contra otro, entre las distintas naciones y razas, y detener la lucha fratricida de los hermanos entre sí y de los hijos contra los padres.

Me urge hacer llegar el Evangelio hasta los confines de la tierra para romper las cadenas de tantos esclavos, levantar las losas que aplastan a tantos oprimidos, desatar las vendas que bloquean y eclipsan la mente de tantos desnutridos de pan, de cultura y de fe. 

Quiero correr a desatar la soga de millones y millones de jóvenes que, en una desesperación como contagiosa, se alienan en busca de un suicidio colectivo.
Quiero inyectar vida con mi sangre propia, a los que en este como delirio renuncian a vivir y se sepultan en vida. Y a todos con la voz potente del Evangelio gritarles: "Joven, levántate". 

No puedo cesar de proclamar la Buena Nueva de liberación, para salvar a los millones de niños cuyas vidas veo romper y desintegrar apenas abren los ojos a la luz, o en el seno mismo de sus madres. 

Quisiera impedir la igualmente certísima desesperación y soledad de infierno de las mismas madres inconscientes ahora, de la monstruosidad de su pecado. 

Quisiera también evitar la denigrante despreciación a nivel de estorbo y basura con que muchos hijos apartan y marginan el amor entrañable de sus propios padres y abuelos. Y devolver el gozo y la alegría a los que se sienten abandonados y como malditos por sus propios hijos. 

Me inquieta y empuja el deseo de que brille el Evangelio sobre la situación crítica de tantas vidas confusas y desconcertadas, sin ningún rayo de luz que cruce su horizonte.

El riesgo mortal de sus pasos inciertos y temerarios, sin ideal que les rija, sólo a merced de una sociedad amorfa y sin espíritu, que les hace tambalear y despeñarse en el vacío de su inanición, sin camino, sin entender el por qué y el cómo de su existir, de su nacer y morir.

Me interesa llegar con el alba, al niño en su mismo germen de vida, en el propio seno materno, para protegerlo y abrigarlo con el calor que requiere y con que el Evangelio lo cuida y dignifica. Al que anhelo ver renacer y ofrecerle el caudal de gracia correspondiente a su dignidad de sacerdote, profeta y rey y que Jesús le adquirió con su sangre. Toda la riqueza del Reino, Bienaventuranzas, que a todos promete y llama. 

Me preocupa y ocupa, su normal crecimiento y desarrollo, su educación y perfeccionamiento en el clima propio del amor, imprescindible para su adecuada gestación y nacimiento. 

Para que sea conforme y no deforme, para que nazca hombre y no monstruo y que se exprese como normal y no subnormal o anormal. Para que no muera en el frío de la orfandad y del abandono en vida de sus mismos padres y pueda sentir su caricia suave y caliente de ellos sin que le asfixien y estrangulen.

Que desde el primer momento de su existencia encuentre el ambiente caldeado y no quede entumecido en puro feto al fallarle el calor de hogar, clima único que permite el crecimiento y desarrollo propio del hombre formalmente considerado. 

Que el niño pueda abrir y desplegar más y más su vida como semilla lozana, sin contratiempos, que la tronchen. Que desarrolle y dilate en plenitud su capacidad afectiva y creadora de darse, de comunicarse y sonreír, en un diálogo de cariño y amor recíproco y mutuo con todos. 

Me interesa desplegar la panorámica de la Buena Nueva ante la mirada expectante del adolescente, en la aurora de su vida, cuando va en busca de luz y de verdad, como el empuje y timidez de un paisaje que se asoma, pidiendo los destellos y el calor del sol. Es como un puñado de semillas que se abre a sementeras sin límites ni horizontes.

Nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra: "orationi el ministerio verbi instantes"(Hechos 6,4 ).

Semblanza El sembrador de la Palabra de Dios por todo el mundo



El sembrador de la Palabra de Dios en los cinco continentes 

Testimonio vocacional en el centenario de Jaime Bonet Bonet

Quisiera agradecer, en este centenario del nacimiento de nuestro fundador, Jaime Bonet Bonet, a quien tuve el regalo de conocer hace más de cuarenta y dos años de vida misionera.
La celebración de los cien años de vida de Jaime Bonet evoca en mi corazón el pasaje del libro del Génesis (15,5), en el que Dios promete a Abraham una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las arenas del mar. Contemplando la vida y la misión de nuestro fundador, es inevitable reconocer en ella una fecundidad espiritual que se ha extendido por generaciones y que continuará dando fruto en la historia de la Iglesia.
Tuve la gracia de conocer a Jaime Bonet siendo muy joven, en el año 1979, en el barrio El Salvador de Medellín, Colombia. Nos encontrábamos reunidos un grupo de jóvenes en la casa de las misioneras cuando nos lo presentaron. 
Aquella fue la primera vez que escuché la voz de un fundador que nos invitaba a entregar la vida a Jesús y a anunciar su Palabra en los cinco continentes.
Yo tenía entonces 18 años. Recuerdo que escuchaba con emoción aquella llamada a la misión y pensaba para mis adentros:
“¡Qué hermoso para quienes puedan recorrer el mundo anunciando el Evangelio!”
En aquel momento no comprendía plenamente el alcance de sus palabras, pero sí percibía con claridad algo que marcó profundamente mi corazón: estaba ante un hombre profundamente enamorado de Cristo.
Mientras escuchaba la proclamación de la Palabra, sentí que aquella semilla de la Palabra de Dios despertaba dentro de mí el deseo de ir por todo el mundo anunciándola. 
Era como si Jesús mismo estuviera sembrando en el corazón de todos los jóvenes que nos encontrábamos allí.
En mi interior surgía un deseo silencioso:
“Me encantaría… pero esto no es para mí”.
Sin embargo, aquella pequeña semilla había comenzado ya su misterioso camino de crecimiento.
Con el paso de los años fui invitada a participar en unos ejercicios espirituales. 
Allí me encontré nuevamente con nuestro fundador, que predicaba aquellos quince días de retiro en completo silencio. 
Eran ejercicios vocacionales, aunque yo entonces no lo sabía.
Al concluir los ejercicios me pidieron que hablara con él. Recuerdo con gratitud cómo me acogió con una sonrisa serena y paternal. Con sencillez me preguntó cómo me encontraba. Yo, muy tímida y de pocas palabras, solo acerté a decir que deseaba conocer a Jesús.
Su respuesta fue inmediata y llena de entusiasmo. Me dijo que sí, que podía estudiar teología y dar a conocer a Jesús por todo el mundo.
 En ese momento no comprendía plenamente lo que aquellas palabras significaban, pero sí comprendí algo esencial: el sembrador de la Palabra estaba sembrando nuevamente en mi vida una llamada a la consagración total a Jesús.
Aquella semilla siguió creciendo. Más adelante participé en unos ejercicios espirituales de mes con las misioneras del Verbum Dei. Durante aquellos días, escuchando nuevamente a Jaime Bonet —apóstol de la Palabra y testigo apasionado de Cristo— hablar de la entrega total de la vida al Señor y de la misión de anunciar el Evangelio por todo el mundo, mi corazón pudo responder con un “sí” definitivo.
El 19 de julio de 1983 di un paso decisivo al entrar en la comunidad Verbum Dei.
Desde entonces puedo reconocer con claridad cómo aquella semilla inicial fue siendo regada y fortalecida a través de la predicación constante de la Palabra.
 Año tras año, especialmente en los ejercicios espirituales de mes, la enseñanza de nuestro fundador alimentaba y hacía crecer la vocación recibida.
Por eso me gusta contemplar la figura de Jaime Bonet como el sembrador de la Palabra de Dios, aquel que ha esparcido la semilla del Evangelio por los cinco continentes, alcanzando incluso el rincón donde yo me encontraba, en Medellín.
Más adelante, en el tiempo de formación, fui enviada a estudiar a Alcalá de Henares. 
Allí experimenté nuevamente su presencia formadora a través de pautas de oración, escuelas de formación y encuentros comunitarios.
De modo particular recuerdo el tiempo de preparación para nuestros votos perpetuos. Durante seis meses, junto con Anita Moranta, nos acompañó explicándonos las constituciones, el carisma y el sentido profundo de nuestra consagración en el Verbum Dei.
Tras ese tiempo de preparación, un grupo de misioneras procedentes de distintos continentes tuvimos la gracia de realizar nuestros votos perpetuos, después de un mes de ejercicios espirituales predicados por nuestro fundador en Siete Aguas, Valencia, España, en el año 1988.
Puedo decir que en cada etapa de mi vida —la del primer encuentro, la de la formación y la de la misión— experimenté la cercanía del sembrador de la Palabra.
Durante los años de misión en Latinoamérica, Jaime continuó acompañándonos, predicando ejercicios espirituales y dialogando con nosotros sobre la vivencia del carisma.
Conservo también recuerdos sencillos pero profundamente significativos, como aquel campamento en Siete Aguas con un grupo de jóvenes. Le pedimos si podía dirigirse a ellos y, con la disponibilidad que siempre le caracterizaba, subió hasta el albergue para encontrarse con ellos. Con su entusiasmo habitual les habló de Jesús y supo encender en sus corazones el deseo de conocerlo más y de anunciar la Palabra de Dios.
En aquellos años Jaime ya vivía en el poblado de Siete Aguas y el paso del tiempo iba limitando sus fuerzas. Sin embargo, continuaba siendo fiel al carisma recibido: oración, predicación de la Palabra y testimonio de vida.
Era frecuente verlo orando ante el Sagrario en la capilla del Pesebre, o predicando en la Eucaristía y en los ejercicios espirituales. Recuerdo especialmente el año 2003, cuando, a pesar de la etapa que estaba viviendo, seguía siendo el sembrador de la Palabra, alentándonos siempre a vivir con profundidad nuestra consagración.
Al contemplar mi propia historia vocacional puedo reconocer tres etapas profundamente marcadas por su presencia: el primer encuentro, la etapa de formación y la etapa apostólica.
Por ello, al celebrar los cien años de vida de Jaime Bonet Bonet, doy gracias a Dios por el don de su vida y por la fecundidad espiritual que ha suscitado en la Iglesia. Su vida nos recuerda que quien siembra la Palabra con fidelidad y pasión permite que Dios mismo haga crecer la semilla en innumerables corazones.
Entre esas semillas, con profunda gratitud, reconozco también la mía.
Gracias, Jaime.
Luisa Elena Vélez Henao 
Misionera Verbum Dei

