"Escúchame que voy a hablarte de la fe cimentada sobre la roca y del edificio que se levanta sobre esa roca. En efecto, el hombre comienza por creer, y cuando cree, ama; cuando ama, espera; cuando espera, es justificado; cuando está justificado, está acabado; cuando está acabado, llega a la cima. Cuando todo su edificio está levantado, llegado a la cima y acabado, llega a ser casa y templo habitado por Cristo, el Mesías. «Sois templo de Dios, y el Espíritu de Cristo habita en vosotros»
domingo, 14 de septiembre de 2025
jueves, 11 de septiembre de 2025
¿AMAR A LOS ENEMIGOS?
Para nosotros es un interrogante, pero para Jesús es una certeza y un deseo profundo de que amemos a todos sin condición alguna , tal como es el amor de Padre del cielo que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos, el amor no tiene limites, como no tiene limite la perfección a la que todos aspiramos.
Este deseo de ser perfectos es posible si amamos a todos.
Este es el deseo de Jesús por eso hoy nos dirige estás palabras:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.
¿Amar a los enemigos ?
¿Que significa ?
Os invito a profundizar este articulo de José Antonio Pagola
Amar a los enemigos
«Amad a vuestros enemigos, haced el bien
a los que os aborrecen».
¿Qué podemos hoy ante estas palabras
de Jesús? ¿Suprimirlas del evangelio? ¿Borrarlas del fondo de nuestra
conciencia? ¿Dejarlas para tiempos mejores?No
cambia mucho, en las diferentes culturas, la postura básica de los seres
humanos ante el «enemigo», es decir, ante alguien de quien solo se han de
esperar daños y peligros.
"Odiar al enemigo"
Hemos de destacar la importancia
revolucionaria que se encierra en el mandato evangélico del amor al enemigo,
considerado por los especialistas como el exponente más diáfano del mensaje cristiano.
Cuando Jesús habla del amor al enemigo,
no está pensando en un sentimiento de afecto y cariño hacia él, menos aún en
una entrega, apasionada, sino en una relación radicalmente humana, de interés
positivo por su persona.Este es el pensamiento de Jesús.
La
persona es humana cuando el amor está en la base de toda su actuación. Y ni
siquiera la relación con el enemigo ha de ser una excepción. Quien es humano
hasta el final descubre y respeta la dignidad humana del enemigo, por muy
desfigurada que pueda aparecer ante nuestros ojos.
No adopta ante él una
postura excluyente de maldición, sino una actitud positiva de interés real por
su bien.
Es precisamente este amor universal que
alcanza a todos y busca realmente el bien de todos, sin exclusiones, la aportación
más positiva y humana que puede introducir el cristiano en la sociedad violenta
de nuestros días.
Este amor al enemigo parece casi
imposible en el clima de indignada crispación que se vive en ciertas
situaciones.
Solo recordar las palabras evangélicas puede resultar irritante.
Y, sin embargo, es necesario hacerlo si queremos vernos libres de la
deshumanización que generan el odio y la venganza.
Hay dos cosas que los cristianos podemos
y debemos recordar hoy en medio de esta sociedad, aun al precio de ser
rechazados.
Amar al delincuente injusto y violento
no significa en absoluto dar por buena su actuación injusta y violenta. Por
otra parte, condenar de manera tajante la injusticia y crueldad de la violencia
no debe llevar necesariamente al odio hacia quienes la instigan o llevan a
cabo.
INCLUSO A LOS ENEMIGOS
Es innegable que vivimos en una
situación paradójica.
«Mientras más aumenta la sensibilidad ante los derechos
pisoteados o injusticias violentas, más crece el sentimiento de tener que
recurrir a una violencia brutal o despiadada para llevar a cabo los profundos
cambios que se anhelan».
No parece haber otro camino para
resolver los problemas que el recurso a la violencia.
No es extraño que las
palabras de Jesús resuenen en nuestra sociedad como un grito ingenuo además de
discordante:
«Amad a vuestros enemigos, haced el bien
a los que os aborrecen».
Y, sin embargo, quizá es la palabra que
más necesitamos escuchar en estos momentos en que, sumidos en la perplejidad,
no sabemos qué hacer en concreto para ir arrancando del mundo la violencia.
Alguien ha dicho que «los problemas que
solo pueden resolverse con violencia deben ser planteados de nuevo» (F.
Hacker). Y es precisamente aquí donde tiene mucho que aportar también hoy el
evangelio de Jesús, no para ofrecer soluciones técnicas a los conflictos, pero
sí para descubrirnos en qué actitud hemos de abordarlos.
Hay una convicción profunda en Jesús.
Al mal no se le
puede vencer a base de odio y violencia. Al mal se le vence solo con el bien.
Como decía Martin Luther K-ing, «el último defecto de la violencia es que
genera una espiral descendente que destruye todo lo que engendra. En vez de disminuir
el mal, lo aumenta».
