domingo, 22 de marzo de 2026
Experiencia Misionera
EL PREGÓN DEL EVANGELIZADOR (Jaime Bonet).
POR QUÉ QUIERO EVANGELIZAR.
¿Por qué quiero evangelizar, anunciar la Buena Nueva del Reino, dedicarme a la propagación de la FE hasta los confines de la tierra?
¿Por qué quiero predicar el Evangelio de Jesús de Nazareth, consagrar toda mi vida a la oración y ministerio de la Palabra? ¿Por qué, para qué la Evangelización?
Porque quiero colaborar con toda mi mente, corazón y fuerzas y de la forma más eficaz a la Redención y liberación de todos los hombres.
Quiero que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Que todos puedan verse libres de toda esclavitud.
Porque quiero comunicar esta "buena noticia a los pobres, anunciar la libertad a los cautivos y dar la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61,1-2). "
Para hacer que los cojos anden, los leprosos queden limpios, los sordos oigan y los muertos resuciten" (Mt 11,5).
Porque ansío cambiar el odio en amor, la tristeza en gozo, la angustia y desesperación en optimismo y esperanza, la enfermedad y muerte en vida y resurrección.
Porque anhelo ver amanecer una luz radiante en tantos rostros sombríos, en tantas vidas apagadas, en tantos corazones lúgubres, en tantos pueblos que yacen en las tinieblas y sombras de muerte.
Porque me apremia poner en movimiento a tantas vidas paralizadas, sin rumbo ni sentido, ni ansias de vivir; aburridas y aletargadas, entre dudas y sospechas, incertidumbres e indecisiones, vacíos y complejos, que las quiebran y atrofian para siempre.
Porque añoro calor de hogar en tantas familias, en las que acampa más bien un aire frío de cementerio, casi sin el rescoldo del amor e intimidad, del afecto y cariño, de la espontaneidad y alegría fecunda y creadora.
Me interesa y fascina anunciar la Buena Nueva del Reino, Reino de paz y justicia, Reino de Vida y Amor, para atajar la guerra sin tregua de las distintas naciones y razas, de un continente contra otro, entre las distintas naciones y razas, y detener la lucha fratricida de los hermanos entre sí y de los hijos contra los padres.
Me urge hacer llegar el Evangelio hasta los confines de la tierra para romper las cadenas de tantos esclavos, levantar las losas que aplastan a tantos oprimidos, desatar las vendas que bloquean y eclipsan la mente de tantos desnutridos de pan, de cultura y de fe.
Quiero correr a desatar la soga de millones y millones de jóvenes que, en una desesperación como contagiosa, se alienan en busca de un suicidio colectivo.
Quiero inyectar vida con mi sangre propia, a los que en este como delirio renuncian a vivir y se sepultan en vida. Y a todos con la voz potente del Evangelio gritarles: "Joven, levántate".
No puedo cesar de proclamar la Buena Nueva de liberación, para salvar a los millones de niños cuyas vidas veo romper y desintegrar apenas abren los ojos a la luz, o en el seno mismo de sus madres.
Quisiera impedir la igualmente certísima desesperación y soledad de infierno de las mismas madres inconscientes ahora, de la monstruosidad de su pecado.
Quisiera también evitar la denigrante despreciación a nivel de estorbo y basura con que muchos hijos apartan y marginan el amor entrañable de sus propios padres y abuelos. Y devolver el gozo y la alegría a los que se sienten abandonados y como malditos por sus propios hijos.
Me inquieta y empuja el deseo de que brille el Evangelio sobre la situación crítica de tantas vidas confusas y desconcertadas, sin ningún rayo de luz que cruce su horizonte.
El riesgo mortal de sus pasos inciertos y temerarios, sin ideal que les rija, sólo a merced de una sociedad amorfa y sin espíritu, que les hace tambalear y despeñarse en el vacío de su inanición, sin camino, sin entender el por qué y el cómo de su existir, de su nacer y morir.
