lunes, 17 de agosto de 2026
Mi sueño Misionero ya está en marcha ,¿no lo notáis ?
LA UNICA RIQUEZA JESÚS (Mt.19,16-22)
TE LLAMO A SER LUZ DE LAS NACIONES

Apóstol enamorado de Cristo Jaime Bonet
Testimonio de Jaime Bonet
¡Si existes, hazme feliz
0.Jaime Bonet nace el 21 de mayo de 1926 en Alquería Blanca, un pueblo pequeño de la Isla de Mallorca, en España.
En la preparación de las navidades de 1940, Jaime, a sus catorce años, vive unos ejercicios espirituales de adviento para los alumnos en el Colegio de La Salle de Palma de Mallorca.
Los ejercicios alternaban unas meditaciones en la mañana dadas por algún Hermano de La Salle y el ritmo de clases con normalidad y la participación en la Eucaristía.
Esta experiencia sencilla de fe se convierte para aquel adolescente en un momento de encuentro vivo y personal con Jesús que determinará toda su vida hasta su partida a la casa del Padre.
Relato de la vocación de Jaime Bonet
En el Colegio de La Salle
La fe de mis padres
Mi padre era un campesino con fe. Vivíamos en un caserío, donde había unos veinte jóvenes. Mi padre, con lo que sabía,
en las noches de invierno, cuyas veladas eran más largas, reunía a todos los jóvenes del caserío. Ellos tenían interés en que él les diera catecismo.
Yo, que era muy niño, estaba con él y le ayudaba. Él tenía mucha fe en la Vida eterna, ¡y vaya cómo era capaz de interesarse por cualquiera del caserío que no tuviera fe! ¡Él sí que se la comunicaba! Y también mi madre, que se valía de ayudas, de regalos, obsequios o lo que fuera, para trabar amistad y tener ocasión de contagiar su fe.
Muchas preguntas
La persona, en algún momento de su vida, generalmente se para y se detiene ante la fe.
Yo no me paré hasta los catorce años. Desde los 12 años estuve con muchas preguntas.
En realidad, yo tenía un interrogante que me intranquilizaba mucho, porque no hacía caso de Dios, sino que hacía lo que a mí me interesaba.
¿Y si existiera?
Yo era muy feliz porque mis estudios iban muy bien, los deportes también, pero siempre uno puede ser más feliz y me decía: «¡Siempre se puede ser más feliz! ¡Si puedo tener dos carreras, mejor!». Sin embargo, me incordiaba siempre una misma idea, debido a la creencia de mis padres, a su fe.
Entonces, a los catorce años -estaba estudiando el bachillerato con los Hermanos de La Salle-, y pienso: «No. Yo no paso más adelante. Si Dios no existe, yo no quiero ir a la capilla ni a perder el tiempo. ¡No, no me interesa!
Pero, ¿y si existiera?
¡Si existiera me conviene averiguarlo!».
«¿Y tú estás seguro de que no existe Dios? ¿Y si existiera…?
«¿Y quién me lo va a decir?
Si se lo pregunto al cura me dirá que sí existe. Si se lo pregunto a un ateo, de los que quemaban las Iglesias en aquellos tiempos, me dirá que no. Si tuviera ocasión de preguntárselo al Papá, me diría que sí». Pensé lo que me decía mi padre y mi madre: que Dios era muy bueno y nos amaba.
Si es así, me contestará.
Me dirigiré a Él porque, con este interrogante, no quiero vivir la única vida que tengo.
Si existes hazme feliz
Entonces tomé en mi mano un crucifijo bastante grande que tenía cerca. Era la primera vez que lo hacía con algo de interés. Lo besé. Ante este Cristo, marcado de llagas y sangre, roto, medio deshecho y digo:
«¿Qué le voy a pedir?»
Pues yo tenía siempre una respuesta cuando me preguntaban qué quería ser de mayor. Yo decía, «cualquier cosa menos cura o fraile».
Entonces, yo pensé que ya solo faltaba que me pidiera esto. Para prevenirlo, yo le voy a pedir otra cosa: «¡Si existes, dame una felicidad mayor!» Porque yo estaba bien, con mis estudios, el deporte, etc. ¡Le seguía mirando muy fijamente, muy serio!
Le dije: «Si existes, hazme feliz». Y esperé la respuesta. ¡Me dio tal alegría! Una alegría para mí desconocida, pero tan entusiasmante, que yo no podía aguantar tanta belleza y me dije: «Bueno, puede ser algo psicológico, algo sintomático». Pero me fue en aumento.
Quisiera ser como Tú
Poco después, al ver al Cristo destrozado le digo:
«¿Qué te ha pasado?» No tenía figura, aspecto, era como un Cristo leproso, monstruoso, como si allí recobrara el movimiento de sus venas y la vida, y hablaba como ser vivo.
¿Qué te ha pasado? Y Él me respondió en mi corazón: «Has pasado tú». Y yo le dije: «Tienes razón, porque llevo 14 años y no te he dicho nada, ni palabra, y Tú me has dado esta vida.
Si yo hubiera pasado un día sin saludar a mi padre y a mi madre hubiera sido un disgusto y llevo 14 años sin decirte nada. Te he destrozado, te he despreciado; como si hubiera pasado una apisonadora por encima».
Entonces le dije: «Mi vida es tuya. Mi vida es tuya». Le añadí: «Quisiera ser como Tú; por Ti hacer lo que Tú has hecho por mí. ¡Quisiera quedarme leproso! Me voy a una leprosería, porque Tú has cargado con mi pecado, con mi lepra y yo quiero ser leproso por Ti y por mis hermanos… Quisiera darte la misma prueba de amor. Tengo que devolverte este Amor».
Por eso, ¡claro!, mi primera ilusión fue: «Me voy a una leprosería. Y si me contagio de la lepra por ayudar a los hermanos, seré feliz».
¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?
Y bien decidido, sin pensarlo más, al momento, como estaba yo estudiando con los Hermanos de La Salle pregunté a uno de ellos: «Hermano, ¿usted me daría una geografía de leproserías?». «Sí, nosotros tenemos muchas y hay Hermanos en ellas, ¿te interesa?». «Sí, sí». Y cuando la leí, digo: «¡Qué cantidad de leprosos! ¡Dios mío!».
Entonces, le dije (a Jesús): «Yo quiero quedar como Tú. Tú has cargado con mi maldición, yo quiero cargar con la maldición de los otros, pues, Tú estás en ellos y dándome a ellos, me doy a Ti». El crucifijo me remitía a una leprosería, y ser leproso, con la ilusión de ser leproso por ellos.
Me dio la impresión de que se me cayera encima.
Lo vi muy abandonado, enfermo, postrado sobre mí para tomarme, al mismo tiempo que me decía, con gran confianza:
«En tus manos está mi destino…».
«¿Cómo pagaré yo a Dios todo el bien que me ha hecho?”» (Sal 116,12).
Fue lo primero que se me ocurrió a mí decir a los catorce años: «¿Puedo yo pagar tanto bien, tanto perdón, tanto amor de Dios?
Me ilusiona quedar como Tú en la cruz, sin figura. ¡Me encantaría! Te lo quiero pagar. ¡Te lo quiero pagar!».
Antiguos amigos
Después tocaron para ir a la Capilla, y al ver el Sagrario, aquel cajón que para mí antes no era nada, ahora era como si lo viera como una persona, no lo hubiera visto más claro, el Dios Eucaristía.
Entonces, vino un diálogo, muy familiar ya, íntimo, de tú a tú, como si fuéramos antiguos amigos. Tan amigos, que hasta me atreví a darle consejos a Jesús.
En aquel tiempo, durante la Guerra civil española se quemaron muchas iglesias, se profanaba la Eucaristía, se llevaba a Jesús a casas de prostitución, etc. Y recordándolo le dije:
«¿Ves Jesús? ¡Esto no puede ser! Tú no debieras haberte quedado en el Sagrario así; “¿Por qué te has puesto así, en un pedacito de pan, indefenso?». «¿Quién te conoce, si eres el último del pueblo? Porque si Tú hubieras ido por las calles, si Tú hubieras hablado, si Tú, el más hermoso entre los hijos de los hombres, hubieras aparecido como un joven de veintiún años, un joven con fuerza, todo esto se hubiera podido evitar».
Pero Él me remitía a mí muy fuertemente diciéndome: «Jaime, y ¿tus pies?».
«¿Te servirían, Jesús?».
«Si tú quieres, serán los míos».
«¡Pues, son tuyos!».
«Jesús, porque si Tú anduvieras por las ciudades y hablaras a la gente, al mundo, tu atraerías a todo el mundo». Él me respondió en mi corazón:
«¿Por qué no me llevas Tú?». «Tus labios son mis labios».
«Y tú, ¿no puedes hablar, está muda tu boca?».
«¿Te iría bien mi boca, mi lengua? Pues, ¡es tuya, Jesús!».
Él seguía preguntándome: «¿Y tu cabeza?, ¿y tu cerebro?».
«¡Es tuyo!».
Recuerdo una pregunta que le hice, que jamás la olvido:
«Entonces, ¿te agradaría, Jesús, ir por aquí, por allá, por las ciudades y por el mundo?».
La respuesta era: «¡Me encantaría!».
«Pues, ¡irás!; Jesús, irás porque mi vida es tuya. ¡Irás!». «¡Contigo, Jesús!».
Lepra de vida eterna
Pero el hecho que no fuera a una leprosería como la del P. Damián de Molokai fue precisamente por el encuentro que tuve con Jesús en la Eucaristía.
Entendí de Él: «¡No! Hay otra lepra. Hay una lepra peor, por la cual he dado la vida, que es la lepra de la vida eterna. Yo no quiero que eternamente seas un leproso, yo te quiero perfecto y también a todos mis hijos. Luego, si quieres verme feliz, cúrame de esta lepra en mis hermanos». «¡Ah, perfecto! ¡Muy bien! ¿Qué tengo que hacer para eso?».
¿Qué tengo que hacer?
Y sin esperarme dos horas ni una hora fui donde el Hermano de La Salle y le pregunté:
«¿Hermano, para llevar a Dios Eucaristía qué tengo que hacer?».
«¡Yo no sé qué te pasa hoy!». «¡Yo tampoco lo sé! Pero quisiera ir a una leprosería».
«Tú serías muy buen hermano de La Salle».
«Pero, ahora resulta que Jesús me ha pedido esto, me dice esto. ¿Y qué hago?».
«Ah, entonces, tendrás que ser sacerdote». Porque en aquellos tiempos, nadie podía tocar la Eucaristía.
Si caía una Hostia, nadie la tocaba... iban a buscar al cura.
«Entonces, tendrás que ir al seminario».
«¿Seminario? ¿Ahí donde se fabrican los curas?
¿Y no hay otro camino?».
«No, no». «Pues mira, conviene que, si tú quieres acompañarle y llevarle y tal... seas sacerdote».
«¿Sacerdote? ¡Lo que nunca hubiera querido en mi vida!». Pues me voy allá, me voy allá en seguida».
Encuentro con el Rector del Seminario
No me haga demorar
Temía perder aquella llamada y por esto me fui al Seminario enseguida, aunque estábamos ya casi a final de curso. Yo estaba terminando el bachillerato. Cuando llegué me preguntaron:
«Muchacho, ¿a qué vienes?».
Digo: «Por lo visto tengo que ser sacerdote».
«Bien, pero ahora no, porque estamos a final de curso».
«¡Por favor, acéptenme, que, si no, voy a perder la vocación!».
«Pero, ¿quieres o no quieres la vocación?».
«Quiero. No es que me atraiga, pero la quiero».
El Rector estaba un poco desconcertado ante mi insistencia.
Digo: «No me haga demorar porque si no, me pierdo».
«No, vete a tu pueblo, pediremos informes a tu parroquia y en el Colegio de La Salle y luego, ya te llamaremos».
Pensé yo: «¿En mi parroquia? Si nunca he sido monaguillo. ¿Cómo podrán dar buenos informes de mí?».
Por eso les insistí: «Por favor, señor, usted arrégleme esto cuanto antes, porque yo no quisiera perder esto. ¡Mande la carta rápido!».
Sentía prisa; y entonces, cuando me vieron tan interesado me dijeron: «Bueno, miraremos nosotros y te escribiremos».
En el Santuario de la Consolación en Alquería
¡Guárdame, Madre!
En aquel tiempo los procesos eran muy lentos. Pero yo estaba tan “así”, tan interesado, que, al irme a mi pueblo, en vacaciones, en lugar de irme a mi casa, me fui a la Virgen, al Santuario de la Consolación y le dije:
«¡Guárdame, guárdame, guárdame esto, que es un tesoro!... Guárdame esta vocación y haz que me llamen pronto, porque si no… Ayúdame, porque yo por mi cuenta y por mis fuerzas no aguantaré ni diez minutos, menos un día y mucho menos una semana, pero contigo todo es distinto».
Primeros pasos en su casa
Después de la llamada
Yo entendí que Cristo me necesitaba y me quería. Entonces me fui allá, al pueblo. Mi familia lo aceptó muy bien, mi madre y mi padre.
Entre mis pecados y fallos vi mi vocación: enseguida se lo dije a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos que soltaron carcajadas al decirles: «Voy a ser cura», diciendo: «¿Tú, cura?» Si a mis 14 años mis padres se hubieran opuesto a mi vocación o me la hubieran demorado, aunque fuera medio año, tal vez yo no hubiera seguido este camino ni haría lo que hago.
Pero mis padres me dijeron: «¡Adelante, hijo, adelante! ¡Lánzate! Son cosas con las que no se puede jugar, porque no eres propietario de tu vida ni de tu destino, ¡ni mucho menos!».
¿Lo has pensado bien?
¡No hay que pensarlo mucho! Yo lo he recordado muchas veces. Si yo hubiera pensado mucho lo de seguir a Cristo, no lo hubiera seguido. «¿Lo has pensado?», me preguntaron una colección de tías muy devotas que tenía.
Yo tenía tanta parentela y tantas tías que cuando oyeron: «Jaime parece que quiere ir al Seminario», se sorprendieron tanto que dijeron: «¡Qué va! De los setenta y tres primos, la mayoría son mejores que él».
Por eso, me lo quisieron preguntar a mí directamente. «Tú, pregúntale -le dijeron todas a una de ellas, que era como la madre superiora del grupo-, ¡díselo tú!».
Yo las veía venir. Entonces, empezaron diciendo:
«Jaime, estamos muy preocupadas».
«¿Sí?, ¿qué pasa?».
«¿Tú has pensado bien esta vocación?».
Digo: «¡No!».
«¿Ves? ¿Ves? ¡Ni lo ha pensado, ni lo ha pensado! Y, ¿por qué no lo piensas?».
Digo: «Porque si lo pienso, no lo seré. Porque ser sacerdote no me agrada nada. No me atrae nada».
«¿Entonces?».
«Entonces, me he encontrado con Cristo y he visto que ha dado la vida por mí. Y como me lo ha dado a entender, mi vida es suya. ¡Listo!».
También vosotros Viendo yo dónde tenían el corazón mis padres, les pude decir con toda sinceridad: «Es imposible que conozcáis personalmente a Jesús, porque con lo que me amáis, si le conocierais me hubierais orientado hacia Él, en vez de dirigir mi mente y mi corazón tanto hacia los estudios. Estoy seguro que es por puro amor que lo hicisteis, pero veo que este amor está desviado y demuestra que no tenéis un conocimiento palpable y vivo de Jesús como Persona». Ante esto, se quedaron un poco sorprendidos: «Pero ¿qué dices?». «Sí, sí. Lo primero es Él. Después de haberme encontrado con Él, veo que conocerle es lo fundamental y es a vosotros, antes que a nadie, a quienes se lo he querido decir».
En la misma conversación, sin tardar mucho, dicen: «Dinos cómo lo tenemos que hacer». Digo: «Tenéis que escucharle. Voy a buscar un buen director que os dé la Palabra y que os la aplique bien». Esto se lo decía yo cuando tenía catorce años.
Después le dije a este director: «Mire, le mando a mis papás, apriételes al máximo, que son mis padres».
«Pon en tu vida alma y mano. Y aprieta, hasta sacar de lo humano, sobrehumano», decía Marquina, un poeta español.
¡Aprieta! Efectivamente, él les ayudó tanto que, luego, me dijeron mis padres: «Jaime, ¿por qué no nos dijiste esto antes?». Digo: «Es que os lo he dicho unas horas después de haber encontrado a Cristo».
Ellos, inmediatamente pensaron en sus hijos y me dijeron: «Pues, ahora, también tus hermanos tienen que conocerlo. Lo tienen que conocer».
Primeros cursos en el seminario
Cristo me necesita Yo pensaba: «¡Ay, Dios mío! porque solo falta un mes para acabar el curso en el Seminario, termina en junio». Era mayo y a final de mayo me llamaron. Yo me puse en el primer curso y como era un poquitín mayorcito, me examiné de este primer curso. Me dieron muy buena nota y me dijeron: «Bueno, ahora tienes tres meses de vacaciones -como es costumbre en España, julio, agosto, septiembre- y en octubre entras definitivamente». Entonces, les pregunté: «Oigan, ¿no me dejarían hacer el segundo curso en verano, que son vacaciones?» Y dijeron: «Lo vamos a mirar». Lo miraron entre los superiores, los profesores y dijeron: «Sí, sí, puedes hacer el segundo curso». Me aprobaron el segundo curso en septiembre.
En La Sapiencia En el Seminario, después de este primer curso, hubo Oposiciones para entrar en el Colegio de La Sapiencia. Era para siete u ocho estudiantes seminaristas y todo era gratis. Me presenté y me aceptaron. Entonces, entré allí, y allí acabé mis estudios sacerdotales.
Si me quisieras tú
En aquel tiempo no tenía novia, porque estaba estudiando, pero me cantaban y me silbaban. Era tremendo esto, a veces me gritaban y me recitaban: «Si me quisieras, te juro yo, esclava por siempre fuera prisionera de tu amor». Esto me lo cantaban viéndome pasar, aun siendo seminarista, ellas tocando el cristal de una tienda: «Si me quisieras, te juro yo…» y que tal y que cual...
