sábado, 21 de febrero de 2026

DIOS SIGUE LLAMANDO A REALIZAR SU MISMA MISIÓN


Hoy el Señor sigue llamando, aunque muchos no lo saben porque no lo conocen, como le sucedió al joven Samuel, que estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios,cerca de allí estaba la habitación donde dormía el profeta Elí,Samuel corrió adonde estaba y le dijo:

«Aquí estoy, porque me has llamado».

Elí respondió: «No te he llamado. Vuelve a acostarte» (1 Sam 3, 1-10.19-20).

Y en realidad no era Elí quien lo llamaba, sino el Señor, Dios siempre llama, muchas veces, pero necesitamos discernir su llamada,  para no buscar en las personas lo que solo viene de Él.

«Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al joven, y dijo a Samuel: “Ve a acostarte, y si te llama de nuevo, di: ‘Habla, Señor, que tu siervo escucha’”».

Y así lo hizo Samuel, respondiendo personalmente a la llamada que Dios le hacía.

Estamos llamados a ser como Elí: indicadores del camino, ayudando a las personas, acompañándolas en la fe, para que puedan escuchar personalmente la llamada de Dios y responderle a Él.

Quien llama es Dios, no nosotros, los hombres.

Para escuchar su llamada necesitamos ponernos en actitud de escucha, para hacer su voluntad, y poder orar

 sencillamente como el salmista: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo esperaba con ansia al Señor; Él se inclinó y escuchó mi voz. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Me abriste el oído; entonces yo digo: “Aquí estoy” para hacer tu voluntad».

Llamada a una misión

Jesús nos llama personalmente y nos enseña a realizar su misma misión.

«En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés» (Mc 1, 29-31).

Me imagino a Jesús predicando en la sinagoga, enseñando a aquellos que había llamado, pero en esta escuela de oración faltaban dos discípulos: los hermanos Simón y Andrés. Entiendo, Señor, que para ti somos muy importantes; y si las personas no vienen a tus enseñanzas, tú sales en su búsqueda y realizas la misión en su casa.

Qué sentimientos los tuyos Jesús: te interesas por todo lo que vivimos. 

En este caso, la suegra de Simón estaba en cama con fiebre. Cuando entraste en la casa de Pedro, qué alegría debió sentir estos hermanos al recibir a tan buen huésped que  Inmediatamente te hablaron de ella, y tú te acercaste, la tomaste de la mano.

¡Ojalá tú, Señor, entres también en nuestra casa y cures las fiebres de nuestros pecados! 

Porque todos tenemos fiebre.

Tengo fiebre cuando me dejo llevar por la ira , el resentimiento, el orgullo,el egoísmo,la indiferencia . 

Existen tantas fiebres como vicios. 

Te pedimos por nuestros familiares y amigos que tienen una fiebre muy alta, y solo tú, Jesús, cuando nos tomas de la mano, haces que la fiebre huya al instante.

Estas enfermedades no podemos curarlas por nosotros mismos; por eso tú vienes a nuestra casa, como viniste a la casa de Simón y de Andrés.

«Y la levantó, cogiéndola de la mano».

Como médico, le tomó el pulso y comprobó la magnitud de la fiebre. Él mismo, que es médico y medicina al mismo tiempo.

 Jesús la toca, se le pasa la fiebre y se pone a servirles.

No basta  que la fiebre desaparezca: una ves está sana por Jesús , se levanta para el servicio de Cristo. 

«Y se puso a servirles». Cuando nos ponemos a tu servicio es señal de que estamos bien de salud espiritual, y este servicio es la misión.

Tú nos enseñas con tu vida que realizar la misión nos cura de todas las enfermedades, a través de tu Palabra, que nos pone en actitud de servicio.

Ayúdanos, Jesús, a servirte desde tu misma misión.

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