Me interesa llegar con el alba, al niño en su mismo germen de vida, en el propio seno materno, para protegerlo y abrigarlo con el calor que requiere y con que el Evangelio lo cuida y dignifica. Al que anhelo ver renacer y ofrecerle el caudal de gracia correspondiente a su dignidad de sacerdote, profeta y rey y que Jesús le adquirió con su sangre. Toda la riqueza del Reino, Bienaventuranzas, que a todos promete y llama.
Me preocupa y ocupa, su normal crecimiento y desarrollo, su educación y perfeccionamiento en el clima propio del amor, imprescindible para su adecuada gestación y nacimiento.
Para que sea conforme y no deforme, para que nazca hombre y no monstruo y que se exprese como normal y no subnormal o anormal. Para que no muera en el frío de la orfandad y del abandono en vida de sus mismos padres y pueda sentir su caricia suave y caliente de ellos sin que le asfixien y estrangulen.
Que desde el primer momento de su existencia encuentre el ambiente caldeado y no quede entumecido en puro feto al fallarle el calor de hogar, clima único que permite el crecimiento y desarrollo propio del hombre formalmente considerado.
Que el niño pueda abrir y desplegar más y más su vida como semilla lozana, sin contratiempos, que la tronchen. Que desarrolle y dilate en plenitud su capacidad afectiva y creadora de darse, de comunicarse y sonreír, en un diálogo de cariño y amor recíproco y mutuo con todos.
Me interesa desplegar la panorámica de la Buena Nueva ante la mirada expectante del adolescente, en la aurora de su vida, cuando va en busca de luz y de verdad, como el empuje y timidez de un paisaje que se asoma, pidiendo los destellos y el calor del sol. Es como un puñado de semillas que se abre a sementeras sin límites ni horizontes.
Nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra: "orationi el ministerio verbi instantes"(Hechos 6,4 ).
jueves, 19 de marzo de 2026
ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO JAIME BONET
Jaime Bonet fue un fuego que arde, que quema y que rápidamente se esparce. Contagiaba naturalmente el fuego que llevaba por dentro, despertando en aquellos que le escuchaban el deseo de entrar en el corazón ardiente de Dios. Podríamos describir a Jaime como la "Zarza Ardiendo" que atrajo a Moisés, en el libro del éxodo, capítulo 3:
¿Cómo es posible que en medio del desierto una zarza ardíera sin consumirse? Era tal el atractivo de este acontecimiento, que el entonces futuro líder del pueblo de Israel se acercó tanto, que pudo escuchar la voz de Dios.
Fue un hombre muy sencillo, pedía ser llamado simplemente "Jaime" . Era como esa zarza que a ojos humanos podría parecer un arbusto espinoso, pero su relación tan íntima con Dios que empezó a sus 14 años, le consumía por dentro, como ese fuego aprisionado en los huesos que no se podía Apagar,
como bien lo describe el profeta Jeremías
(cf Jr. 20, 9).
Él veía en cada persona aún Moisés en búsqueda, donde otros verían un pecador, él encontraba a un futuro líder para guiar al pueblo de Dios. Por lo tanto, su urgencia misionera y su capacidad para confiar en los demás, le hizo rodearse de líderes, personas de todas las edades razas y culturas que captaron la urgencia de Dios a través de ese mismo fuego seductor recibido por el contacto con la palabra y el deseo de predicarla. Y así fue Cómo creció rápidamente el Verbum Dei obra que Dios puso en sus manos.
Como fuego que era, en ocasiones llegó a parecer impetuoso e impulsivo, pero la sed por llevar el amor del padre a todos sus hijos, lo consumía por dentro :"Me apasiona brindar el evangelio vivo, crudo, al natural, a esos grupos de juventud inquieta y rebelde, insatisfecha e conformista, que protesta y se encara, con todo, paraque pueda empuñar la espada de la verdad."
¿Cuál es el secreto de este fuego que le devoraba y le daba esa urgencia misionera constante?