¡Vendrán! ¡Me gusta hablar a los jóvenes! Al llegar al pueblo, ya seminarista, yo tendría 14 o 15 años. Le dije al párroco:
«Los chicos del pueblo tienen vacaciones, no hay clase; quiero darles unos ejercicios espirituales»
«¡No! No van a ir de ejercicios espirituales», me dijo.
Pero Jesús me decía: «¡Sí!». Le dije: «¿Y si vienen?» «¡No vendrán! Porque son vacaciones». «¿Por qué no puedo darlos?»
Y enfadado me contestó: «¡Contigo es inútil discutir!».
Llamé a los amigos y les hablé y les dije: «Llamadme a uno por uno (a todos los jóvenes)». Vinieron prácticamente todos. Me aprendí muy bien la primera charla para que continuaran. Respondieron perfectamente. El párroco no sabía qué decir al ver a los chicos entusiasmados.
Lo que te digo transmítelo a otros Yo tuve la libertad de poder ir a predicar a los ancianos de las Hermanitas de los Pobres. Iba también a predicar a los gitanos los domingos. Era obligatorio salir los domingos. Todos teníamos que salir del colegio, pero yo elegí ir a dar catequesis, ir a predicar, a hacer apostolado.
Realmente, si uno ora, se ve impulsado a tenerlo que dar y, a la vez, al tenerlo que dar, lo tiene que recibir.
Es ahí donde uno ve sentido a la oración, donde Dios te dice: «Prepáralo bien, dalo bien. Lo que te digo, transmítelo a otros».
Siendo sacerdote y párroco en Mancor del Valle
Predicar a tiempo y a destiempo El primer año de estar en la parroquia ya empecé a dar Ejercicios. Es verdad que había que atender debidamente a los feligreses, pero no es difícil encontrar algún sacerdote que colabore con todo gusto. Le dije a uno, algo mayor y que tenía tiempo de sobra: «Mira, mientras yo predico en el Santuario (de Santa Lucía), ven tú al pueblo a celebrar la misa, los funerales y las bodas. Atiende tú al pueblo diariamente y yo vendré los domingos».
Además, las mismas personas de la parroquia que hacían Ejercicios, viéndome tan ocupado en la predicación, empezaron a tomarse la responsabilidad de atender a todas las necesidades. Me decían, como pidiéndome un favor: «Permítanos encargarnos de la limpieza y de la organización de la Iglesia. Se lo solucionamos todo; pero usted no deje de predicar».
Los que no podían predicar, atendían a todos estos quehaceres, mientras que todos los que podían se preparaban para predicar.
Siempre con María En mi sacerdocio, María ha sido la Mamá querida, imprescindible, como hijo querido de sus entrañas: en sus brazos y siempre con cuidado y mimo, llevándome de la mano con pulso firme y suave, acogedor y seguro. Mi sacerdocio y mi vida misionera son inseparables de María.
Recordando la vocación
Pasaron los años, y periódicamente Jaime, recordando su vocación, comentaba expresiones llenas de agradecimiento:
«Gracias, mi Rey, Señor y Amigo. Pasaron cincuenta años desde que percibí tu mirada sobre mí. Gracias, infinitas gracias, por estas Bodas que en diciembre próximo podré renovar, reconstruir, consolidar, como alianza eterna. Feliz año jubilar para mí, de Bodas de Oro continuas.
Purifícame, más y más, en el crisol de la humillación, para que solo quedes tú en mí y seamos uno, como Tú eres uno con el Padre.
Gracias porque me mantienes la ilusión de aquella primera mirada recíproca, de aquel amor mutuo, de aquella alianza y entrega, que Tú has hecho irreversible y definitiva.
Gracias por la mayor conciencia de la vocación y de la misión, por el más vivo conocimiento de Ti y de mí; de mi nada y de tu Todo; de mi pecado y de tu Gracia, de mi miseria abundante y de tu misericordia que no tiene fin, y me supera y desborda.
Gracias sobre todo por la amistad creciente con la Trinidad y María». (25 noviembre 1990)
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«¡Qué grande eres mi Señor, mi Amigo Jesús! En Ti quiero invertir toda mi vida y fundir mis horas del día y de la noche. Todo y solo para Ti. A tu gusto.
Ya sabes, mi Jesús: ¡Cincuenta años que me miraste, que arrancaste de mis ojos, distraídos, perdidos entre las aspiraciones del mundo y la vanidad, una mirada fija en Ti! Y te comprendí. Y penetré con mi mirada hasta muy cerca de tu corazón. Diría que permití con fuerza el impulso fuerte de tu latido. Creo que repercutió en todo mi ser.
Recuerdo que rompió totalmente la venda de mis ojos y la corteza de mi corazón y pude, sin intervención, entrar en contacto vivo con tu Amor. Todo fue Amor. Ni hubo coacción alguna, ni siquiera esfuerzo. Todo fue obra tuya, empeño tuyo. Quedé abierto ante Ti como en un quirófano, palpaste mis entrañas y yo puse gozosamente lo más íntimo de mi ser en tus manos.
Hoy, a distancia de cincuenta años, con mayor experiencia de vida y penetrado por tu incisivo, agudo y desbordante Amor misericordioso, siento por Ti, mi Jesús, la misma gratitud. Perdón, Papá Dios, por tanta infidelidad por mi parte. ¡Cómo me dolió haber esperado tanto a acercarme a Ti: a los catorce años! Me duele hoy no haberte correspondido como era de esperar, como debía y como necesitaban tantos hermanos que observabas cariñosamente cuando me abrazabas con tus brazos sangrantes y me besabas con tus labios ardientes, con fiebre de Amor. Pero hoy, sí, mi Jesús. Sí a todo y para siempre.
