JESÚS VENCE AL TENTADOR
CON EL ARMA DE LA PALABRA
Introducción
Hay situaciones que no buscamos, pero que llegan a nuestra vida, especialmente cuando optamos por seguir a Jesús.
No siempre entendemos ciertos desiertos interiores; sin embargo, el Espíritu Santo es quien conduce nuestra historia y, a veces, nos guía precisamente hacia ese desierto donde no hay nada a qué agarrarse.
Así le sucedió a Jesús.
Movido por el Espíritu, fue llevado al desierto para ser tentado por el diablo. Ayunó cuarenta días con sus noches, y al final sintió hambre.
Jesús, siendo verdadero hombre como nosotros, experimentó la prueba.
El desierto no es solo un lugar físico, es una experiencia espiritual: el espacio donde se revela lo que hay en el corazón.
1. Primera tentación: Convertir las piedras en pan
“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mt 4,3).
Jesús tiene hambre.
El tentador no le propone algo aparentemente malo, sino usar su poder para satisfacer una necesidad legítima.
Jesús responde:
“Está escrito: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Podría haber hecho un milagro —como más tarde en la multiplicación de los panes—, pero entiende que lo esencial no es el pan material, sino la obediencia al Padre.
En Juan 6,26-27, Jesús dirá a la multitud:
“Me buscáis no porque habéis visto las señales, sino porque habéis comido pan hasta saciaros.
Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que permanece para vida eterna”.
La tentación consiste en debilitar nuestra unión con Dios reemplazando la oración por acciones que parecen más urgentes o importantes.
Cuando vivimos la misión en lugares pobres —donde falta pan, agua y dignidad— sentimos la urgencia de dar ayuda material. Y debemos hacerlo. Pero también descubrimos que existe otra hambre más profunda: hambre de sentido, de esperanza, de Dios.
Podemos caer en la tentación de dar solo pan material y olvidar el Pan de la Palabra.
Jesús nos enseña el camino: vencer escuchando la voz del Padre.
➡️ ¿Estoy buscando soluciones rápidas que me alejan de la confianza en Dios?
➡️ ¿Alimento mi vida con la Palabra o la reemplazo por activismo?
2. Segunda tentación: Poner a prueba a Dios
El diablo lleva a Jesús al pináculo del templo y le dice:
“Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles dará órdenes sobre ti”.
Aquí el tentador utiliza la misma arma que Jesús: la Palabra de Dios, pero mal interpretada.
Jesús responde:
“También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios”.
Esta es la tentación del espectáculo, del éxito visible, de la aprobación.
Es querer que Dios actúe según nuestros términos.
Es reducir el poder de Dios a nuestro propio poder.
Es buscar puestos altos, reconocimiento, fama, aplauso.
Pero el camino del Evangelio es otro: sencillez, humildad, servicio y entrega gratuita.
El diablo propone gloria sin cruz.
Jesús elige obediencia antes que éxito.
➡️ ¿Busco hacer la voluntad de Dios o busco reconocimiento?
➡️ ¿Uso la fe para servir o para que Dios respalde mis planes?
3. Tercera tentación: El poder y la idolatría
De nuevo el diablo lo lleva a una montaña altísima y le muestra todos los reinos del mundo:
“Todo esto te daré, si postrado me adoras”.
Jesús responde con firmeza:
“Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”.
Aquí aparece la tentación más profunda: el poder, las riquezas, el dominio.
Jesús mismo enseñará en Mateo 6,24:
“Nadie puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y al dinero”.
Podemos caer en la tentación de rendir culto al dinero, al éxito, al prestigio.
Pretender agradar a Dios y al mundo al mismo tiempo.
Pero el corazón no puede dividirse.
➡️ ¿Qué estoy poniendo en el lugar de Dios?
➡️ ¿Qué estaría dispuesto a sacrificar para alcanzar éxito o seguridad?
El desierto hoy
Decía el Papa Francisco no es solo un lugar físico, sino una realidad existencial donde uno se enfrenta a sus propias seducciones.
El desierto es:
Silencio
Escucha
Combate interior
Decisión
Hoy las tentaciones se presentan de manera sutil:
El apego a las cosas — el consumismo promete felicidad.
La desconfianza — querer que Dios actúe cuando yo lo decido.
El ansia de poder — buscar gloria sin servicio.
El mundo tiene hambre de pan, pero también hambre de Dios.
¿Cómo vencer la tentación?
Jesús nos da la clave:
1. No dialogar con la tentación
Jesús no negocia con el diablo.
Responde únicamente con la Palabra.
2. Dialogar con Dios
La Escritura es nuestra arma.
No es teoría: es alimento.
3. Elegir la adoración verdadera
Solo Dios merece el centro del corazón.
Contemplemos a Jesús en el desierto.
Señor Jesús,
enséñanos a no dialogar con la tentación,
a alimentarnos de tu Palabra,
a no buscar gloria sin cruz,
a no poner a prueba tu fidelidad.
Danos un corazón libre del consumismo,
de la vanidad y del poder.
Que aprendamos en el desierto
a elegir siempre al Padre.
Pidamos a la Virgen María,
que supo vivir en humildad y fidelidad,
que nos ayude a abrazar la verdad que libera.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario