jueves, 29 de enero de 2026

ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL 😇El sembrador

 
ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
Mi Sembrador

Tengo que agradecer a mi Sembrador y Acompañante espiritual, Jesús de Nazaret, quien a lo largo de toda mi vida ha ido sembrando en mí la semilla de la vida eterna.
Esa semilla que, desde el bautismo, fue depositada en mi corazón y que se ha ido desarrollando a través de las distintas etapas de mi historia.

El Espíritu Santo ha trabajado pacientemente la tierra cada día, empapándola con una lluvia suave y constante que ha penetrado hasta lo más profundo de mi interior. 
Así, la semilla fue creciendo poco a poco, hasta comenzar a dar su fruto.

Doy gracias también porque, a través de mi fundador, sembraste en mí la semilla de la Palabra, que desde hace 42 años se ha ido expandiendo en mi corazón.
 Fuiste muy creativo, Señor, al sembrar en mí la semilla de mi vocación.

Tenía apenas 18 años cuando escuché por primera vez a mi fundador, durante una visita a las misioneras en el barrio El Salvador, en Medellín.
 Recuerdo aquella casa con un patio grande, llena de jóvenes.
 Allí, Jaime esparció la semilla, despertando en mí el deseo profundo de predicar la Palabra por el mundo entero. 

Sentí una sana envidia: quería ser como ese sembrador enamorado de Cristo.
Fue la segunda llamada que experimenté de parte de mi Sembrador: ser sembradora de vida por todo el mundo.

El proceso de la semilla
Parte de esta semilla cayó en el camino de mis años juveniles: tiempos locos, inestables y superficiales. Tenía muchos deseos de hacer cosas, pero no comprendía lo que sucedía dentro de mi corazón. Vivía cambios constantes, como el clima: sol, lluvia, frío y calor.
En ese momento, la semilla fue arrancada de mi corazón. Me decía a mí misma: “Esto no es para mí”. Las aves del mundo se la llevaron: personas mayores que me decían que esas ideas no tenían nada que ver con mi vida, que debía pensar en mí, disfrutar, tener un enamorado, soñar con casarme.
Así, la semilla fue arrancada durante mi juventud.
Pero mi Sembrador no se rindió.
La semilla volvió a ser sembrada, y esta vez cayó en pedregal, como se llamaba mi barrio, donde viví mi infancia y parte de mi adolescencia. 


Allí volvió a brotar con alegría. En una convivencia escuché nuevamente la llamada de Dios: “Serás luz del mundo”.
 Yo respondí que sí, que quería cambiar el mundo, aunque mi vida fuera pequeña.
Sin embargo, mi poca perseverancia y la falta de raíces profundas hicieron que, ante las dificultades, la semilla se secara. Dejé la oración, que era lo que daba profundidad a mi vida.

Entre espinos

Más adelante, el Sembrador volvió a sembrar, y esta vez la semilla cayó entre espinos.
 Fue una etapa marcada por el dolor: a mi cuñado, esposo de mi hermana mayor, le dispararon durante un robo. 
Yo vivía con ella y, en medio del miedo y la angustia, me alejé de la comunidad.
Esa noche le hice una promesa a Dios: “Si mi cuñado muere, perderé la fe y no seré misionera”. En el fondo, intuía que había una llamada, pero estaba herida. Me quedé orando, acompañada por una vecina de 14 años que llegó con una vela encendida, y por mis sobrinos, que siendo niños quisieron orar conmigo.
A medianoche, mi hermana me llamó diciendo que a Héctor ya le habían dado los santos óleos y que preparáramos la casa para el funeral. Repetí con más fuerza mi promesa.
Milagro inesperado
 Pero al día siguiente, al mediodía, mi hermana llegó feliz: Héctor se había recuperado y le darían de alta. 
Fue un verdadero milagro.
Era diciembre. 
En enero se realizarían unos ejercicios espirituales para las misioneras y, después, para jóvenes. 
Yo ya estaba más metida en las cosas del mundo.
 El 31 de diciembre me comprometí con un chico y decidí: “Entre Dios y el mundo, elijo el mundo”.
Mi hermana, al verme triste, me animó a ir a esos ejercicios. Yo me resistía, pero insistieron: ella, una misionera .
 Fui sin saber que eran ejercicios vocacionales.
Durante esos días, mi fundador me habló como si supiera que tenía vocación. 
Me preguntó qué quería estudiar y me dijo: “Podrías estudiar teología”. 
Me pidió que compartiera con una misionera las luces que recibía en la oración.
La semilla volvió a ser sembrada.
Y esta vez, la tierra estaba preparada.

