CORPUS CHRISTI: RECORDAR LOS REGALOS DE DIOS
Texto base: Deuteronomio 8,2-3
"Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer..."
al pueblo de isrrael
Introducción
Estás palabras Moisés las decía
Al pueblo de Israel que debía recordar los cuarenta años de desierto para descubrir que Dios nunca los abandonó.
También nosotros, al mirar nuestra historia, podemos reconocer los grandes regalos que Dios nos ha dado.
La fiesta del Corpus Christi nos ayuda a contemplar el mayor de esos regalos: Jesús Eucaristía, que permanece con nosotros para siempre.
I. RECORDAR LOS GRANDES REGALOS DE DIOS
1. La Encarnación
Dios se hizo hombre.
Jesús asumió nuestra condición humana para enseñarnos a vivir como verdaderos hijos de Dios y para salvarnos mediante su muerte en la cruz.
"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14).
2. La Resurrección
Jesús no nos dejó a mitad de camino.
Resucitó y continúa caminando con la humanidad.
La obra que comenzó la llevará hasta el final.
Antes de ascender al cielo nos dejó una misión:
Anunciar el Evangelio.
Enseñar lo que hemos recibido.
Hacer discípulos.
Y nos prometió:
"Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
3. El Espíritu Santo en Pentecostés
El Espíritu Santo nos capacita para ser testigos.
No predicamos con nuestras fuerzas sino con la fuerza de Dios.
Hemos experimentado cómo el Espíritu sigue actuando hoy, reuniendo personas de diferentes lugares y haciendo que den testimonio de Cristo.
4. El Don de la Trinidad
No estamos solos.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitan en nosotros.
La Trinidad ha hecho de nuestro corazón su morada.
Ya no vivimos en la orfandad espiritual.
Tenemos hogar, compañía y comunión permanente con Dios.
II. EL GRAN REGALO DEL CORPUS CHRISTI: JESÚS EUCARISTÍA
1. Jesús quiso quedarse con nosotros
Qué inmenso regalo celebra hoy la Iglesia.
Jesús no quiso abandonarnos.
Se quedó realmente presente en la Eucaristía.
No permanece encerrado.
Sale por las calles del mundo en las procesiones de Corpus Christi para recordar que quiere caminar con su pueblo.
2. Jesús se quedó para alimentarnos
Moisés decía:
"No solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios" (Dt 8,3).
Durante años hemos sido alimentados por:
El pan de la Palabra.
El pan de la Eucaristía.
Cristo es ambos panes: la Palabra viva y el Pan vivo bajado del cielo.
3. La Eucaristía nos une en un solo cuerpo
San Pablo enseña:
"El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo" (1 Co 10,17).
Comer el Cuerpo de Cristo significa:
Vivir la comunión.
Practicar el perdón.
Construir la fraternidad.
Participar de la vida misma de Dios.
III. EL MISTERIO DEL PAN DE VIDA
Jesús afirma:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre" (Jn 6,51).
Muchos se preguntaron:
"¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
La Eucaristía solo puede comprenderse plenamente desde la fe.
Jesús responde:
"Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida."
Cuando recibimos la Comunión:
Cristo habita en nosotros.
Nosotros habitamos en Él.
Participamos de su vida divina.
IV. LOS FRUTOS DE LA EUCARISTÍA
1. Nos cura la soledad
Jesús cumple su promesa:
"Yo estoy con vosotros todos los días."
Nunca caminamos solos.
2. Sana nuestra memoria y nuestras heridas
Como recuerda el Papa Francisco:
La Eucaristía es un remedio contra la tristeza, la resignación y el egoísmo.
Cristo sana el corazón desde dentro.
3. Nos impulsa a amar
La comunión verdadera siempre conduce a la fraternidad.
No podemos compartir el mismo Pan y vivir divididos.
Donde hay Eucaristía debe haber:
Unidad.
Perdón.
Misericordia.
Servicio.
4. Nos transforma en Cristo
Decía Santo Tomás de Aquino:
"En la cruz estaba oculta la divinidad; en la Eucaristía está oculta la humanidad."
Cristo entra en nuestra vida para transformarnos.
La Eucaristía actúa como un remedio espiritual:
Sana el pecado.
Debilita el egoísmo.
Fortalece la caridad.
Nos hace cada vez más semejantes a Jesús.
V. JESÚS QUIERE SEGUIR CAMINANDO POR EL MUNDO A TRAVÉS DE NOSOTROS
Jaime Bonet contaba cómo comprendió que Jesús quería seguir recorriendo el mundo mediante sus discípulos.
Jesús también quiere decirnos a nosotros hoy:
Tus pies serán mis pies.
Tu voz será mi voz.
Tus manos serán mis manos.
Tu corazón será mi corazón.
La Eucaristía no es solo para adorar a Jesús.
Es para convertirnos en Jesús para los demás.
Conclusión
Al recordar todo el camino recorrido, podemos reconocer que Dios nunca nos ha abandonado.
Nos ha regalado:
La Encarnación.
La Resurrección.
El Espíritu Santo.
La Trinidad.
Y, de manera especial, la Eucaristía.
Ante tanto amor surge una pregunta:
¿Cómo puedo ser hoy pan partido para mi familia, para mi comunidad y para el mundo?
Pidamos a Jesús Eucaristía que nos enseñe a amar como Él ama, a servir como Él sirve y a entregarnos como Él se entrega.
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