Mamá querida, es un «sí» el que se oye aún, cuando Tú me das el tono, para que yo corresponda a tanto Amor de la Trinidad. ¡Cuánto quiero corresponder a esa multitud de manos tendidas, de tantos hermanos que esperan y me reclaman al Dios que debía entregarles! Mi “sí” al Padre, a Ti, Papá, a Ti, Jesús y Espíritu de Amor, es un “sí” para multitudes. Gracias, Mamá querida».
(14 diciembre 1990. Siete Aguas)
Carta a la Familia Verbum Dei
«Quiero expresar... que a partir de los catorce años, mi vida, perteneció o pretendió ser de Otro, al servicio de Otro y a merced del gusto de Otro. Y así todo cuanto envolvió esta pobre existencia fue motivado por este Otro, a excepción de mis pecados y desaciertos, que no fueron pocos, que mi Buen Dios me perdona y olvida.
Pido a todos os unáis a la actitud del Dios Bueno, como de buena gana me uno yo con respecto a todos vosotros y a cuantos traté en mi vida. Por lo que mi súplica es que al Buen Dios siempre miréis y a Él solo escuchéis, que no a mí ni a los hombres, sino en aquello que a Dios más os acerca, seduce y cautiva".
Porque lo buenos que sois vosotros, esto sé no ser cosa mía. Pero sí, algo mío puede haber en lo poco malo que podáis descubrir en vuestro curriculum; en esto no dudo que algo pueda haber que sea pertenencia mía. Y esto poco o mucho que a mí corresponda, no grato a Dios ni a vosotros, ni a mí, esto sí que os pido, por la Misericordia de Dios, que no lo guardéis ni me lo devolváis, ni lo heredéis, y separadlo para siempre de vuestro corazón, como quiero yo también confesar ante Dios y ante vosotros hermanos, que ya solo el Amor de Dios, igual para todos, permanezca en mi corazón.
Si os llegara a intimidar el proyecto que Dios nos ha confiado, hasta hacernos dudar, en lo más mínimo, situémonos muy junto a María. Ella escuchó del ángel: "No temas".
Por esto, la Mamá, experta en tal acontecimiento, nos aprieta la mano que prende siempre de Ella, e inicia, sigue y remata nuestro sí, tal vez medio aturdido o torpe, tal vez medio drogado o esclavo de alguna creatura. Por esto nos unimos fraternalmente todos, para que nuestro FIAT, a veces medio confuso, quede envuelto y arropado en el canto festivo, con toda la familia en fiesta continua, aclamando con todo el cielo a la Trinidad y María.
(…) Así que: carísimos en Jesús y María, Familia Verbum Dei: Matrimonios, Misioneros, Misioneras y todos los nuevos brotes y Ramas en que pueda multiplicarse esta joven y fecunda familia: abiertos al Espíritu de la mano de María, anfitriona de la Fiesta, participamos del convite de la Trinidad Santísima, preparado y servido para multitudes, en nuestro propio ser, en la persona de cada uno de nosotros. Así accedemos a la mejor Vida, de la que nada ni nadie nos puede privar ni discutir».
(Loeches, 22 de octubre 1995)
«Yo no le he sido fiel siempre, pero esto me conmueve tanto como hace 60 años.
Cuando no puedo hablar, lo escribo. El amor es cantarín: “quisiera contigo ser uno, ser cuerda, ser nudo, unir los hermanos y hacer de mis manos tus lazos de amor, quisiera Señor, seguir como cordero, ir al degüello, dejando un reguero de sangre de amor. Quisiera, Señor, y cuánto te quiero, te quiero, mi amor”. Claro. Te cautiva Porque imaginaos quién es Dios, y qué eres tú, pecador, para ser su sacramento».
(Loeches, 2000)
Llamada y llamadas
La llamada de Dios no es algo estático, no es un momento puntual para recordar, sino más bien un dinamismo de amor y de vida, que va creciendo, profundizándose en cada etapa de la vida y en todas sus circunstancias.
En los momentos más importantes de su vida, san Pablo recurre al relato de su vocación. Su vocación se convierte en cimiento, defensa, y en fundamento de posteriores discernimientos. De igual modo, Dios nos invita a construir nuestra respuesta desde opciones grandes y opciones pequeñas que van surgiendo en el camino. Por ello, siempre será vital ir al origen de nuestra vida y de nuestra llamada, que se convierte en una brújula para no vivir en la superficie.
Esa primera llamada y fundamento de nuestra vida, se va actualizando a través del discernimiento. Por ello, insiste el papa Francisco en la importancia del discernimiento:
El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer.
Jaime Bonet, movido por su amor a Cristo y a su Humanidad sufriente, introduce en su vida un criterio de discernimiento que siempre le lleva a más: es el criterio de la mayor eficacia apostólica, es decir el deseo de poder dar siempre un fruto abundante y un fruto que permanezca (cf. Jn 15,16).
En su experiencia personal y en la existencia del Verbum Dei vemos, así, cómo este amor actual a Cristo lleva a Jaime a nuevas o renovadas opciones: ir al seminario, proponer a sus compañeros de La Sapiencia la predicación entre ellos, su dedicación a dar ejercicios espirituales siendo sacerdote, la fundación del Verbum Dei, la dedicación exclusiva a la Palabra de Dios; años después, salir de la isla y abrirse a evangelizar en los cinco continentes, construir los Centros, posteriormente salir de ellos e ir en medio de las ciudades, el camino de aprobación jurídica para defender una forma comunional única con varias ramas, su dimisión en el 2001 para dejar paso a nuevas generaciones…
La vida de Jaime Bonet es una peregrinación continua, o como Abraham, un continuo salir de su tierra e ir donde Dios le iba señalando.
1963 Jaime funda el Verbum Dei iniciando el 17 de enero con un grupo de mujeres. El 25 de marzo fueron aprobadas como Asociación Apostólica Laica de “Misioneras Diocesanas”.
1964 Jaime fue enviado a Roma por su obispo con el deseo de que se aprobara el primer “Breve ideal”. Se introdujo el nombre “Verbum Dei”.
1965 Primeros pasos en la fundación de la rama masculina de misioneros y la rama de matrimonios.
1966 En octubre, un grupo eclesial de misioneros fue a la misión en Perú. Las misioneras fueron enviadas a Roma para estudiar teología en el Instituto Regina Mundi.