El mismo Jaime lo Explica en una de sus cartas escritas en 1995:
"La mirada afectiva y efectiva de la Trinidad, más allá de toda intuición humana, se concentra en nosotros como toda luz y calor del Sol en un pequeño espejo, sin velos ni interferencias, ni disimulo alguno, en sincera y efectiva pobreza, castidad y obediencia "arde en nuestro corazón y prende en nuestros huesos".
Es el fuego que vino a prender Cristo como llama devoradora, hambrienta de abrazar y abrasar la tierra.Es la hoguera de amor que ansía y necesita nuestra afectividad para nutrir y conformar en Cristo nuestra vocación y misión.
Es el Hogar que cada uno de nosotros está llamado a engendrar, transformar y multiplicar.
Es la razón y el fruto propio, normal, diario, de nuestra oración transformante y generadora de vida. " Jaime Bonet.
sábado, 14 de marzo de 2026
FORMACIÓN SOBRE LA RESURRECCIÓN
FORMACIÓN SOBRE LA RESURRECCIÓN
Todavía estamos en tiempo pascual y creo muy oportuno poder seguir reflexionando sobre este Misterio Pascual ya que es el centro de nuestra existencia, el que da sentido a nuestro vivir. Me parece muy pedagógico el camino que La Iglesia nos hace hacer a los cristianos. Cuarenta días antes y cincuenta después...y no nos sobra nada para poder captar la hondura de lo que es y de lo que afecta a nuestra vida concreta.
No sé si voy a decir algo nuevo, pero sí me gustaría poder recordar algunas cosas que son esenciales para nosotros, ya que recordar significa pasar otra vez por el corazón, y de esto se trata que nuestro corazón arda como recordaban los dos discípulos de EMAÚS.
Nosotros, cada Domingo después de escuchar la homilía, de pie recitamos nuestra Profesión de Fe y en ella decimos, Creo en Jesucristo que fue muerto y al tercer día Resucitó. A veces lo pasamos tan rápido y tan resabido que nos pasa por alto qué es lo que en realidad decimos. Es decir que profesamos que Jesús, el que colgaron de una cruz, está Vivo. Es El viviente, está en medio de nosotros, porque si esto no fuera verdad como nos dice S. Pablo en su primera carta a los Corintios en el capítulo 15, seríamos los más desgraciados de este mundo.
1.-Dos Formas de resucitar
No nos resulta fácil captar bien lo que es La Resurrección, por eso me gustaría pararme un poco ahí.
Nos conviene anticipar aquí una observación si queremos entender la resurrección de Jesús. Porque esta palabra tiene dos significados muy diferentes y no entenderemos nada si no los distinguimos. Buena parte de los equívocos vienen de olvidar esta distinción.
Porque resucitar de entre los muertos tiene dos acepciones completamente distintivas y los hombres tendemos a entenderla siempre en la primera e inferior de ellas:
En el sentido que podríamos llamar terrestre. Resucitar sería simplemente volver a la misma vida que tenía antes, reanudar lo que la muerte interrumpió. En este sentido, El Resucitado no tiene una nueva vida, sino una segunda parte de la misma vida; siguiendo atado a la fugitividad, continúa siendo mortal. Esta fue la resurrección de Lázaro. Ésta parece ser la única resurrección a la que el hombre aspira.
Pero esta resurrección, aun siendo muy importante, no resuelve ninguno de los grandes problemas humanos. La muerte sigue siendo muerte, el hombre sigue encadenado al tiempo y a la fugacidad. Esa resurrección es, en realidad, más una suspensión o un retraso de los efectos de la muerte, que una verdadera resurrección. No es una victoria sobre la muerte, no es entrada a una vida plena y total.
Cuando hablamos de la Resurrección de Cristo hablamos de mucho más. Jesús, al resucitar, no da un paso atrás, sino un paso adelante. No es que regrese a la vida de antes, es que entra en la vida total. No cruza hacia atrás el umbral de la muerte, sino que da un vertiginoso salto hacia delante, penetra en la eternidad; no reingresa en el tiempo.
Jesús después de la resurrección, no vuelve a estar vivo, sino que se convierte el “El Viviente”, en el que ya no puede morir. No es que regrese por la puerta desde donde salió, es que se encuentra y descubre una nueva puerta por la que se escapa hacia las praderas eternas.