Testigos de la Esperanza




sábado, 23 de mayo de 2026

¿Me amas más que estos ?

“Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. 
  “Apacienta mis corderos”. 
¿me amas?” “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. 
  “Pastorea mis ovejas”. 
 ¿me quieres?” 
“Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. 
“Apacienta mis ovejas. ”
Gracias a nuestro Fundador Jaime Bonet y a las primeras Misioneras que nos han enseñado Amar a Jesús a través del carisma oración y predicación de la Palabra 

¿ME AMAS MAS QUE ESTOS ?
¿Me amas? 
¿Me quieres ?
Tres veces me preguntas Jesús,
porque estás enamorado.
Sólo el que me ama tanto
Le interesa ser amado.
Me cautivaste Jesús, 
me sedujiste,me atrajiste
Y ya no puedo vivir sin tí .
Y hoy de nuevo me preguntas
¿Si te sigo amando  como tú me amas a mí ?.
Como olvidar tú mirada de aquella primera vez .
En el lago me encontraste
En el huerto me lloraste
Pero fue en mi corazón vacío
Donde tu me rescataste.
Encendiste mi corazón,
dándole un nuevo ardor
Y hoy permanece tu llama
Con un bello resplandor.
Hoy me preguntas Jesús
Si te amo mas que estos
Después de 42 años
Te sigo queriendo Maestro.
El camino recorrido
en compañía de Dios
Matrimonio fecundo
Que feliz me siento hoy.
Hijos que me has dado
Engendrados en el amor
Hijos que han nacido
Por la palabra de Dios.
Extenderás los brazos
Y otro te ceñirá
Eres tú en mis hermanos
Que me quieres guiar.
Es mi vida misionera
Que vas de aquí y allá
Pero que bueno Maestro
Que no me dejes acomodar.
Tu me pides que te ame
Aunque esté en un mismo lugar.
Dos pececitos me pides
Y no me pides nada más,
cinco panes ponen el resto
es la suma de la comunidad.
Cada uno donde estemos,
respondiendo al Amor
alimentamos a todos
con la Palabra de Dios.
Amen.
LevJPE

Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero»

Reflexión.
Papa Francisco 

En el pasaje de hoy me puedo sentir identificado con Pedro. Es a mí a quien me preguntas si te amo; y tal vez mi respuesta es la misma que la de Pedro: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Pero la pregunta para Ti sería: ¿Por qué me preguntas esto, Jesús? ¿Por qué me pides que te ame?