Tierra buena

Durante esos meses, mi Sembrador regaba la semilla cada noche en una capilla cercana a casa. Yo compartía con mis amigas lo enamorada que estaba de Jesús. 
Tanto así que un día la abuela de una amiga gritó desde su habitación:
—¡Aquí no se viene a hablar de hombres!
Yo le expliqué que hablaba de Jesús de Nazaret. Ella sonrió, señaló el crucifijo y me dijo:
—Si es de ese, puedes hablar todos los días.
Un día, en la oración, escuché la Palabra:
“Abrahán, sal de tu tierra”.
Y comprendí que Dios me pedía lo mismo.
Tomé la decisión de salir de casa. Mi hermana se asustó, pensó que me pasaba algo o que me iba con algún chico. 
Yo solo lloraba y le decía: 
“Son cosas de Dios, yo tampoco lo entiendo”. 
Recogí mis maletas y llegué a una convivencia sin saber a dónde ir ni qué hacer.
Dios me mostró que debía pasar un mes en casa de cada hermana, para desapegar mi corazón.
 Así lo hice, hasta llegar al día de mis Ejercicios Espirituales, el mes de  junio de 1983, nuevamente guiados por mi fundador.
El día libre, “libre pero con Jesús”, me quedé con Él todo el día. No desayuné, no almorcé, no merendé. Estaba profundamente feliz. 
Una misionera me buscó preocupada; al escucharme, me explicó la importancia de avisar, porque ya pensaban en mí como parte de la comunidad.
Cuando me dijo: “Después de los ejercicios entrarías a la comunidad el 19 de Julio ”, mi alegría fue inmensa.
Al  terminar los ejercicios , le dije a mi hermana:
—Me voy de misionera.
Ella respondió con naturalidad:
—Yo ya lo sabía.
Y despidiendome  de todos el día 19 de Julio entramos 20 jóvenes y nos fuimos a vivir a una finca en Prado.
La semilla había germinado.
Había caído, por fin, en tierra buena. 

Hoy Jesús me has ayudado mucho con la parábola del sembrador. 
Poder hacer memoria del pasado recogiendolo en el presente actual desde las distintas etapas de la semilla que Tu mi sembrador sembraste en mi y como esa semilla fue madurando hasta dar fruto. 
Como recuerdo esta canción la semilla que ahora da gracias al sembrador.
 Ayer planté una semilla, bien regada la dejé. 
Tal vez estará llorando por lo mal que la traté.
Tal vez estará diciendo:
“Me muero en la oscuridad.
Si yo he nacido a la vida,
¿Por que me habrán de enterrar? ¿Por qué andar en discusiones, si ahora no puede entender?.
Mañana, cuando sea un árbol,me lo sabrá agradecer.
 La espera a veces es larga,Y Larga la oscuridad,hasta creemos a veces que sólo habrá oscuridad. Tal vez entonces comprenda que por su bien la enterré.
Que hay siempre una oscura noche para cada amanecer, La vida es un largo surco que hizo la mano de Dios. 
Semillita sepultada,buscando la luz del!sol .
Y Hoy El sembrador de mi vida ha cuidado la semilla .
Han pasado 42 años y ha crecido de Maravilla.
 Gracias a mi sembrador que tuvo compasion y con paciencia sembraba aunque aun no germinaba.
Hasta que llegó el momento de la espera y por fín brotó la semilla y era en tierra buena ,las manos del sembrador, siempre regó la semilla con su santa bendición Amén .LevJEP