Su resurrección no aporta, pues, un trozo más a la vida humana. Descubre una nueva vida.
2.-Imágenes que nos pueden ayudar a la comprensión.
El ser superior entiende el paso superior. Imaginemos que podemos dialogar con el feto en el seno de la madre a punto de nacer. lo encontramos todo preocupado porque no sabe lo que le puede suceder. Él ahora se encuentra bien, está protegido, tiene alimento, no se tiene que preocupar para respirar...y en estas condiciones le dijéramos: mira ahora tu vas a pasar a un lugar........serás independiente, pues podrás comer, respirar por ti mismo.... Su respuesta sería, dejadme en paz aquí estoy bien y este mundo esta cualidad de vida que me cuentas yo no la conozco. Aquí yo estoy seguro... su respuesta es la misma que nosotros hacemos cuando nos hablan de esta nueva vida que el resucitado ha adquirido, una vida plena, una vida total que ya no está sometida a la muerte, que ya no puede morir, que ya no está sometida al factor tiempo y espacio, limites...Lo más que aspiramos es a una reanimación. Volver al mismo sitio con un poco más de comodidad que la que hemos tenido hasta ahora. Nos conformamos a lo que se nos presenta, no a los que nuestro corazón reclama.
3.-La Resurrección: verdad Cristiana y verdad Racional
Para esto, tenemos que saber conjugar el sentido histórico, (lo que pasó y como lo vivió la primera comunidad), y el sentido que tiene para nuestra vida concreta.
Muchos cristianos decimos creer en la resurrección de Jesús, pero esto no tiene en la practica ninguna consecuencia, todo continua igual en nuestras vidas. Celebramos con más fuerza los días de pasión que la vigilia Pascual. Parece que hemos de aprender de la muerte del Señor y poco o nada de la Resurrección.
La afirmación de que Jesús ha resucitado solo se hace pleno y tiene sentido cuando después de la afirmación, revoluciona nuestra vida personal y comunitaria, hay cambios concretos y reales como los hubo en los primeros apóstoles. El cambio que la resurrección produjo en ellos, no fue una ilusión, fue un hecho real , basado en otra hecho real: La nueva vida del Cristo vencedor de la muerte.
Por esto podemos concluir que una constatación de la resurrección como un simple hecho que nada significa para nosotros no seria una verdad cristiana. Pero también podemos decir que una afirmación de fe que no se basara sobre en la certeza de que esa resurrección es un hecho verdadero no seria una verdad racional. Son los dos extremos los que deben ser evitados: la afirmación de la resurrección como un hecho histórico gemelo a los demás hechos históricos, y la reducción de la fe en la resurrección a puro subjetivismo ajeno a toda historicidad.
4.-Cristo resucitado: El mismo y distinto
Hemos se señalado ya cómo la Resurrección no es simplemente vuelta a la vida.
Cuando se len los evangelios en los relatos de las apariciones una de las cosas que comprobamos es que el Cristo resucitado es el mismo y es distinto. Si de algún modo no fuera el mismo, no podríamos hablar de resurrección, porque no sería Jesús y no sería reconocido por los suyos, salvo como fruto de un engaño. Si de algún modo no fuera distinto, ante Jesús de Nazaret, pero no ante El Señor de la vida y de la muerte.
Es el mismo, los suyos lo reconocen. Dicen: es el Señor. Le distinguen por su acento, sus marcas, sus maneras, sus gestos. Se diría que los evangelios nos ofrecen todo un retrato de identidad.
Pero al mismo tiempo, encontramos en el resucitado algunas características muy nuevas. Jesús es ahora alguien fuera de este mundo, que no está envuelto por el cosmos, sino que el mismo que envuelve el cosmos
Por eso el resucitado es difícil de reconocer. Los testigos tienen ante él una impresión extraña, la de encontrarse con alguien a quien conocen, pero que es al mismo tiempo un intruso, una especie de pasajero clandestino, venido de otra realidad.
