Jesús, vino nuevo
Gracias, Señor,
porque entras en mi vida
como vino fresco,
que rompe las rutinas secas
y llena de alegría mi corazón.
Gracias, Esposo amado,
porque en tu presencia
no hay ayuno ni tristeza,
sino fiesta del alma,
mesa tendida,
banquete de esperanza.
Tomas mis odres gastados,
mis miedos y resistencias,
y me invitas a estrenar
un corazón nuevo,
flexible a tu Espíritu,
abierto a tu gracia.
Gracias, Jesús,
vino nuevo de la eternidad,
dulzura que renueva mi ser.
Contigo quiero brindar cada día,
celebrando que tu amor
es la única bebida
que nunca se agota.
Transforma mi corazón dividido entre lo viejo y lo nuevo. A menudo, me aferro a tradiciones confortables que ya no me nutren. ¿Cómo puedo abrir mi corazón al vino nuevo que Tú traes?
¿Acaso pueden hacer ayunar a los invitados de una boda mientras está presente el esposo? Estoy contigo ahora, y en mi presencia nace algo nuevo. No pretendas poner parches a lo que Ya no encaja.
Me cuesta abandonar pautas antiguas, incluso si ya no son vivas. Miedo al cambio, falta de confianza...
No eches vino nuevo en odres viejos, porque reventarán —y ni los odres ni el vino se conservarán. Tú eres mi discípulo, llamado a una vida renovada, no a remendar lo desgastado.
Señor, transfórmame. Que mi corazón sea odre nuevo, elástico y receptivo. Ayúdame a aceptar lo que Tú ofreces, no lo que me resulta cómodo.
Así, acogerás el Reino con sencillez, sin resistencia. Solo así saborearás el vino nuevo: la alegría, la libertad, la vida plena que Yo te doy
“Nadie echa vino nuevo en odres viejos… a vino nuevo, odres nuevos”. Lc.5,33-39
Te llamo a seguir renovando tú interior
más que a cambios superficiales: a dejar que te transforme desde dentro.
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