Es de verdad algo maravilloso ver cómo te muestras necesitado de mi amor. Siendo Dios, siendo el Amor mismo, quieres mi amor. Y es que nosotros, los seres humanos, sabemos bien lo doloroso que es cuando se ama a alguien y éste no corresponde al amor dado. Me has amado tanto, Jesús, que lo único que quieres es que te ame.

Pero el amor no se impone. No se puede obligar a amar, y por ello, en el pasaje se leen preguntas. Las preguntas que son invitaciones, que son posibilidades, que son opciones. No hablas a Pedro dando órdenes para que te ame, tan sólo preguntas. Este pasaje es la invitación a escribir juntos una historia de amor que no termine jamás. La historia de un amor que no se acaba, que no falla, que es fiel, que es generoso y alegre. Pedro se entristece de que le preguntes con insistencia. Quizá el apóstol cree que dudas de su amor. Pero no es así. La insistencia en tus preguntas se puede ver desde otra perspectiva; no desde la duda, sino desde aquélla de la locura del amor.

Cuando se ama a alguien, se busca por todos los medios posibles, que el otro lo sepa y corresponda. Es lo que haces con Pedro. Preguntas una, dos y tres veces, como queriendo decirle: «Pedro, no te fijas que te amo tanto, que he hecho tanto para merecer tu amor, y que sólo quiero que me ames. Te he venido persiguiendo tres años, mendigando tu amor, demostrándote con obras concretas lo mucho que te quiero. Y tal vez no te has dado cuenta de ello. No me he cansado de decirte, mostrarte, enseñarte el amor que te tengo. Mira que estoy loco de amor por ti. Lo único que te pido es que me ames. Quizás no del mismo modo a cómo Yo te amo, sino al modo a cómo tú me puedes amar. No te pido un amor como el mío, te pido me ames con el amor que me puedes dar, el que nace en tu interior, porque de ese amor es del que estoy sediento, del que estoy enamorado».

«El Señor nos pide el desapego de estas falsas riquezas para entrar en la vida verdadera, la vida plena, auténtica y luminosa. Y yo les pregunto a ustedes, jóvenes, chicos y chicas, que están en la plaza: ¿han percibido la mirada de Jesús sobre ustedes? ¿Qué le quieren responder? ¿Prefieren dejar esta plaza con la alegría que nos da Jesús o con la tristeza en el corazón que la mundanidad nos ofrece?».

(Homilía del papa Francisco, 11 de octubre de 2015).

jueves, 7 de mayo de 2026

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“Os daré pastores según mi corazón”(Jer 3,15)

El cumplimiento de la promesa en Jesús y en sus discípulos

Jesús cumple su promesa continuará guiándonos alimentándonos y cuidándonos 

"Nadie os arrebatará de mi mano".

Jesús Resucitado es  el buen pastor que  no, nos ha abandonado,Continúa su pastoreo junto con los discípulos ,

Por eso Cuando Jesús se aparece a los discípulos y los cita

 nos vemos en Galilea allí les revela está gran proyecto de misión Mt.28,18.20

"Jesús se acercó y les habló me han concedido plena autoridad en cielo y tierra por tanto y hacer discípulos entre todos los pueblos bautizándolos consagrándolos al Padre y al Hijo y al espíritu Santo y enseñarles a cumplir cuanto os he mandado yo estaré con vosotros siempre hasta el fin del mundo "  

Jesús Resucitado sigue formándonos según su corazón de buen Pastor .  

Dios había hecho  una promesa a su pueblo y la continúa hoy :

👉 “Os daré pastores según mi corazón” (cf. Libro de Jeremías 3,15).

Un pueblo que sufría, que estaba perdido, esperaba ese pastor.

Y esa promesa se cumple plenamente en Jesús el Buen Pastor.

Jesús no nos ha abandonado.

Él es el Pastor que cuida, guía y da la vida por sus ovejas ( Juan 10).

👉 Jesús no quiso hacer esta misión solo,nos necesita,como necesito a los discípulos y les propuso ese proyecto de formar discípulos por todo el mundo y así como envío a los discípulos hoy nos envía a nosotros.

👉 “Id y haced discípulos… yo estaré con vosotros siempre” ( Mateo 28,19-20).

Es decir, su pastoreo continúa hoy a través de sus discípulos, en la Iglesia.

Por eso necesitamos fijar los ojos en Jesús permanecer en su amor Beber de él,convivir  con el hasta llegar a tener su mismo corazón de Pastor.Este es el fruto que nos ofrece 

¿Y cómo es el corazón de Jesús buen Pastor?