miércoles, 28 de enero de 2026

Cosechar Amor Cuenca Ecuador

Fecha: 30 ene. 2020
 Asunto: Cosechar Amor 
Hoy quiero terminar el dia dandote muchas gracias por experimentar tanto amor recibido y tomar conciencia de todo lo que estoy recibiendo,es un don el poder hablar contigo y con la cercanía que me hablas ,me gusta mucho la visión tan positiva que tienes de mi, hoy Jesús quiero escribir las palabras que escuché que se que vienen de ti cuando compartia mi oración. Soy una persona contemplativa y que en mi oración se nota mucho que amo a Dios que estoy enamorada de ti, esto me ha dado mucha alegría poderlo escuchar,porque la verdad Jesús deseo amarte y deseo darte lo mejor de mi, no recervarme nada sino darme del todo y ofrecer toda la herencia espiritual que me das. Gracias Jesús estoy muy contenta y también me ha dado mucha alegria cuando acompañaba la oración a esta misionera donde la veia muy amada por ti y como tu le estas dando también mucho.y como tú mamá, la estas ayudando ,la poesía tan bonita que hizo haciendo memoria de su vocación que bonito Jesús que bieno que tengas a todas las misioneras tus complacencias la verdad no me da celos al contrario me alegro porque tu tienes para repartirnos a todas en totalidad. Madre buena gracias por que tu estas ahi calladita disfrutando de mi relación con Jesús. Madre gracias por tu si. Hoy Jesús me has ayudado mucho con la parábola del sembrador. Poder hacer memoria del pasado recogiendolo en el presente actual desde las distintas etapas de la semilla que Tu mi sembrador sembraste en mi y como esa semilla fue madurando hasta dar fruto. Como recuerdo esta canción la semilla que ahora da gracias al sembrador. Ayer planté una semilla, bien regada la dejé. Tal vez estará llorando por lo mal que la traté.Tal vez estará diciendo:“Me muero en la oscuridad.Si yo he nacido a la vida,¿Por que me habrán de enterrar? ¿Por qué andar en discusiones, si ahora no puede entender?.Mañana, cuando sea un árbol,me lo sabrá agradecer. La espera a veces es larga,Y Larga la oscuridad.hasta creemos a veces que sólo habrá oscuridad. Tal vez entonces comprenda que por su bien la enterré.Que hay siempre una oscura noche para cada amanecer, La vida es un largo surco que hizo la mano de Dios. Semillita sepultada,buscando la luz del!sol Y Hoy El sembrador de mi vida ha cuidado la semilla Han pasado 36 años y ha crecido de Maravilla. Gracias a mi sembrador que tuvo compasion y con paciencia sembraba aunque aun no germinaba.hasta que llegó el momento de la espera y por fín brotó la semilla y era en tierra buena ,las manos del sembrador Siempre regó la semilla con su santa bendición 

LA VOZ DE LA PACHAMAMA 2020 CUENCA

Fecha: 1 feb. 2020 LA VOZ DE LA PACHAMAMA

 En esta tierra, de paite de nombre Getsemaní. Tierra donde se graban las vivencias de los peregrinos Que la han pizado sintiendosen caminar en una alfombra verde. Son las experiencias que aún permanecen y que nunca moriràn durarán una eternidad. Encontrándose a la ves la piedra negra que simboliza la plasenta roja Donde se esconden los rituales de seres subterráneos que nos acompañan día y noche. Y este hermoso colorido del paisaje el cielo azul con nubes blancas como algodones, con el verdor de los árboles en medio de la montaña rodeada de un multicolor de flores y mariposas , la variedad de pájaros entre ellos el tucán andino. Guardando el colorido de la vida,siendo expresión de alegria en esta tierra sagrada Simbolizada por la pluma del tucán Andino en medio de la montaña. está el agua libre e inquieta,que riega empapando la tierra por dentro Simbolozando el Agua viva de la que beberemos y no tendremos jamás sed.El aroma del sauco esparsido en todo el ambiente,dando el buen olor de la pachamama y el sabor de todas las hierbas. que nos llevan al cielo. De todo esto somos testigos porque Estamos tu y yo disfrutando de estos frutos que nos da la pachamama.que nos hace soñar, con la fuerza de los sueños.volando en las alas del Aguila llevando a los polluelos, Iremos al mas alla. Cantando entre los hilos verdes de esas hierbas de nuestra historia Que han alimentado los sueños de los hombres. Que son una realidad el encuentro con la pachamama y el Dios sol Nuestros Ancestros que han existido en toda una eternidad. En medio de la montaña Siempre estuviste tu Hablandonos en silencio Con tu presencia de Amor. Montaña tan inmensa Nos rodeaba en cada paso Permaneciendo firme Nos hablaba del Amado. Eres testiga de todo lo que ha pasado De este cambio sustancial Que a lo largo de este mes el Dios Sol a suscitado. Milagros han ocurrido En esta tierra sagrada Con bendiciones del cielo Regando por dentro El suelo. Levantando los cimientos De generaciones pasadas Fuiste rompiendo cadenas Que nos tenian atadas. Removiendo la tierra por dentro ahondando en profundidad. Hasta encontrarnos por dentro Liberados de Verdad. Hoy recibo tu abrazo Junto con mi Dios sol Me llevo a la pachamama Que siempre permanecio. La pachamama te acompañará A donde el Dios sol te envie Siendo lumbreras del mundo Como estrellitas del cielo brillarán sin parar Para toda una eternidad. Amen . 
 

martes, 27 de enero de 2026

JESUS NOS LLAMA PARA ESTAR CON EL Y ENVIARNOS A PREDICAR Mc.3,13


VIERNES · Ciclo A
23 de enero
Porque es eterna tu misericordia
¿Cómo pagaré todo el bien que he recibido, Señor, ante tanto amor?