Jesús no se detiene a precisar si, en
alguna circunstancia concreta, la violencia puede ser legítima. Más bien nos invita a trabajar y luchar
para que no lo sea nunca. Por eso es importante buscar siempre caminos que nos
lleven hacia la fraternidad y no hacia el fratricidio.
Amar
a los enemigos no significa tolerar las injusticias y
retirarse cómodamente de la lucha contra el mal.
Lo que Jesús ha visto con
claridad es que no se lucha contra el mal cuando se destruye a las personas.
Hay que combatir el mal, pero sin buscar la destrucción del adversario.
LA NO VIOLENCIA
No siempre sabemos captar algo que Gandhi descubrió con gozo al leer el evangelio:
la profunda convicción
de Jesús de que solo la no violencia puede salvar a la humanidad.
Después de su
encuentro con Jesús, Gandhi escribía estas palabras:
«Leyendo toda la historia
de esta vida… me parece que el cristianismo está todavía por realizar… Mientras
no hayamos arrancado de raíz la violencia de la civilización, Cristo no ha
nacido todavía».
La vida entera de Jesús ha sido una llamada a resolver
los problemas de la humanidad por caminos no violentos.
La violencia tiende
siempre a destruir; pretende solucionar los problemas de la convivencia
arrasando al que considera enemigo, pero no hace sino poner en marcha una
reacción en cadena que no tiene fin.Jesús llama a «hacer violencia a la
violencia».
El verdadero enemigo hacia
el que tenemos que dirigir nuestra agresividad no es el otro, sino nuestro
propio «yo» egoísta, capaz de destruir a quien se nos opone.
Es una equivocación creer que el mal se
puede detener con el mal y la injusticia con la injusticia. El respeto total al
ser humano, tal como lo entiende Jesús, está pidiendo un esfuerzo constante por
suprimir la mutua violencia y promover el diálogo y la búsqueda de una
convivencia siempre más justa y fraterna.
Hemos de preguntarnos por
qué no hemos sabido extraer del Evangelio todas las consecuencias de la «no
violencia» de Jesús, y por qué no le hemos dado el papel central que ha de
ocupar en la vida y la predicación de la Iglesia.
No basta con denunciar el terrorismo.
No
es suficiente sobrecogernos y mostrar nuestra repulsa cada vez que se atenta
contra la vida.
Día a día hemos de construir entre todos una sociedad
diferente, suprimiendo de raíz «el ojo por ojo y diente por diente» y
cultivando una actitud reconciliadora difícil, pero posible.
Las palabras de Jesús nos interpelan y nos
sostienen: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen».
sábado, 6 de septiembre de 2025
Jesús nos da la Libertad
Reconciliándonos con Dios: La primera lectura de Colosenses nos recuerda que, aunque antes estábamos alejados de Dios por nuestros actos y pensamientos, Cristo nos reconcilia y nos hace santos. Esto es una invitación a vivir firmes en la fe y en la esperanza del Evangelio.
Actitud de confianza y agradecimiento:
El salmo expresa una confianza profunda en Dios: Él sostiene nuestra vida, nos escucha y merece nuestra gratitud. Pedir su auxilio y ofrecer un sacrificio voluntario con gratitud nos dispone a acoger su gracia.
Jesús, señor del sábado: El Evangelio muestra a Jesús reivindicando la libertad interior frente a las normas estrictas. El sábado, en lugar de ser una carga, es ocasión de vida. Jesús es quien da sentido al descanso sabático, recordándonos que la ley está al servicio de la persona, y no al revés.
Oración
Señor Jesús, hoy te contemplo caminando entre los sembrados con tus discípulos. Los veo arrancar espigas con sencillez… y siento que me invitas a caminar contigo.
Ven conmigo, Camina sin miedo. Aquí, en medio del campo, no importa la norma rígida, importa que tengas vida y alimento.
Pero, Señor… tantas veces me siento juzgado, por otros o incluso por mí mismo. Cargas, normas, exigencias… a veces me pesan más que mi propia fe.
No temas. Yo no vine a ponerte cargas, sino a darte descanso. La ley está para servirte, no para aplastarte. Yo soy Señor del sábado, y soy también Señor de tu corazón.
Entonces, Jesús, ¿qué esperas de mí?
Espero que vivas en libertad. Que no te esclavicen las miradas ajenas ni tus propias culpas. Que sepas que, por encima de todo, eres amado. Y desde ese amor, podrás vivir la verdadera obediencia: la del corazón que ama y se entrega.
Gracias, Señor. Quiero aprender a vivir así: ligero, libre, confiado… siempre a tu lado, como esos discípulos que caminan contigo.