Necesitamos contemplar fijarnos en estos rasgos que nos ayude a imitarle :

Nos conoce  a cada uno y nos conduce ,nos guía ,nos instruye,

Alimenta: nos da vida, Él mismo es nuestro alimento,atraves de la Eucaristía se hace pasto 

Entrega la vida: amándonos hasta el extremo,amando siempre,a todos ,y gratuitamente .

Este es el corazón de Dios.

Pero también es una llamada para nosotros:

👉 no solo somos ovejas…somos ovejas pastor   llamados a ser pastores según su corazón.

No se trata de un cargo, sino de una forma de vivir:

amar, servir, cuidar, buscar al que está perdido,deshorientado,

Dicen que la oveja cuando se pierde queda atrapada entre sarsas y no sabe volver empieza a balar y solo cuando el pastor la recata puede volver 

Nosotros hemos pasado por esta experiencia y hemos sido buscados,escuchados,rescatados ,atraves de personas que han sido para nosotros buen pastor ,ahora reconocemos que ha sido el Pastor quien nos ha rescatado,que nos ha amado y nos ha alimentado y está es la misma misión que hemos de continuar .

Hoy  Jesús  nos invita a preguntarnos:

👉 ¿reflejo yo el corazón del Buen Pastor en mi vida

Cristo es nuestro Pastor y no nos abandona.

Sigue guiando a su pueblo… y quiere hacerlo también a través de nosotros.

San Agustín. Texto avalado por su vida de pastor,  pastoreo, a imagen del Mayoral del que es miembro, es hoy luz para todos nosotros.

Terminemos dejando que Dios nos llame a traves de estas sencillas líneas a hacernos cargo del rebaño que nos confía hasta dar la vida por cada oveja.

Todos los buenos pastores son, en realidad, como miembros del único pastor y forman una sola cosa con él. 

Cuando ellos apacientan, es Cristo quien apacienta. 

Los amigos del esposo no pretenden hacer oír su propia voz, sino que se complacen en que se oiga la voz del esposo.

 Por esto, cuando ellos apacientan, es el Señor quien apacienta;

aquel Señor que puede decir por esta razón: 

Yo mismo apaciento’, porque la voz y la caridad de los pastores son la voz y la caridad del mismo Señor. 

Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen.”

El Papa Francisco habló muchas veces sobre el tema del pastor y las ovejas. 

Una de sus frases más conocidas es:

👉 “Los pastores deben tener olor a oveja”.

Con esto quería decir que el pastor —sacerdote, consagrado o cualquier discípulo de Cristo— no puede vivir lejos del pueblo, sino cercano, compartiendo sus alegrías, sufrimientos y necesidades. 

También insistía mucho en que primero debemos ser ovejas que escuchan la voz del Buen Pastor, que es Jesús.

 Solo quien se deja cuidar por Cristo puede después cuidar a los demás.

Jesús es el verdadero Pastor y nunca abandona a su pueblo.

El pastor auténtico sirve, no busca poder.

Debe ir a buscar a la oveja perdida, especialmente al que sufre o está lejos.

La Iglesia no está llamada a encerrarse, sino a salir al encuentro.

Todos estamos llamados, de alguna manera, a cuidar a otros con el corazón de Cristo.

 👉 El pastor debe caminar delante para guiar, en medio para acompañar y detrás para ayudar al que se queda atrás.

Y todo nace de mirar a Jesús, el Buen Pastor que: conoce a sus ovejas, las llama por su nombre,y da la vida por ella.






