Son pocos los años de vida para poder agradecerte todos los bienes recibidos: tu amor misericordioso que, desde que me encontraste, me salvó y me confió una misión, la de realizar tus mismas obras. 
Amor misericordioso.

Me llama profundamente la atención la actitud de misericordia del rey David frente a Saúl, quien lo buscaba para matarlo. 
Sin embargo, David dijo:
«El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor».
Y dijo a Saúl:
«¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: “David busca tu desgracia”? Tus ojos han visto hoy mismo, en la cueva, que  te he perdonado,  Padre mío, mira la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás que no hay en mí ni maldad ni culpa, y que no te he ofendido. Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela».
Cuando David acabó de hablar, Saúl dijo:
«¿Es esta tu voz, David, hijo mío?».
Y Saúl levantó la voz llorando y añadió:
«Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo»
(cf. 1 Sam 24, 3-21).

Descubro, Señor, que esto mismo haces con nuestra vida: tú nos buscas, pero no para condenarnos, sino para perdonarnos y reconciliarnos contigo, reconciliándonos también con los hermanos. 
Nos miras como a tus ungidos, tus elegidos.

No permites que hagas  daño a tu ungido. Y se hace daño no solo físicamente, sino también con las palabras.
Tus palabras Señor nos reconstruye desde dentro,nos edifica,nos salva .
Gracias,  por tanto amor recibido de ti, lleno de bondad y perdón.
 Es ese amor el que hace brotar en nosotros la bondad y tu ternura.

La misericordia más grande es hacernos partícipes de tu misma misión:
«Llamó a los que quiso para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar » (Mc 3,13).

Llamaste a cada uno por su nombre.
Y hoy también nos llamas a cada uno de nosotros por nuestro nombre, para realizar tu misma misión:
  Oración y predicación de la Palabra.

Cuánto te agradezco, Jesús, tu amor misericordioso, que nos mira como a tus ungidos, tus elegidos, y nos envía a evangelizar desde el perdón y la reconciliación. 

Tus palabras, que brotan de tu corazón, nos hacen sentir profundamente amados por ti.
Te pido que nosotros, tus discípulos, aprendamos de ti en este estar contigo, convivir contigo, aprendiendo a amar y a transmitir este mismo amor. 

Que nos dediquemos a esta misma misión de los Doce, que fueron aprendiendo de ti a orar y a predicar.

La oración y la predicación de la Palabra son un carisma encomendado a toda la Iglesia, y también nuestro carisma.
 Gracias por llamarnos, por necesitarnos y por enviarnos.

Me ilumina este comentario de Benedicto XVI que nos dice que esta llamada de Jesús a estar con Él y enviarnos a predicar ,era para conocerlo y darlo a conocer .
"No conviene olvidar que, como escribe san Marcos, Jesús escogió a los Doce con la finalidad principal de que «estuvieran con él» (Mc 3, 14), es decir, de que compartieran su vida y aprendieran directamente de él 
no sólo el estilo de su comportamiento, sino sobre todo quién era él realmente, pues sólo así, participando en su vida, podían conocerlo y luego anunciarlo.
Y esto que dice Benedicto es verdad ,solo conviviendo contigo,te conocemos y aprendemos directamente de ti para poderte imitar y anunciar .
Señor haz que te conozca y que me conozca,porque conocerte a ti es conocer al hombre y es desde tu humanidad que te podemos anunciar .
Aprender de ti como alumn@,discípul@ 
Como dice san Pablo lo importante es «aprender a Cristo» (cf.Ef 4, 20), por consiguiente, lo importante no es sólo ni sobre todo escuchar sus enseñanzas, sus palabras, sino conocerlo a él personalmente, es decir, su humanidad y divinidad, su misterio, su belleza. 
Él no es sólo un Maestro, sino un Amigo; más aún, un Hermano. 

¿Cómo podríamos conocerlo a fondo si permanecemos alejados de él?
 La intimidad, la familiaridad, la cercanía nos hacen descubrir la verdadera identidad de Jesucristo. Esto es precisamente lo que nos recuerda el apóstol Felipe. Por eso, nos invita a «venir» y «ver», es decir, a entrar en un contacto de escucha, de respuesta y de comunión de vida con Jesús, día tras día.
Hoy nos invitas a orar a estar contigo para conocerte y aprender de ti, que hoy podamos tomar la determinada determinación de estar contigo. 
Orar supone una decisión 
Todo todo está preparado para el encuentro de hoy, Él Te espera, desea estar contigo y tú¿ deseas estar con Él ? ¿Estás presente o ausente ? ¿tienes tu corazón centrado en sus búsqueda y le buscas de corazón? ¿Estás decidido a dejarte introducir en este recinto sagrado?¿ Estás decidido a saber esperar hasta que Dios se te manifieste y ahora tus ojos para que puedas verle?
 Tu decisión te permitirá orar, pues orar es abrir la puerta de tu vida al deseo que Dios tiene de comunicarse contigo y revelarte su amor, su confianza, su plan de salvación. 
¿Tienes tu puerta abierta para Él? ¿le esperas sin desfallecer? ya viene el que esperas ya está cerca Aquel a quien has decidido a coger en tu casa.¡ Señor entra! mi casa aguarda con alegría tu esperada visita ,Ven Señor, te busco y te espero, con esperanza.(Catalina Morey )