Quédate conmigo. Yo sostengo tu vida, yo calmo tus miedos. Camina, recoge espigas de paz y de esperanza… y confía: Yo soy el Señor de tu tiempo, de tu descanso y de tu vida.
viernes, 5 de septiembre de 2025
Vino nuevo presencia de Dios
Jesús, vino nuevo
Gracias, Señor,
porque entras en mi vida
como vino fresco,
que rompe las rutinas secas
y llena de alegría mi corazón.
Gracias, Esposo amado,
porque en tu presencia
no hay ayuno ni tristeza,
sino fiesta del alma,
mesa tendida,
banquete de esperanza.
Tomas mis odres gastados,
mis miedos y resistencias,
y me invitas a estrenar
un corazón nuevo,
flexible a tu Espíritu,
abierto a tu gracia.
Gracias, Jesús,
vino nuevo de la eternidad,
dulzura que renueva mi ser.
Contigo quiero brindar cada día,
celebrando que tu amor
es la única bebida
que nunca se agota.
Transforma mi corazón dividido entre lo viejo y lo nuevo. A menudo, me aferro a tradiciones confortables que ya no me nutren. ¿Cómo puedo abrir mi corazón al vino nuevo que Tú traes?
¿Acaso pueden hacer ayunar a los invitados de una boda mientras está presente el esposo? Estoy contigo ahora, y en mi presencia nace algo nuevo. No pretendas poner parches a lo que Ya no encaja.
Me cuesta abandonar pautas antiguas, incluso si ya no son vivas. Miedo al cambio, falta de confianza...
No eches vino nuevo en odres viejos, porque reventarán —y ni los odres ni el vino se conservarán. Tú eres mi discípulo, llamado a una vida renovada, no a remendar lo desgastado.
Señor, transfórmame. Que mi corazón sea odre nuevo, elástico y receptivo. Ayúdame a aceptar lo que Tú ofreces, no lo que me resulta cómodo.
Así, acogerás el Reino con sencillez, sin resistencia. Solo así saborearás el vino nuevo: la alegría, la libertad, la vida plena que Yo te doy
“Nadie echa vino nuevo en odres viejos… a vino nuevo, odres nuevos”. Lc.5,33-39
Te llamo a seguir renovando tú interior
más que a cambios superficiales: a dejar que te transforme desde dentro.
Jesús, mi alegría, mi banquete eterno.
Vino nuevo en odres nuevos
Jesús amado,
vino nuevo de mi vida,
gracias porque vienes a mí
con frescura y alegría,
llenando de fiesta mi corazón.
Contigo no hay ayuno ni vacío,
pues tu presencia es banquete,
es mesa tendida,disfrutando de tu presencia porque así es tu amor
es gozo que no termina.
Te entrego mis odres viejos,
mi dureza, mis temores,mis esquemas tradicionales que mantengo con firmeza
y te pido un corazón nuevo,
Descomplicado y abierto
a tu Espíritu que hace nueva todas las cosas dejándome sorprender por nuevos caminos
Abiertos .
Gracias, Señor,
porque tu amor me renueva,
porque tu gracia me embriaga de paz y de esperanza
Quiero vivir de tu vino eterno,
quiero celebrar contigo cada día,tú alianza
y dejarme transformar
por tu alegría y tú gracia.
Amén.
jueves, 4 de septiembre de 2025
“Remar mar adentro con Jesús”
Jesús,
hoy me hablas desde la orilla de mi vida,
donde a veces me siento cansado y vacío,
con las redes de mis esfuerzos sin frutos.
Tú me invitas a confiar más allá de mi lógica,
a remar mar adentro,
a no quedarme en la orilla de lo seguro.
Tu voz me da fuerza,
tu mirada me sostiene.
Me siento pequeño,
incluso indigno de tu amor,
pero en tu corazón descubro
que no me llamas por mis méritos,
sino por tu misericordia.
Señor, en este día quiero decirte sí:
a echar mis redes confiando en tu palabra,
a dejar mis miedos en la arena,
a seguirte aunque no entienda el camino.
Hazme pescador de esperanza,
mensajero de tu paz,
y testigo de tu amor en medio del mundo.
Amén.
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“Cuando las redes parecen vacías”
Confía en mi palabra
Lleva tu barca mar adentro,
aunque estés cansado,
aunque tus redes estén vacías.
Confía en mi palabra,
que soy tu descanso y tu fuerza.
Señor, toda la noche he luchado,
y mi corazón se siente sin fruto.
Pero si Tú me lo pides,
echaré mis redes otra vez,
porque en Ti confío.
No temas,
yo conozco tu debilidad.
Te llamo no por lo que tienes,
sino por lo que eres para mí:
mi amado, mi discípulo, mi pescador de hombres.
Aquí estoy, Señor.
Me arrodillo ante tu presencia,
me reconozco pecador,
pero me levanto en tu misericordia.
Dejo mi barca, dejo mis miedos,
y te sigo donde Tú me guíes.
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