sábado, 25 de abril de 2026

RELEVOS DEL RESUCITADO ID Y HACED DISCIPULOS

 RELEVOS DEL RESUCITADO ID Y HACED DISCIPULOS
La mejor noticia de toda la historia que no sale en los noticieros es que Jesús resucitó y nosotros también hemos resucitado con El. 
Por eso vamos a escuchar su palabra no como siempre la escuchamos sino desde la resurrección.
 El regalo mas grande que el Señor ha tenido con nosotros es que nos salvó y esta es la noticia más grande que estamos llamados anunciar.
Hay una película -que seguramente muchos han visto-, que se llama "la lista de Schidler", en la que aparece una escena de un tren lleno de mujeres, compradas por el empresario Schidler para su fábrica, y que se dirige hacia la fábrica, desde los campos de concentración. En un lugar del trayecto, desvían el tren hacia los hornos crematorios de Auschwitz. 
Cuando las mujeres ven que ese lugar no es una fábrica, que las empiezan a rapar y quitar sus propiedades, que las introducen en unas salas enormes con duchas; entran en una desesperación espantosa. 
Al enterarse el empresario del desvío del tren, inmediatamente se movilizó para evitar la "sutil masacre". Una imagen fuerte de esta escena es cuando las mujeres entran en las cámaras de gases, al apagarse la luz empiezan a llorar desesperadas sin saber que va a pasar, presintiendo la muerte. 
Mas de repente empieza a caer agua por las duchas. Schidler las había salvado.

 Esto es lo que nos ha pasado a nosotros con la Resurrección de  Jesús hemos sido liberados,salvados .
  (1Pe 1,18),  comprados para Dios. Para Jesús somos de gran precio (Gal 2,20): "Me amó y se entregó a sí mismo por mí".   
Con la Resurrección de Jesús hemos nacido a una nueva vida con horizontes muy amplios Jesús nos ofrece lo mejor , nos ofrece un horizonte de vida vayan y hagan discípulos por todo el mundo .
 Yo estaré con vosotros  todos los días hasta el fin del mundo. 
 No es un mandato impositivo es que la misión nos da la vida , no nos manda solos el va ser nuestra compañía.
Recuerdo al Papa francisco que nos habla de una iglesia en salida,así ha de ser la familia verbum Dei ,vivirnos en estado de misión .
 Este id de Jesús es salir de nosotros mismos es una llamada a todos los cristianos, anunciar el evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin miedo, sin excluir a nadie.
 Cuando hemos experimentado este encuentro con Jesús Resucitado y que nos ha transformado la vida surge en nosotros un profundo AGRADECIMIENTO:
 "Jesús, ¿Cómo te puedo pagar
Ante esta vida nueva que hemos recibido 
 Muy semejante fue la reacción de toda la gente judía que se salvó de los campos de concentración ante el gesto de solidaridad de Schidler; en la película la última escena presenta al rabino, que en nombre de los casi 2000 trabajadores, le regala un anillo de oro, que habían fundido con el oro que tenían  Agradecer es propio de alguien que ha recibido un beneficio muy grande.
A Jesús la única manera de pagar este gran regalo que nos ha dado con su Resurrección es ofreciéndole nuestra vida para que muchas le conozcan y  entren en esta cadena de Resucitados.
Ha sido la experiencia de los primeros testigos del Resucitado 
La experiencia de María Magdalena
 No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”.
La misión que Jesús nos confía supone amor , agradecimiento, es una pasión por Jesús pero al mismo tiempo es una pasión por el pueblo.
Maria  Magdalena la primera Apóstol misionera 
 Cuando hemos meditado a Jesus crucificado reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene, y uno ve esa mirada de Jesús que se amplia y se dirige llena de cariño y ardor hacia todo su pueblo.
 Asi descubrimos que Jesús en este mandato de vayan y hagan discípulos nos hace instrumentos para llegar cada vez mas cerca de su pueblo.
Y nos envía a todos los pueblos para dar ha conocer su amor.

El que ha conocido a Jesús se convierte en portador de una gran Buena Noticia para el mundo; noticia que es imposible de contener, como el fuego, porque es una experiencia difusiva de sí.. 
He venido a prender fuego a la humanidad y cuanto desearía que arda.
Poesía de Jaime
 Cuanto desearíamos que muchos corazones apagados tenga la luz de Jesus.
es cuestión de gratitud, de amor a Jesús y de amor a los que más queremos. (Por ej. Jn 1,41 de Andrés con Pedro).