VIENDO NUESTRA VIDA NOS LLAMÓ


JESÚS, PASANDO DE NUEVO A NUESTRO LADO Y VIENDO NUESTRA VIDA, NOS LLAMA

«Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. 
Jesús les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».
Así como Jesús pasó por Galilea, vio a estos dos discípulos y los llamó, así también pasa hoy por nuestra Galilea: el lugar donde nos encontramos. También nos ve.
Su mirada es profunda; va más allá de lo exterior, ve lo que hay en nosotros.
A estos dos discípulos los buscó en el mar, pero a otros los busca en su oficina, en la montaña o en medio de la vida cotidiana.
El mar de Galilea, para estos discípulos, se convierte en una oportunidad, en un proyecto mucho más grande que el que realizaban cada día. Eran pescadores y Jesús les promete algo más grande:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
En lo cotidiano de cada día, Jesús hace fecunda nuestra vida cuando es compartida con Él.
Cualquier lugar, cualquier momento, puede convertirse en momento de gracia y de salvación si reconoces el paso del Señor. Pero este momento no es casualidad: Dios lo ha preparado delicadamente, porque sin duda puede ser para ti —y para muchos— un momento definitivo.
Este encuentro marcará un antes y un después en tu vida. Tu historia puede pasar, como la de tantos hombres y mujeres a lo largo del tiempo, del anonimato a la posteridad, quedando tu nombre escrito en el cielo.
Cristo cambiará tu destino, tu proyecto y tu rumbo; y desde una vida rutinaria y cotidiana te lanzará hacia horizontes insospechados, con una trascendencia infinita para toda la eternidad.
Es una pena no percibir esta llamada, contentándonos con un ideal más bajo, conformándonos con un proyecto caduco y terreno; frustrando así el proyecto de Dios sobre nuestra vida. Podríamos volar muy alto, pero nos quedamos en proyectos demasiado pequeños, que nos hacen vivir insatisfechos, sin alcanzar una felicidad más plena.

JESÚS FIJA SU MIRADA EN NOSOTROS
Su mirada no es como la de los demás hombres. No mira por curiosidad ni con un vistazo superficial que se detiene en las apariencias. Su mirada penetra en lo más profundo de nuestro ser.
Jesús, mirando nuestra vida, nos revela nuestro ser más profundo y nos hace descubrir, a la vez, nuestra verdadera identidad.
Su mirada nos seduce, nos cautiva para Él y nos introduce en una comunión íntima de amor. Después de ser mirado por Jesús, la persona es radicalmente otra, con un destino totalmente nuevo.
Jesús nos hace totalmente nuevos para Él.
Su mirada de elección tiene la fuerza de un conocimiento interpersonal, esponsalicio y comprometido, que vincula la vida del apóstol a la vida, la misión y el destino del Maestro.
Su mirada descentra mi atención de mí mismo, de las criaturas y de las añadiduras, atrayéndola y dejándola fija en Él.

NOS DIRIGE SU PALABRA
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
La elección divina no se queda en una relación interior, sino que se traduce en palabras de poder consagratorio.
Jesús, que ha “visto” eligiendo, ahora pronuncia su Palabra.
Su Palabra recreadora despierta en mí la capacidad de ser su oyente y su transmisor: aquel que es capaz de escuchar y de comunicar.
Acogiendo la vida, nos hace capaces de transmitirla.
El discípulo, acogiendo su Palabra y reconociéndola como salida de su Señor, se dispone no solo a oírla, sino a obedecerla.
«Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».
Me llamas porque me amas; porque sabes que te necesito, que sin Ti no vivo. Esa llamada ya estaba dentro de mí: al crearme para Ti, a tu imagen, ya la sembraste.
Es la sed insaciable de todo hombre, que tu presencia y tu Palabra hacen revivir.
Tu soplo enciende las brasas de nuestro corazón, quizá escondidas bajo las cenizas de proyectos caducos.
Tu Palabra penetra hasta el corazón, devolviéndonos la dignidad, haciéndonos valer por lo que somos.
¡Te has enamorado de mí! Y te acercas a mí con el corazón en la mano, y me pides —¡me suplicas!— que te acepte como compañero de vida, como mi único amor y esposo.

