domingo, 22 de febrero de 2026

EL ARMA DE LA PALABRA


JESÚS VENCE AL TENTADOR

CON EL ARMA DE LA PALABRA

“En aquel tiempo, el Espíritu condujo a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre.”

ESCUCHA DE LA PALABRA

Hay situaciones que no buscamos, sino que nos vienen. Y cuando uno opta por seguirte, el Espíritu Santo es quien va conduciendo nuestra vida; es Él quien nos conduce a una experiencia de desierto, donde no hay nada a qué agarrarse, y donde se llega a sentir hambre como hombre.

Cuántas situaciones de hambre habrás visto personas a las que les faltaba el pan material; la pobreza en tu tiempo también era fuertísima. 

Y no sé si por tu cabeza pensaste: “Les doy pan a toda esta gente, me dedico a que tengan al menos comida”.

Tú Jesús en el desierto sientes hambre, como cualquier ser humano .

Y experimentas  la tentación:

1. “Convierte estas piedras en pan.”

Cuanta gente en el mundo siente hambre por falta de pan,

Pero hay hambre de pan,porque hay hambre del pan de la Palabra de Dios  .

El carisma que Tú nos has dado es Dedicarnos a dar el pan de la palabra,porque estamos seguros que el hambre de Dios es más fuerte que el hambre del Pan  material y que muy pronto el que tiene reparte porque está saciado del pan del Amor ,sin embargo  es una tentación muy fuerte para el misioner@, sobre todo cuando vivimos la misión en lugares muy pobres: dedicarnos a dar el pan material y dejar de dar el pan de la Palabra.

Porque así como en la multiplicación de los panes  muchos te buscaban por el pan material  en  tus enseñanzas  nos dices :

“Me buscáis no porque habéis visto las señales, sino porque habéis comido pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que permanece para vida eterna”.Juan 6,26-27, 

Nos alimentamos de este pan de Vida eterna atraves de la escucha de la Palabra .

Tú vences esta primera tentación escuchando la voz del Padre:

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Este es nuestro motor: vivir de la Palabra de Dios. Porque el hombre necesita esperanza, necesita un porqué para vivir. Necesita el pan del amor.

Y nosotros, Verbum Dei, estamos llamados a dar el pan de la Palabra.

 Por eso podemos caer en la primera tentación, que consiste en:

Debilitar la unión contigo, reemplazando la oración por otras acciones que nos parecen más importantes.

Debilitar el convencimiento y el enamoramiento.

Pero Tú nos das el arma de las Escrituras para vivir de lo que la Palabra de Dios nos dice y alimentarnos de ella.

Tengo claro esto Jesús La gente tiene hambre de pan porque hay sed y hambre de Dios, más que de pan. Y está es la tarea que nos encomiendas como discípulos de la Palabra dedicarnos a escucharte, a asimilar el pan de la Palabra hasta hacerla vida,y anunciarla .

Gracias porque me ayudas a estar convencida de lo esencial.

El mundo se muere de hambre de pan porque hay hambre de Dios. El mundo rechaza el pan de la Palabra porque lo desconoce, y nosotros, discípulos tuyos estamos llamados a darlo a conocer.

Dame la gracia de aprender a alimentarme de la Palabra.

2) “Tírate de este monte… No tentarás al Señor tu Dios”

Hay tentaciones que nos vienen por la misma Palabra mal interpretada.

Sobre el ministerio de la Palabra, podríamos reducir el poder de Dios a nuestro poder humano y reclamar: “¿Por qué esta gente no se convierte?”.

Hemos de creer que Tú mismo nos vas diciendo lo que hemos de anunciar y cómo lo hemos de anunciar.

Hemos de creer que el camino no son las alturas para que la gente nos aplauda, nos alabe y nos rinda culto, sino que el ministerio de la Palabra va por caminos de sencillez, de humildad, y desde la situación en la que Tú mismo nos pongas.

3) “Solo a Dios adorarás”

En nosotros puede aparecer la tentación de las mezclas, cuando Tú nos pides un corazón solo para ti ,siendo tu nuestro único Amor  fuente de Vida y no tener en nuestro corazón dos señores.

Pretender agradar a Dios y al mundo.

No venderme a ningún afecto humano, sino poner todo mi afecto, todo mi amor, en Ti.



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