El que entremos en este dinamismo propio que tiene el Evangelio de ser una Noticia para transmitirse es de una vital importancia para nosotros mismos; ya que si queremos que nuestro gozo aumente, lo único que hemos de hacer es propagarlo (1Jn 1,1-4). 
Jesús en el Evangelio tiene algunos consejos vitales: "Permaneced en mí" (Jn 15,8); "Amaos como yo os he amado" (Jn 13,34); "Sed perfectos como vuestro Padre del cielo" (Mt 5,48); sin embargo, hay uno que nos hace referencia a lo que estamos viviendo: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación" (Mc 16,15). 
Se trata de un mandato de amor: "Me he manifestado a ti para que seas mi testigo por todo el mundo." (Act 1,8; Lc 8,16)
 Jesús nos ha elegido (Jn 15,16; Jn 14,22) para que muchos le conozcan por medio nuestro. 
Una de las principales causas por las que muchos cristianos han perdido y siguen perdiendo la fe, es por no comunicarla, ya que -como dice J. Pablo II- ¡La fe se fortalece dándola! (R.M 2); por eso, ahora que tienes fresca la experiencia de Jesús necesitamos anunciarla.
A nuestro mundo sin fe y huérfano la faltan buenas noticias, le falta EVANGELIZACIÓN.
 Casi 2000 años después de haberse dado el Evangelio nuestro mundo sabe muy poco a: gozo, fraternidad, libertad, perdón, misericordia, amor, sencillez, solidaridad, etc. (Cf RM1).
 Ante nosotros se presenta un verdadero reto de hacer que la experiencia de Jesús incida en la vida de los hombres (E.N. 18); sabiendo que por sí mismo lo que anunciamos tiene fuerza (Rom 1,16).

Ante un mundo  sin Dios, sin los valores de Jesús tan evidentes, ¡Ay de nosotros si no predicamos! para satisfacer tantos corazones hambrientos. (Act 3,1-10y cómo creerán si no hay quien les predique (Rom 10,17). 

Llegamos a tiempo, puesto que "eso" que los hombres buscan, sin saber y con tanto esfuerzo, está en nuestras manos y a nuestro alcance el podérselo proporcionar. Nuestra misión es la de ser "Hombres topo" que sacan a las personas de los escombros, como le pasó a un misionero sacar a gente de entre vigas y ladrillos después de unas explosiones en Guadalajara. Jesús nos llama a sacar a nuestros amigos y personas que más queremos de los escombros del egoísmo, de la soledad, de la violencia, del pasotismo, de la depre, de la tristeza y sin sentido , de la evasión, etc.
 Lancémonos sin miedo de proponer a Cristo (Cf. J. Pablo II, discurso a los jóvenes en Santiago), ya que es el acto de amor más verdadero que podemos tener con cualquier persona (Cf. frase de J. Pablo II). 
 Aquel que evangeliza lleva a sus espaldas la realidad sombría que viven los hombres.

El gran remedio que Dios le ha dado a este mundo es Jesús, su vida, sus palabras, su misión. ¡Mira tú, que sencillo y que profundo!. Jesús en su persona nos acerca el amor de Dios para nuestro gozo y alegría (Jn 15,11; 17,28). 
Jesús vio a muchos hombres de su tiempo necesitados de Buenas Noticias: había muchos días grises entre los suyos; soledades demasiado grandes para ser soportadas por hombres normales; la amargura habitual; las alegrías cortas y poco alegres; esperando ansiosamente la Buena Noticia del Reino de Dios, que está dentro de cada uno.       
Nunca sabemos como están las personas que Jesús pone en nuestro camino (Hch 8,26ss), pero basta con una palabra nuestra que vaya llena de Dios para que las personas empiecen una vida nueva.
 Por esto, que como testigos de Jesús, nuestras palabras se conviertan en las suyas (Lc 10,16) y la gente nos verán a nosotros, pero no a él (Jn 12,21).

Vamos ahora a nuestros distintos ambientes, por eso, conviene tener bien claro que entre los míos tengo una gran misión y muy concreta. ¿Qué misión?, ¿Simplemente hablar de Jesús?, ¿A quiénes y hasta dónde hay que evangelizar?, ¿Qué pretende Jesús cuando ahora nos envía a todos nosotros?