VENID CONMIGO
Tuya es la iniciativa: no te hemos elegido nosotros, sino Tú a nosotros. La vocación es tuya.
Porque sabes que te necesito, pero también Tú me necesitas, y me dices: ven conmigo.
Me necesitas porque me amas y quieres contar conmigo; por eso te haces mendigo de mi amor.
A tu llamada buscas mi respuesta, mi total adhesión a tu vida y a tu destino, mi dedicación exclusiva y a tiempo completo a tu misión.
No solo me llamas a estar contigo, sino que me llamas también a colaborar en tu mismo proyecto de salvación.
OS HARÉ LLEGAR A SER PESCADORES DE HOMBRES
Para esta misión me siento incapaz, sin fuerzas, pero Tú me capacitas con la fuerza de tu Espíritu.
No temas: yo te haré llegar a realizar obras grandes, incluso mayores que las mías.
Cree en mí, confía en mí y no en tus propias fuerzas. Nada hay imposible para el que cree.
«Todo lo puedo en Aquel que me conforta».
Jesús quiere llevar mi vida a la máxima madurez en el amor, incluso más allá del hacer cosas.
Busca mi máxima realización en mi ser, en mi ser amor.
Yo te haré llegar a ser…
¡Cómo quisiera, Señor, reproducir para este mundo tus mayores pruebas de amor, para atraer a todos hacia Ti!
AL INSTANTE DEJARON LAS REDES Y LE SIGUIERON
Es la alegría inmensa de quien ha encontrado el tesoro de su vida y, cautivado, lo pone en el centro, dejando todo lo demás en segundo plano. Todo merece la pena ser cambiado para vivir, convivir y propagar el Amor.
Se trata de un cambio radical, de una determinación decidida. Seguirle no es algo externo, de mera presencia o de actividades hechas “por Él”, sino algo profundamente interior.
O le sigo con todo el corazón, o no le sigo. O le sigo en su intencionalidad y en la misión para la que fue enviado, o no comulgo realmente con Él.
Por eso, la misión de anunciar el Reino por la Palabra fue la tarea a la que los discípulos se consagraron, personalmente formados por Él.
Sin mirar atrás, ni a derecha ni a izquierda, fijaron sus ojos en Él, en Aquel que antes se fijó en ellos, y se lanzaron a seguirle para reproducir su vida y su misión.
«Vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
A continuación los llamó; dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de Él».

lunes, 26 de enero de 2026

CREO EN UN DIOS PROVIDENTE. Mc 3, 22-30.


Un Reino que no se divide

1.La misión que Jesús realiza es, para muchos, signo de un Dios providente, bueno y misericordioso.

 Sin embargo, para otros, sus acciones no pueden venir de Dios y lo juzgan como un hombre poseído por Satanás.

 Ante este juicio tan duro, Jesús no se queda en silencio. Los llama y les hace comprender que un reino dividido no puede subsistir, que una familia dividida tampoco puede mantenerse en pie. 

"Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus bienes si antes no lo ata; solo entonces podrá saquear la casa."

Jesús continúa con palabras que estremecen:

«Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos los pecados y todas las blasfemias; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón».

Son palabras fuertes, exigentes, que revelan la gravedad de cerrar el corazón a la acción de Dios.

Atreverse a emitir un juicio así sobre Jesús es algo que solo unos pocos se permitieron en su tiempo… y quizá también en el nuestro. 

2. Sin embargo, somos muchos los que damos testimonio de una vida vivida en comunión, en hogar, en familia, cuando Tú estás presente en nuestra historia.

Reconocemos que todas tus acciones son fruto de un Dios providente y misericordioso.

Las acusaciones contra Jesús revelan una profunda ceguera interior, una división del corazón. Solo el Reino de Dios puede traer verdadera unidad y firmeza.

 El Señor nos invita a discernir por los frutos, a no juzgar a la ligera y a dejarnos guiar por el Espíritu Santo. 

Rechazarlo es cerrarse al perdón y a la verdad.

Hoy nos llamas a cuidar la unidad en nuestras familias y comunidades, a evitar juicios apresurados y a colaborar con el Espíritu en obras de paz, consuelo y reconciliación. 

Cuando Tú, Jesús, reinas, el mal pierde fuerza y la casa se transforma en un verdadero hogar de misericordia.