1969 Aprobación como Pía unión del Verbum Dei con sus tres ramas.
1971 Jaime solicita el traslado de la sede y la dirección del Instituto Apostólico Verbum Dei a Madrid, que sería reconocido por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Vicente Enrique y Tarancón.
1976 Inicia un gran crecimiento y expansión universal de la Fraternidad por los cinco continentes.
1977 Inicio de la creación de los Centros Misioneros de Evangelización
1993 Las ramas de misioneras y misioneros se erigen como Institutos religiosos, y días después, la Asociación Pública de fieles de los Matrimonios y otros Laicos Verbum Dei.
1994 Jaime Bonet participó como invitado especial en la IX Asamblea General del Sínodo de los Obispos (1994) dedicada a la Vida Consagrada.
1994 En este mismo año inicia a estructurar el Verbum Dei con la riqueza de la articulación de la Fraternidad Misionera y de la Familia Misionera con todas sus realidades.
2000 El papa Juan Pablo II, el 15 de abril declaró a la Fraternidad Misionera Verbum Dei como un Instituto de Vida Consagrada de derecho pontificio.
2017 Jaime Bonet, nuestro querido fundador, falleció en la provincia de Madrid el 25 de junio a sus 91 años de edad.
ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO JAIME BONET
Jaime Bonet fue un fuego que arde, que quema y que rápidamente se esparce. Contagiaba naturalmente el fuego que llevaba por dentro, despertando en aquellos que le escuchaban el deseo de entrar en el corazón ardiente de Dios. Podríamos describir a Jaime como la "Zarza Ardiendo" que atrajo a Moisés, en el libro del éxodo, capítulo 3:
¿Cómo es posible que en medio del desierto una zarza ardíera sin consumirse? Era tal el atractivo de este acontecimiento, que el entonces futuro líder del pueblo de Israel se acercó tanto, que pudo escuchar la voz de Dios.
Fue un hombre muy sencillo, pedía ser llamado simplemente "Jaime" . Era como esa zarza que a ojos humanos podría parecer un arbusto espinoso, pero su relación tan íntima con Dios que empezó a sus 14 años, le consumía por dentro, como ese fuego aprisionado en los huesos que no se podía Apagar,
como bien lo describe el profeta Jeremías
(cf Jr. 20, 9).
Él veía en cada persona aún Moisés en búsqueda, donde otros verían un pecador, él encontraba a un futuro líder para guiar al pueblo de Dios. Por lo tanto, su urgencia misionera y su capacidad para confiar en los demás, le hizo rodearse de líderes, personas de todas las edades razas y culturas que captaron la urgencia de Dios a través de ese mismo fuego seductor recibido por el contacto con la palabra y el deseo de predicarla. Y así fue Cómo creció rápidamente el Verbum Dei obra que Dios puso en sus manos.
Como fuego que era, en ocasiones llegó a parecer impetuoso e impulsivo, pero la sed por llevar el amor del padre a todos sus hijos, lo consumía por dentro :"Me apasiona brindar el evangelio vivo, crudo, al natural, a esos grupos de juventud inquieta y rebelde, insatisfecha e conformista, que protesta y se encara, con todo, paraque pueda empuñar la espada de la verdad."
¿Cuál es el secreto de este fuego que le devoraba y le daba esa urgencia misionera constante?
El mismo Jaime lo Explica en una de sus cartas escritas en 1995:
"La mirada afectiva y efectiva de la Trinidad, más allá de toda intuición humana, se concentra en nosotros como toda luz y calor del Sol en un pequeño espejo, sin velos ni interferencias, ni disimulo alguno, en sincera y efectiva pobreza, castidad y obediencia "arde en nuestro corazón y prende en nuestros huesos".
Es el fuego que vino a prender Cristo como llama devoradora, hambrienta de abrazar y abrasar la tierra.Es la hoguera de amor que ansía y necesita nuestra afectividad para nutrir y conformar en Cristo nuestra vocación y misión.
Es el Hogar que cada uno de nosotros está llamado a engendrar, transformar y multiplicar.
Es la razón y el fruto propio, normal, diario, de nuestra oración transformante y generadora de vida. " Jaime Bonet.
¿Me amas más que estos ?
EL PREGÓN DEL EVANGELIZADOR (Jaime Bonet).
POR QUÉ QUIERO EVANGELIZAR.
¿Por qué quiero evangelizar, anunciar la Buena Nueva del Reino, dedicarme a la propagación de la FE hasta los confines de la tierra?
¿Por qué quiero predicar el Evangelio de Jesús de Nazareth, consagrar toda mi vida a la oración y ministerio de la Palabra? ¿Por qué, para qué la Evangelización?
Porque quiero colaborar con toda mi mente, corazón y fuerzas y de la forma más eficaz a la Redención y liberación de todos los hombres.
Quiero que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Que todos puedan verse libres de toda esclavitud.
Porque quiero comunicar esta "buena noticia a los pobres, anunciar la libertad a los cautivos y dar la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61,1-2). "
Para hacer que los cojos anden, los leprosos queden limpios, los sordos oigan y los muertos resuciten" (Mt 11,5).
Porque ansío cambiar el odio en amor, la tristeza en gozo, la angustia y desesperación en optimismo y esperanza, la enfermedad y muerte en vida y resurrección.
Porque anhelo ver amanecer una luz radiante en tantos rostros sombríos, en tantas vidas apagadas, en tantos corazones lúgubres, en tantos pueblos que yacen en las tinieblas y sombras de muerte.
Porque me apremia poner en movimiento a tantas vidas paralizadas, sin rumbo ni sentido, ni ansias de vivir; aburridas y aletargadas, entre dudas y sospechas, incertidumbres e indecisiones, vacíos y complejos, que las quiebran y atrofian para siempre.
Porque añoro calor de hogar en tantas familias, en las que acampa más bien un aire frío de cementerio, casi sin el rescoldo del amor e intimidad, del afecto y cariño, de la espontaneidad y alegría fecunda y creadora.