Parece que los evangelistas tuvieron una especial interés en señalar este doble filo de su existencia. Pudieron presentarlo según los clásicos mitos o categorías escatológicas típicas de los hebreos: dibujarlo regresando entre nubes con una corte de profetas. Pero le pintan como alguien que, al mismo tiempo, perteneciera a la historia y la superara; que posee una vida soberana y superior y que, cuando entra en nuestra historia, lo hace de manera discontinua , sin someterse al tiempo de esa historia.
Por eso los primeros cristianos insisten tanto en la unión entre muerte y resurrección. Esa y parece el centro del mensaje. Jesús muere hacia la resurrección. Y resucita desde su muerte. La resurrección de Jesús no es un volver a la vida de antes saltando sobre las muerte, es la confirmación, el desenlace de esta muerte aceptada.
5.-Si Jesús ha resucitado, nosotros también resucitaremos
Hay una imagen que nos ayuda ha entender la importancia de la resurrección de Jesús para nuestras vidas, es la del nacimiento. Cuando el niño nace y pasa la cabeza por el cuello del útero, hay una alegría porque ya esta garantizado el nacimiento. Donde pasa la cabeza, pasa el cuerpo.
Cristo es nuestra cabeza y todos nosotros formamos su cuerpo, o sea que si Él cabeza ha resucitado, todos nosotros también resucitaremos. La Cabeza ya esta del otro lado, con su resurrección Cristo como dice el Apocalipsis ha abierto una puerta que ya no se cerrará nunca. Su resurrección es garantía de nuestra resurrección. Por esto luchamos con esperanza, por esto ya para nosotros que aun estamos sometidos a la muerte, no tiene la última palabra. Por esto continuamos a pesar de que las circunstancias nos digan lo contrario, no bajamos los brazos aunque humanamente haya motivo de hacerlo. El nos trasmite su fuerza que nos anima a continuar.
6.- Resurrección: Meta y Camino
La resurrección de Jesús nos marca la meta hacia donde hemos de caminar, hacia donde todos queremos llegar. No estamos ni perdidos ni desorientado, estamos seguro que su Camino es el camino que queremos seguir, que su Vida es la vida que queremos vivir y que su Verdad es la que vence toda mentira. Esta es nuestra meta. Nuestro corazón reclama la resurrección, o mejor dicho, esta hecho para vivir como resucitado.
Pero al mismo tiempo es camino, vamos llegando paso-a-paso. Nuestra vida es un proceso de cristificación a la que no llegamos de una vez por todas, pero hacia la cual damos pasos concretos. Conquistamos cuotas de resurrección cada vez que muere nuestro hombre viejo y renace el hombre nuevo, y así poco a poco nos vamos haciendo hombres pascuales, personas resucitadas, comunidades pascuales. Esto es don y tarea, es el ya y el todavía no.
No es diciendo que creemos en la resurrección de Jesús que convenceremos a la gente, sino cuando vean en nosotros los frutos de la Resurrección: Paz, Gozo, Alegría, serenidad.....
Es una asignatura pendiente que tenemos delante de nuestro mundo, el mostrar por nuestras vidas que Jesús, El Cristo, esta vivo y porque esta vivo por su resurrección, nada de lo que vivimos, nada de lo que sufrimos se queda sin recompensa.
Nuestro Dios, no podía ser un Dios injusto, no podía dejar vencer la mentira ni la injusticia. Es verdad que no puede ni quiere manipular la libertad del hombre y liberar por su cuenta a su Hijo a pesar o contra la voluntad de los hombres. Resucitando a Jesús después de su muerte, respeta la libertad pero recompensa la fidelidad del Hijo dándole una vida plena donde la muerte ya no tiene poder y esta misma vida es la que quiere para todos nosotros sus hijos. La victoria ya esta dada falta solo merecerla por el mismo camino que la mereció Jesús.
CREDO DE LA RESURRECCIÓN
Porque Cristo resucitó y es el Hijo,
creemos en el Padre y en los hermanos.