3. Reflexión a la luz del Papa Francisco

El mundo de hoy me empuja a vivir toda mi vida en un plano simplemente natural. El «más allá» ha pasado a ser, para muchos, una idea absurda reservada a unos pocos. En otros casos, se lo reemplaza por explicaciones ligadas al movimiento de las estrellas, la alineación de los planetas o supuestas energías que vagan por el universo. 

La visión sobrenatural de la vida tiene poco espacio en el mundo actual.

Sin embargo, en el Evangelio de hoy me invitas a mirar mi vida y todo lo que en ella sucede con una visión sobrenatural. Una mirada que va más allá de las leyes de la física, de las fórmulas químicas o de los cálculos matemáticos. Una visión que verdaderamente va más allá de estrellas, planetas y energías siderales.

Esto mismo les sucedía a los fariseos de tu tiempo. Al verte expulsar demonios y no encontrar una explicación dentro de sus esquemas, se quedaban en una mirada puramente natural

Peor aún: a una acción divina le atribuyen un origen diabólico. Incapaces de comprender, terminan empañando lo sagrado con superstición.

Tu respuesta derrumba todos sus razonamientos y me deja una enseñanza fundamental:

 aprender a descubrir tu mano providente actuando en mi vida, guiándome siempre hacia el bien. Todo lo que sucede lo permites para que yo crezca, madure, me forme, te conozca más y mejor y, finalmente, llegue a Ti y te ame.

Hoy no me hablas de suerte ni de superstición, sino de Providencia. Una Providencia guiada por el amor, que actúa de manera concreta en mi día a día. 

¿Cómo he percibido esta Providencia en mi vida?

Señor, dame la gracia de descubrir tu mano en las cosas sencillas y cotidianas. 

Que no crea que todo sucede de manera casual, automática o sin sentido, sino que aprenda a reconocer tu acción amorosa en cada paso de mi historia.



domingo, 25 de enero de 2026

JESÚS MISIONERO ITINERANTE DE NAZARET A CAFARNAÚM. Mt 4, 18-25


Aun en las dificultades de la vida, Jesús no deja de predicar el Reino.
Estando arrestado su primo Juan en la cárcel, Jesús abandona Nazaret y se establece en Cafarnaúm para continuar su misión: anunciar el Reino y llamarnos a la conversión.
Y todo lo escrito en el profeta Isaías se cumple en ti, Jesús: 
«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz».
Tú iluminas con tu Palabra nuestras oscuridades y nuestras tinieblas, porque tú, Jesús, eres la luz en la oscuridad.
 Tu Palabra ilumina nuestra vida, nos llama y nos hace partícipes de tu misma misión.
Nos invitas a pasar de oyentes a testigos, dejando que tu Palabra sea guía de nuestras decisiones y permitiendo que nos transformes desde dentro.
Tú, Jesús, sigues pasando por nuestras orillas cotidianas, así como pasaste por la orilla del mar de Galilea, con la intención de llamarnos a tu misma misión. Ayúdanos a reconocer tu voz y a seguirte con prontitud, como lo hicieron los primeros discípulos, para anunciarte con sencillez y alegría: que el Reino de Dios está cerca, porque tú estás presente en nuestra vida.

JESÚS PASANDO DE NUEVO A NUESTRO LADO, VIENDO NUESTRA VIDA, NOS LLAMA
Paseando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar.
Jesús los llamó: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».
Al instante dejaron las redes y lo siguieron.
¿Qué vieron estos discípulos en ti, Jesús, para seguirte inmediatamente?
Quizás ya habían oído hablar de ti. Tal vez eras un joven cercano, con algo especial que ellos no tenían. Verían en ti una alegría, una fuerza, un dinamismo que les faltaba. Quizás estaban cansados de la rutina de cada día: siempre lo mismo, mucho trabajo y poca recompensa, muy poco pescado.
Pero tu Palabra da una novedad a sus vidas; les abres un horizonte nuevo, una misión nueva: ser pescadores, no de peces, sino de vidas. ¿Entenderían en ese momento qué significaban aquellas palabras: «os haré pescadores de hombres»?
Quizás no, pero se fueron contigo.
Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan. Estaban con su padre en la barca, arreglando las redes. Los llamó, y en seguida dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Dejan la barca y dejan al padre.
Tu presencia tiene una fuerza que nos impulsa a ir tras de ti.

MISIÓN JUNTO AL MAR DE GALILEA
Cualquier lugar, cualquier momento, puede convertirse en momento de gracia y de salvación si reconocemos tu paso. Nada es casualidad.
Toda experiencia vivida contigo marca un antes y un después.
Y estoy segura de que nuestra vida puede pasar, como la de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia, dejando nuestro nombre escrito en el cielo.

