domingo, 5 de julio de 2026

tomé en mi mano un crucifijo bastante grande

Si existes hazme feliz
5. Entonces tomé en mi mano un crucifijo bastante grande que 
tenía cerca1
. Era la primera vez que lo hacía con algo de 
interés. Lo besé. Ante este Cristo, marcado de llagas y sangre, 
roto, medio deshecho y digo: «¿Qué le voy a pedir?» Pues yo 
tenía siempre una respuesta cuando me preguntaban qué 
quería ser de mayor. Yo decía, «cualquier cosa menos cura o 
fraile». 
Entonces, yo pensé que ya solo faltaba que me pidiera esto. 
Para prevenirlo, yo le voy a pedir otra cosa: «¡Si existes, dame 
una felicidad mayor!» Porque yo estaba bien, con mis estudios, 
el deporte, etc. ¡Le seguía mirando muy fijamente, muy serio!
Le dije: «Si existes, hazme feliz». Y esperé la respuesta. ¡Me 
dio tal alegría! Una alegría para mí desconocida, pero tan 
entusiasmante, que yo no podía aguantar tanta belleza y me 
dije: «Bueno, puede ser algo psicológico, algo sintomático». 
Pero me fue en aumento.
Quisiera ser como Tú
6. Poco después, al ver al Cristo destrozado le digo: «¿Qué te ha 
pasado?» No tenía figura, aspecto, era como un Cristo leproso, 
monstruoso, como si allí recobrara el movimiento de sus venas
y la vida, y hablaba como ser vivo. 
¿Qué te ha pasado? Y Él me respondió en mi corazón: «Has 
pasado tú». Y yo le dije: «Tienes razón, porque llevo 14 años y 
 
1 En un primer momento, Jaime está en su habitación y toma un Cristo ante 
el cual ora y experimenta su primer encuentro vivo y personal. 8
no te he dicho nada, ni palabra, y Tú 
me has dado esta vida. Si yo hubiera 
pasado un día sin saludar a mi padre 
y a mi madre hubiera sido un disgusto 
y llevo 14 años sin decirte nada. Te he 
destrozado, te he despreciado; como 
si hubiera pasado una apisonadora 
por encima». 
Entonces le dije: «Mi vida es tuya. Mi 
vida es tuya». Le añadí: «Quisiera ser 
como Tú; por Ti hacer lo que Tú has 
hecho por mí. ¡Quisiera quedarme 
leproso! Me voy a una leprosería, 
porque Tú has cargado con mi 
pecado, con mi lepra y yo quiero ser leproso por Ti y por mis 
hermanos… Quisiera darte la misma prueba de amor. Tengo 
que devolverte este Amor». Por eso, ¡claro!, mi primera ilusión 
fue: «Me voy a una leprosería. Y si me contagio de la lepra por 
ayudar a los hermanos, seré feliz».
¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?
7. Y bien decidido, sin pensarlo más, al momento, como estaba 
yo estudiando con los Hermanos de La Salle pregunté a uno de 
ellos: «Hermano, ¿usted me daría una geografía de 
leproserías?». «Sí, nosotros tenemos muchas y hay Hermanos 
en ellas, ¿te interesa?». «Sí, sí». Y cuando la leí, digo: «¡Qué 
cantidad de leprosos! ¡Dios mío!». 
Entonces, le dije (a Jesús): «Yo quiero quedar como Tú. Tú has
cargado con mi maldición, yo quiero cargar con la maldición de 
los otros, pues, Tú estás en ellos y dándome a ellos, me doy a 
Ti». El crucifijo me remitía a una leprosería, y ser leproso, con 
la ilusión de ser leproso por ellos2
.
 
2 Jaime estuvo en una leprosería por primera vez en Manila, Filipinas, en el 
año 1981. Después del viaje comentó: “Yo nunca había visto aquello. Muchos 
años después, pude verlos en persona al vivo. Cuando asistí a una de
aquellas leproserías de cinco mil hombres sin aspecto ni figura,
abandonados, ¡leprosos!, que me recordaban mi primera experiencia cuando
me encontré con el Crucifijo muerto por mí”. 9
Me dio la impresión de que se me 
cayera encima. Lo vi muy abandonado, 
enfermo, postrado sobre mí para 
tomarme, al mismo tiempo que me 
decía, con gran confianza: «En tus 
manos está mi destino…»3
.
«¿Cómo pagaré yo a Dios todo el bien 
que me ha hecho?”» (Sal 116,12). Fue 
lo primero que se me ocurrió a mí decir 
a los catorce años: «¿Puedo yo pagar 
tanto bien, tanto perdón, tanto amor de 
Dios? Me ilusiona quedar como Tú en 
la cruz, sin figura. ¡Me encantaría! Te lo quiero pagar. ¡Te lo 
quiero pagar!».
Antiguos amigos
8. Después tocaron para ir a la Capilla4
, y al ver el Sagrario, aqu