Me interesa y fascina anunciar la Buena Nueva del Reino, Reino de paz y justicia, Reino de Vida y Amor, para atajar la guerra sin tregua de las distintas naciones y razas, de un continente contra otro, entre las distintas naciones y razas, y detener la lucha fratricida de los hermanos entre sí y de los hijos contra los padres.
Me urge hacer llegar el Evangelio hasta los confines de la tierra para romper las cadenas de tantos esclavos, levantar las losas que aplastan a tantos oprimidos, desatar las vendas que bloquean y eclipsan la mente de tantos desnutridos de pan, de cultura y de fe.
Quiero correr a desatar la soga de millones y millones de jóvenes que, en una desesperación como contagiosa, se alienan en busca de un suicidio colectivo.
Quiero inyectar vida con mi sangre propia, a los que en este como delirio renuncian a vivir y se sepultan en vida. Y a todos con la voz potente del Evangelio gritarles: "Joven, levántate".
No puedo cesar de proclamar la Buena Nueva de liberación, para salvar a los millones de niños cuyas vidas veo romper y desintegrar apenas abren los ojos a la luz, o en el seno mismo de sus madres.
Quisiera impedir la igualmente certísima desesperación y soledad de infierno de las mismas madres inconscientes ahora, de la monstruosidad de su pecado.
Quisiera también evitar la denigrante despreciación a nivel de estorbo y basura con que muchos hijos apartan y marginan el amor entrañable de sus propios padres y abuelos. Y devolver el gozo y la alegría a los que se sienten abandonados y como malditos por sus propios hijos.
Me inquieta y empuja el deseo de que brille el Evangelio sobre la situación crítica de tantas vidas confusas y desconcertadas, sin ningún rayo de luz que cruce su horizonte.
El riesgo mortal de sus pasos inciertos y temerarios, sin ideal que les rija, sólo a merced de una sociedad amorfa y sin espíritu, que les hace tambalear y despeñarse en el vacío de su inanición, sin camino, sin entender el por qué y el cómo de su existir, de su nacer y morir.
Me interesa llegar con el alba, al niño en su mismo germen de vida, en el propio seno materno, para protegerlo y abrigarlo con el calor que requiere y con que el Evangelio lo cuida y dignifica. Al que anhelo ver renacer y ofrecerle el caudal de gracia correspondiente a su dignidad de sacerdote, profeta y rey y que Jesús le adquirió con su sangre. Toda la riqueza del Reino, Bienaventuranzas, que a todos promete y llama.
Me preocupa y ocupa, su normal crecimiento y desarrollo, su educación y perfeccionamiento en el clima propio del amor, imprescindible para su adecuada gestación y nacimiento.
Para que sea conforme y no deforme, para que nazca hombre y no monstruo y que se exprese como normal y no subnormal o anormal. Para que no muera en el frío de la orfandad y del abandono en vida de sus mismos padres y pueda sentir su caricia suave y caliente de ellos sin que le asfixien y estrangulen.
Que desde el primer momento de su existencia encuentre el ambiente caldeado y no quede entumecido en puro feto al fallarle el calor de hogar, clima único que permite el crecimiento y desarrollo propio del hombre formalmente considerado.
Que el niño pueda abrir y desplegar más y más su vida como semilla lozana, sin contratiempos, que la tronchen. Que desarrolle y dilate en plenitud su capacidad afectiva y creadora de darse, de comunicarse y sonreír, en un diálogo de cariño y amor recíproco y mutuo con todos.
Me interesa desplegar la panorámica de la Buena Nueva ante la mirada expectante del adolescente, en la aurora de su vida, cuando va en busca de luz y de verdad, como el empuje y timidez de un paisaje que se asoma, pidiendo los destellos y el calor del sol. Es como un puñado de semillas que se abre a sementeras sin límites ni horizontes.
Nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra: "orationi el ministerio verbi instantes"(Hechos 6,4 ).
Semblanza El sembrador de la Palabra de Dios por todo el mundo
Testigos de la Esperanza
Experiencia de Jaime Bonet
DINAMISMO DE LA PALABRA Práctica de la oración para enseñar a orar
PRIMER PASO DE LA ORACIÓN.- PREPARA LA PALABRA
Es preparar el corazón, la mente, todo tu ser, para tener una actitud y preguntarte
¿Delante de quien estoy?
Has un saludo ......
Pide al Espíritu Santo, confiar en Dios, pide que te ilumine, si vas a escuchar o leer pautas, o el comentario del evangelio ,
escribe en un cuaderno todo lo que en tu corazón Te llama la atención ,y ya es una actitud de fe
¿Crees en la Palabra? ¿Crees que tiene la fuerza para cambiar tu vida?
Despójate de todo aquello que te impide orar
(preocupaciones, problemas, trabajo, estudios )
porque ya cuando has decidido ir a escuchar una predicación, y orar, se supone que ya todo lo has planificado y organizado.
Por lo tanto vas a una oración sosegad@, más tranquil@.
Pídele perdón a Dios.
Agradécele por este rato de oración, por lo bueno que es y nos ama tal cual somos.
Pide el fruto de la oración. Lo puedes desde el evangelio de hoy ,desde el comentario de la palabra.
Ponle un título a tu oración del tema que entiendes que Jesús te habla.
Ejemplo: Entonan la canción: Tú has venido a mi orilla, no has buscado, ni a sabios ni a ricos Señor, tan sólo quieres que yo te siga. Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre, en la arena he dejado mi barca, junto a Ti buscaré otro mar.
Lees la cita " Ven y sígueme
¿Qué frutos intuyes, que vas a obtener, después de tu oración?
El fruto será: El Señor me llama por mi nombre y quiere que yo le siga ( el cómo te lo dirá en oración)
Ponte en manos de María y pídele sencillez de corazón para dejarte guiar por el Espíritu Santo.
Dile que te enseñe a cuidar ese tesoro que Dios te ha regalado, como Ella cuidó a Jesús.
SEGUNDO PASO DE LA ORACIÓN.- ESCUCHA LA PALABRA
Vuelve a leer las pautas escritas o predicadas o el texto bíblico y subraya lo que más te ha impactado o que parecen dirigidas a ti.
Lee la cita detenidamente.