Porque Cristo resucitó y es la Vida,
creemos en la vida y no en la muerte.
Porque Cristo resucitó y es la Luz
creemos en la luz y en la belleza.
Porque Cristo resucitó y es Palabra
creemos en el diálogo y no en el monólogo.
Porque Cristo resucitó y está en el camino,
creemos en el futuro y no en el miedo.
Porque Cristo resucitó y está en la mesa,
creemos en la amistad y no en el rechazo.
Porque Cristo resucitó y está en el pan,
creemos en la siembra y no en el hambre.
Porque Cristo resucitó y está en los pobres,
creemos en la justicia y no en la opresión.
Porque Cristo resucitó y está en la comunidad,
creemos en la unidad y no en la división.
Porque Cristo resucitó y es la paz,
creemos en la paz y no en la guerra.
Porque Cristo resucitó y está llagado,
creemos en el amor y no en el odio.
Porque Cristo resucitó y está en la orilla,
creemos en el que espera y no abandona.
Porque Cristo resucitó y está en la barca,
creemos en la debilidad y no en el poder.
Porque Cristo resucitó y se apareció primero a Magdalena,
creemos en la mujer explotada y no en el explotador.
Porque Cristo resucitó y se apareció a Pedro,
creemos en la Iglesia confiada a hombres pecadores.
Porque Cristo resucitó y se apareció a los Once,
creemos en la misión abierta a todos.
Porque Cristo resucitó y es perdón,
creemos en los que salvan y no condenan.
Porque Cristo resucitó y nos da su Espíritu,
creemos que somos hijos amados para siempre.
lunes, 9 de marzo de 2026
Semblanza El sembrador de la Palabra de Dios por todo el mundo
sábado, 7 de marzo de 2026
Cuaresma oración,limosna, ayuno
I Sesión PREPARA LA PALABRA
TALLER de ORACION
“Señor, enséñanos a orar”
(Lucas 11,1)
Sesión I. - Introducción (Dinamismo de la Palabra).
- Prepara la Palabra
Muchas veces no oramos porque nos falta encontrar el camino para entrar en la oración.
¿Cómo orar?...es la súplica de los discípulos de todos los tiempos, de los que trataron con el Jesús histórico y de nosotros. “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11, 1).
¿QUÉ SE NECESITA PARA ORAR? (Actitudes fundamentales)
Lo primero que se necesita para orar es querer.
Dios está siempre dispuesto. El que quiere busca y pone medios… actúa, le dedica tiempo, renuncia a otras cosas, etc.
“La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar… es necesario también aprender a orar.
La oración es la vida del corazón nuevo. Debe animarnos en todo momento”. (CEC 2650, 2697)
La fe viva es vital (Cf. Heb11,1·6)
La humildad (Cf. Lc18,9-14).
“Humildad es andar en la verdad completa.”
¿POR QUÉ ORAR? (Razones para orar)
Porque responde a nuestra identidad más profunda y, por tanto, es vital (Jn15, 5).
Porque somos invitados al diálogo por Dios mismo (G.S.19).
Porque en la oración encontramos la plenitud de nuestra vida.
“La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios.El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel Amor que lo creó” (Cf. Gaudium et Spes 19).
¿PARA QUÉ ORAR? (En todo mirar el fin)
Oramos para, gozar de los frutos del Espíritu (Gálata 5,22-23),
para actuar mejor,
para conocer la voluntad de Dios y tener la fuerza para realizarla, etc.
Principalmente oramos para ser santos (ser uno con Cristo).
El objetivo personal de la oración
es la identificación con Cristo: pensar, sentir, actuar y amar como y con El
El fin último de la oración cristiana es el Reino de Dios (objetivo comunitario),
que se manifiesta en la vida fraterna: un mundo de hermanos, hijos del mismo Padre (Dios).
¿QUÉ ES ORAR? (La amistad con Dios)
“Las diversas descripciones de la oración hablan de una relación entre Dios y el hombre.
Dios y el hombre son los primeros involucrados en la oración.