En el Evangelio aparece muy clara cuál es la intencionalidad de Jesús con los que le conocemos un poco, diciendo:
 "Id y haced discípulos a todas las gentes, dándoles la Vida de Dios" (Mt 28,19-20).
 No nos envía simplemente a hablar de él, Jesús nos envía a que le hagamos discípulos suyos; nos envía a que le formemos gente que quiera vivir sus valores y consejos. 
¿Y cómo lograr esto?, porque no nos vaya a suceder que al llegar con la gente que conocemos nos pase lo del payaso del circo. Que un día esperando muy nervioso y fumando fuera del circo, para empezar la función. 
Se dio cuenta que el pueblo ardía en llamas y rápidamente entró al escenario -vestido de payaso- a gritarles a los del pueblo que habían venido al circo, que el pueblo se quemaba.
 Para su sorpresa, que cuanto más lo decía más se reían de él, y hasta decían: ¡Qué bien lo hace!, pero nadie se movió a apagar el fuego; cuando lo quisieron hacer, el pueblo se había quemado bastante, quizas muchos se rian de nosotros, como aquel dia en una clase y la profesora parada  de risa pero yo seguí anunciando a Jesús pero no sólo pretender decirles algo de Dios, sino pretender que lleguen a conocer a Jesús y le sigan. 
 Para esto necesitamos creer y vivir lo que anunciamos.
como decía Pablo VI: "¿Creéis lo que anunciáis?, ¿Vivís lo que creéis?, ¿Predicáis verdaderamente lo que vivís?" (E.N.76) -esto lo decía a los evangelizadores ante el reto del mundo contemporáneo-.

Evangelizar no es otra cosa que formar discípulos de Jesús" a todos los más que pueda, como dice San Pablo: "Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos" (1Cor 9,22). Formar discípulos es suscitar personas que sean fermento de la vida de Jesús en medio de la masa (Lc 13,21); es crear grupos de gente que se ayudan con una calidad de amor muy superior; es despertar personas que presentan un estilo de vida que grita y no que gritan unas verdades simplemente. 
Recuerdo como iniciamos una experiencia así parecida con un grupo de chicos en un país; nos reuníamos para orar juntos, para formarnos, para contagiarnos el deseo de vivir lo que Jesús nos decía, para irnos a institutos, universidades, casas y barrios a llevar a Jesús, etc. Nos sentíamos fermento entre la gente.

Evangelizar formando grupos o fraternidades de discípulos es estar convencido de que por este camino es cuando empezamos a "reconstruir al hombre"
 desde sus fundamentos más profundos; ya que se trata de formar hombres y mujeres según las exigencias de las Bienaventuranzas de Jesús (Mt 5,3-12), es decir, gente nueva y feliz. 
Predicar a Jesús a través de estas fraternidades es estar convencido que "sólo habrá Humanidad nueva si hay hombres nuevos", como dice Pablo VI en la E.N.18. El Evangelio lo tienen que ver en nosotros lo más claro posible y lo tienen que entender a través de la predicación de personas transformadas por el mensaje de Jesús, como le sucedió a San Antonio Abad: Que cierto día, teniendo aún 21 años y habiendo muerto sus padres, escuchó de la Palabra de Dios: "Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo- y luego vente conmigo". 
Esto le llegó hasta el fondo porque teniendo muchos bienes se decía a sí mismo: ¿cómo fueron capaces tantos hombres de dejarlo todo por seguir a Jesús?. Las palabras que oyó le dieron la respuesta. 
Entonces vendió las 300 parcelas que había heredado, para vivir sin casi nada; muchos le llegaron a llamar el amigo de Dios. 
Hemos de creer en el poder que tiene nuestras palabras pronunciando las de Jesús, con nuestra vida muy unida a esas palabras, para transformar el corazón más de piedra que pueda existir (Heb 4,12).

Evangelizar consiste en orientar el corazón de los hombres hacia Dios, pero, ¿Cómo lo van a orientar si no le conocen? y, ¿cómo le conocerán si no les predicamos? (Rom 10,17).

¿Dónde vamos a realizar todo este proyecto? ¿Cuál es el campo al que Jesús nos envía?. 
Jesús nos dice que él nos pone en medio del mundo como luz (Mt 5,14); pero no para uno o dos solamente, sino para el mundo, porque "Jesús es un derecho de todos" Por lo mismo, estemos siempre preparados y dispuestos a dar razón de nuestra esperanza al que nos lo pida (1Pe 3,15);¡Siempre a punto y a tiempo y destiempo! (2Tim 4,2)

Para esta tarea tan grande, no vamos solos, Él viene con nosotros (Mt 28,20). Por eso, sin miedo, confiados en su fuerza nos lanzamos. Suerte y que otros participen de nuestro gozo y Jesús tenga más amigos y mejores que nosotros.
Vamos a escuchar a Jesús Resucitado que me dice hoy, necesito relevos preguntémosle a Jesús que significa desde mi situación este mandato de id y haced discípulos .
Pidámosle a la virgen que nos acompañe e esta misión que Jesús nos regala y como voy a vivir los medios prque la misión brota de un corazón que ora, enamorado de Jesús.