Hoy, si escuchamos tu llamada, cambiarás nuestro destino, nuestro proyecto y el rumbo de nuestra vida rutinaria y cotidiana, invitándonos a descubrir horizontes insospechados, con una trascendencia infinita para toda la eternidad.

Podríamos no percibir esta llamada aun pasando Jesús por nuestra orilla, por nuestra superficialidad, y contentarnos con el estilo de vida al que estamos acostumbrados, conformándonos con un proyecto pequeño que, aunque nos dé algo de felicidad, nos haría perder el proyecto divino que Dios tiene preparado para nosotros: horizontes eternos y plenos, que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman» (1 Co 2,9).

FIJA SU MIRADA EN NOSOTROS
Así como vio a Simón y Andrés, y más adelante a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, hoy te ve a ti; nos ve a cada uno de nosotros.
Su mirada no es como la de los demás: no mira por curiosidad ni se queda en las apariencias.
Su mirada penetra en lo más profundo de nuestro ser.
Jesús, al mirarnos, nos revela su ser más profundo y, a la vez, nos descubre nuestra verdadera identidad.

Tu mirada seduce, cautiva y nos introduce en una comunión íntima de amor.
Estos discípulos, después de ser mirados por ti, igual que yo cuando he sido mirada por ti, somos impulsados a vivir un destino nuevo, con un horizonte grande, viviendo solo para ti. 

Tú nos eliges y nos conduces a un conocimiento interpersonal, esponsalicio y comprometido, que vincula nuestra vida apostólica y misionera al mismo destino del Maestro, que eres tú, atrayéndonos hacia ti y haciéndonos tuyos: misioneros.

Y NOS DIRIGE SU PALABRA

«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».
Su Palabra recreadora despierta en mí la capacidad de ser oyente y transmisor.

El discípulo, acogiendo su Palabra y reconociéndola como venida de su Señor, se dispone no solo a oírla, sino a obedecerla (ob-audire) fielmente.

Me llamas porque me amas; porque sabes que te necesito; porque sin ti no vivo.
Esa llamada ya estaba dentro de mí: al crearme para ti, a tu imagen, la sembraste. Es la sed insaciable de todo ser humano, que tu presencia y tu Palabra reavivan.
Tu soplo enciende las brasas de nuestro corazón, quizá escondidas bajo las cenizas de proyectos pequeños.
Tu Palabra penetra hasta lo más hondo y nos devuelve la dignidad, haciéndonos valiosos por lo que somos:
«Tú vales mucho a mis ojos, eres precioso para mí» (Is 43).
¡Te has enamorado de mí!
Te acercas con el corazón en la mano y me suplicas que te acepte como compañero de vida, como mi único amor y esposo:
«Yo te desposaré para siempre… con amor y ternura.
Te desposaré en fidelidad y me conocerás» (Os 2,21-22).

VENID CONMIGO
Tuya es la iniciativa: no te hemos elegido nosotros, sino tú a nosotros.
 La vocación es tuya.Sabes que te necesito, pero también tú me necesitas, porque me amas y quieres contar conmigo. 
Por eso te haces mendigo de mi amor.
A tu llamada buscas mi respuesta, mi adhesión total a tu vida y a tu destino, mi entrega plena a tu misión.
No solo me llamas a estar contigo, sino también a colaborar en tu proyecto de salvación.

OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES
Para esta misión me siento incapaz y sin fuerzas, pero tú me capacitas con la fuerza de tu Espíritu.
No temas: yo te haré realizar obras grandes, incluso mayores. Confía en mí y no en tus propias fuerzas.
Nada hay imposible para el que cree: 
«Todo lo puedo en Aquel que me fortalece».
Jesús quiere llevar mi vida a la máxima madurez en el amor. 
Más que hacer cosas, Él busca mi plena realización en el ser, en el ser amor.
Yo te haré llegar a ser… como yo.
Quisiera, Señor, reproducir para este mundo tus mayores gestos de amor, para atraer a todos hacia ti.
AL INSTANTE DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON

Es la alegría inmensa de quien ha encontrado el tesoro de su vida y lo pone en el centro, relegando todo lo demás a un segundo plano.
Todo merece ser cambiado para vivir, convivir y propagar el Amor.
Se trata de una determinación ,
Seguirle no es algo externo, de mera actividad “para Él”, sino algo profundamente interior: entrar en su misma intencionalidad, en la misión para la que fue enviado.
Sin mirar atrás, fijaron sus ojos en Él, en Aquel que primero fijó su mirada en ellos, y se lanzaron a seguirle para reproducir su vida y su misión.