Diálogo, trato, experiencia, son las palabras para describir la oración…
Es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría.(Santa Teresa del niño Jesús)
Es tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama. (Santa Teresa de Jesús)
La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él.
“Nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti”.(San Agustín)
No es lo mismo rezar que orar (las dos cosas son importantes).
Al rezar repetimos oraciones hechas y establecidas.
Al orar expresamos, con espontaneidad y lenguaje propio, lo que profundamente sentimos y pensamos.
Lo primero que se precisa es hacer la opción de hablar con el Maestro.
Para ello, necesitamos elegir el lugar, la postura y el tiempo más adecuados.
No dejes la oración para el último momento del día, puesto que orar es un ejercicio que requiere que estés en plena forma, para que puedas invertir, en el trato con Dios, lo mejor de tu mente, corazón y fuerzas,
y así poco a poco puedas ir disfrutando de vivir el primer mandamiento (Deuteronomio 6,4)."Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor."
Lugar tranquilo, silencioso, para el recogimiento. En la q habitación, oratorio o capilla: ‘es el lugar propio de la oración’ (Cf. CEC 2691).
Puede ayudar el contacto con la naturaleza (siempre y cuando te lleve al encuentro y diálogo con Dios y al fruto sugerido en las pautas).
La postura que más ayude al recogimiento y que exprese lo que profundamente estamos orando (puede ser de rodillas, de pie, sentado, postrado, caminando, etc.).
También hay que tener en cuenta a los demás, que tu postura no los distraiga.
Es necesario señalar un tiempo determinado al día. Preferible en la mañana.
La eficacia de la oración depende en gran parte de la constancia y regularidad en su ejercicio.
Para adentrarnos en el camino de la oración, como en todo proceso de conocimiento interpersonal es útil el método de pregunta-respuesta, entablando el coloquio afectuoso a base de diálogo, cara a cara (Éxodo 33,11) paso a paso, caminando como viendo al Invisible.
Es lo que ofrece “el Dinamismo de la palabra ”, porque sin pretender dar un esquema rígido y mecánico, nos introduce en el arte de la conversación con un Dios, que existe, que está vivo. Aunque por nuestra falta de trato con Él, todavía no se nos hace familiar.
DINAMISMO DE LA PALABRAPrimera sesión
1. PREPARA LA PALABRA
1.1 Ponte en presencia de Dios.
1.2 Escucha las pautas, relee las Pautas y pide el fruto que deseas.
1.3 Ábrete a Él.
La preparación de la oración es la primera fase de la oración por la cual buscas el encuentro con Dios siguiendo tres pasos:
Ponte en presencia de Dios.
Esto significa hacer un acto de fe, de esperanza, de amor. Reaviva el deseo de verle, escucharle, hablarle, conocerle, servirle… es importante para la oración este primer paso porque orar es hablar con una persona.
1.2 Escucha las pautas, relee las Pautas y pide el fruto que deseas.
Escucha las pautas (o lee las pautas escritas). Al escuchar la predicación conviene escribir las ideas principales, las citas bíblicas y los argumentos empleados (ejemplos, citas de libros o autores, vivencias personales, etc.). Cuanto más interés muestras en la oración, más atención pones, puesto que Dios se sirve de instrumentos humanos para hacernos comprender y actualizar su mensaje.
¿Qué me has querido decir a través de las pautas?
¿Qué cita, o que pasaje de la Biblia quieres que dialogue contigo?
¿Qué es el tema, argumento, la verdad que necesito profundizar?
¿Cuál fruto tendría que sacar de este tiempo de dialogo?
¡Habla Señor, que tu siervo escucha!
Resultado de esta búsqueda es que Dios te va orientando hacia el fruto que desea. Puede ser, por ejemplo: fortalecer la fe, tener más decisión etc.
1.3 Ábrete a Él.
Incluye en tu oración siempre el tú a tú, él diálogo, el cara a cara, el hablar a solas largo rato con quien sabemos nos ama. Háblame, Señor. Dame un corazón para conocerte. Estoy abierto a Ti y a tu Palabra.