Es el momento, más crítico, y que a veces no queremos vivirlo, pero es un paso de conocernos a nosotros mismos, como Dios nos conoce.
Es reconocer que no vivimos lo que entendemos de la Palabra .
Continuamos con el diálogo:
Si deseo hacer el bien ¿Por qué no lo hago?
Jesús, recuesto mi cabeza sobre tu pecho, para sentir el gran amor que tú sientes por mí, quiero escuchar los latidos de tu corazón y sentir que a veces no soy lo buena que quisiera y que no sé corresponder al gran amor que tú me tienes.
Jesús: ¿Por qué?
Me falta la fe para creer en tu Palabra, en todo lo que me dices, que me conoces, que me has dado capacidades para amar a todos, no abro mi corazón para acoger tu Palabra.
Jesús:
¿A quién no puedes acoger?
Discierne lo que has de cambiar:
Jesús:
Sabes, que aunque tú no me veías, ni me conocías, yo estaba a tu lado como hoy, amándote, tanto te he amado que vales el precio de mi sangre, he entregado mi vida, para que tengas vida y vida en abundancia.
Jesús dime ¿cómo volver a ti? ¿Cómo valorar mi vida, como tú la valoras?
Jesús:
Yo mismo te enseñaré a creer en mi Padre, a valorar tu vida, y hacer de ti una persona dócil a mi Palabra y serás lo que mi Padre sueña contigo, profeta de las naciones.
Decídete por su Palabra
Lo que tú me pides Señor, coincide con lo que yo profundamente deseo y me haces feliz, me haces más amiga tuya, y sobre todo me acompañas y me enseñas, cómo vivir tu Palabra, me dispongo a querer a amar a todas las personas sobre todo a las que me rodean y me son difícil de aceptar .
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