Un ejemplo es el de Jeremías 1,4-10)
"Me llegó una palabra de Yavé: Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.» Es Dios quien te está hablando y con fe escucha esa Palabra que hoy te quiere dirigir, se dirige a ti ahora de manera personal, con tus nombres y apellidos, y te habla en tu lenguaje, porque te conoce, disfruta de su voz cuando lees y agudiza tu oído para escucharle desde tu corazón, desde lo más profundo de tu ser.
Ponte de protagonista en la cita.
En este caso ya no se dirige a Jeremías, se dirige a ti. Ejemplo: A mí, me llegó una palabra de Yavé: Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones.
¿Qué entiendes por su Palabra?
A mí, me dice que me conoce desde que estaba en el seno de mi madre y que antes de que naciera el me consagró para hacer profeta de las naciones.
Aquí comienza el diálogo con el mismo Dios, que está buscando a su criatura y tú sales a su encuentro y le dice habla Señor ,que te escucho.
¿Qué me quieres decir, Señor?
Jesús en su palabra me dice : Conozco, lo más profundo de tí, desde tus entrañas, el fondo de tu corazón, la profundidad de tu mente y todo tu ser, por eso sé lo que eras en el seno de tu madre, desde que estabas ahí, soñé con tu vida y me ilusionaba, pensar, que con mi Palabra, tú irías a sanar los corazones tristes, rotos por las decepciones, malos tratos o tanto activismo: van y vienen, hacen cosas , y se les va la vida, sin llegar a ser felices.
Señor ¿Con que intención, me dices esto?
Jesús:
Mi Padre, cuando te creó a tí y a todos los seres humanos, os ofreció un mundo bonito, todo en orden y en armonía para que disfrutasen, os dió todo, para ser feliz, y sobre todo os regaló mi presencia, nosotros estamos vivos en tu corazón para dialogar, para disfrutar ser feliz con un único proyecto amar como Yo Jesús.
¿Tú, que dices de esto?
Señor Yo siento que en el fondo de mi corazón, deseo un mundo mejor, quisiera amar a todo el mundo conforme tú los amas, mirarlos con tus ojos, quisiera ser como tú, pasar por esta vida haciendo el bien.
Sentir ese llamado a ser como tú, para ayudar a mis hermanos a no estar tristes, deprimidos, que vean lo que tú, cada día nos regalas.
TERCER PASO DE LA ORACIÓN.- ASIMILA LA PALABRA:
Es el momento, más crítico, y que a veces no queremos vivirlo, pero es un paso de conocernos a nosotros mismos, como Dios nos conoce.
Es reconocer que no vivimos lo que entendemos de la Palabra .
Continuamos con el diálogo:
Si deseo hacer el bien ¿Por qué no lo hago?
Jesús, recuesto mi cabeza sobre tu pecho, para sentir el gran amor que tú sientes por mí, quiero escuchar los latidos de tu corazón y sentir que a veces no soy lo buena que quisiera y que no sé corresponder al gran amor que tú me tienes.
Jesús: ¿Por qué?
Me falta la fe para creer en tu Palabra, en todo lo que me dices, que me conoces, que me has dado capacidades para amar a todos, no abro mi corazón para acoger tu Palabra.
Jesús:
¿A quién no puedes acoger?
Discierne lo que has de cambiar:
Jesús:
Sabes, que aunque tú no me veías, ni me conocías, yo estaba a tu lado como hoy, amándote, tanto te he amado que vales el precio de mi sangre, he entregado mi vida, para que tengas vida y vida en abundancia.
Jesús dime ¿cómo volver a ti? ¿Cómo valorar mi vida, como tú la valoras?
Jesús:
Yo mismo te enseñaré a creer en mi Padre, a valorar tu vida, y hacer de ti una persona dócil a mi Palabra y serás lo que mi Padre sueña contigo, profeta de las naciones.
Decídete por su Palabra
Lo que tú me pides Señor, coincide con lo que yo profundamente deseo y me haces feliz, me haces más amiga tuya, y sobre todo me acompañas y me enseñas, cómo vivir tu Palabra, me dispongo a querer a amar a todas las personas sobre todo a las que me rodean y me son difícil de aceptar .
CUARTO PASO DE LA ORACIÓN.- VIVE LA PALABRA
Define concretamente con quién, cuándo y dónde vas a dar vida a la Palabra que Dios te ha regalado hoy.
Es el fruto de la oración, es el tesoro que Dios te ha dado, dile a la Mamá, que te ayude a guardarlo como Ella lo hizo, y que este fruto se haga Vida por obra del Espíritu, para que Jesús se encarne en nosotros.
Gusta y saborea cuán bueno es el Señor
Gracias Papá, Hijo, y Espíritu Santo, porque realmente es un gozo hablar con vosotros, es disfrutar del inmenso Amor-Vida que nos quieren regalar con cada una de sus palabras, ya no soy la misma que cuando empecé la oración, siempre termino feliz, porque me llamas a ser realidad tu sueño, ser feliz, no hay mayor felicidad, que hacer tu voluntad, me haces libre, dar a conocer que tu Amistad es fuente para hacer amistad con cada una de las personas con quien me relacione hoy.
Comparte lo que quieres vivir
Voy a compartir lo que quiero vivir hoy, con mi familia, mis amigos en el trabajo, ahí donde vaya.
QUINTO PASO DE LA ORACIÓN.- ANUNCIA LA PALABRA
Esta oración me puede ayudar para dar pautas, para dar un testimonio de lo que Dios va haciendo con mi vida, puedo prepara una charla, esto hará que permanezca unida a Él y dar frutos en abundancia. Y así seré profeta de las naciones y hazle que otros también sean profetas.
Nota.- ¿Quién es profeta? Aquel a quien Dios reviste de su autoridad para que comunique su voluntad a los hombres y los instruya. Para realizarla según el plan de Dios, es necesario que hablemos verdaderamente en nombre de Dios, o mejor aún, que el Espíritu Santo se sirva de nuestros labios para comunicar sus mensajes a través de nosotros. Profeta es todo cristiano que asume su tarea de anunciar a Jesucristo y denunciar el pecado y los atentados a la vida.