sábado, 26 de septiembre de 2026

Vivir en la fe para dar fruto en la misión.Escuela de Oración.Viernes 9 de octubre

 la fe verdadera no se queda en palabras: nos lleva a vivir en Cristo, a dejarnos transformar por Él y, como consecuencia, a participar en su misión.

LA MISIÓN ES FRUTO DE LA FE
✔️ Vivir en la fe para dar fruto en la misión
 Gálatas 3, 7-13 · Salmo 110 · Lucas 11, 15-26
1. INTRODUCCIÓN: ¿DE DÓNDE NACE LA MISIÓN?
Muchas veces pensamos que la misión consiste principalmente en hacer cosas: predicar, evangelizar, ayudar, servir, hablar de Dios...
Pero la Palabra de hoy nos muestra algo fundamental:
La misión no comienza con lo que nosotros hacemos por Dios, sino con lo que Dios hace en nosotros.
La misión nace de una fe viva.
San Pablo nos dice:
«Los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel».
Por tanto, antes de preguntarnos:
¿Qué estoy haciendo por Dios?
Debemos preguntarnos:
¿Estoy viviendo de la fe? ¿Estoy dejando que Dios transforme mi vida?
2. LA FE NOS HACE HIJOS DE ABRAHÁN
Gálatas 3, 7
«Reconoced que hijos de Abrahán son los de la fe».
Abrahán es el hombre que creyó en Dios y se puso en camino.
La fe de Abrahán no fue solamente creer que Dios existía.
Abrahán creyó y obedeció.
Creyó y salió.
Creyó y caminó.
Creyó y se abandonó en las manos de Dios.
Aquí encontramos una primera enseñanza:
La fe auténtica siempre pone a la persona en camino.
Si realmente creemos en Cristo, nuestra vida comienza a cambiar.
La fe nos saca de la comodidad, del miedo, del egoísmo y de la indiferencia.
La misión comienza cuando dejamos que Dios nos saque de nosotros mismos.

¿Mi fe me está haciendo caminar?
¿Estoy creciendo espiritualmente?
¿Mi relación con Cristo está produciendo frutos?
¿Estoy dispuesto a ir donde Dios me envíe?
3. CRISTO NOS HA LIBERADO PARA VIVIR EN LA FE
San Pablo afirma algo muy fuerte:
«Cristo nos rescató de la maldición de la ley».
Cristo cargó con aquello que nosotros no podíamos cargar.
Jesús nos ha liberado.
Por eso nuestra relación con Dios no debe estar basada simplemente en cumplir normas externamente.
No se trata solamente de:
venir a la comunidad ,
rezar determinadas oraciones,
cumplir determinadas prácticas,
hacer cosas religiosas.
Todo eso puede ser bueno, pero la pregunta fundamental es:
¿Hay una fe viva en mi corazón?
Porque podemos hacer muchas cosas religiosas y, sin embargo, tener el corazón lejos de Dios.
La fe nos lleva a una relación personal con Cristo.
Y cuando una persona experimenta verdaderamente que Cristo la ha salvado, nace el deseo de anunciarlo a los demás.
4. DIOS RECUERDA SIEMPRE SU ALIANZA
El Salmo repite:
«El Señor recuerda siempre su alianza».
Qué hermosa certeza para nuestra vida.
Dios no se olvida de nosotros.
Nosotros podemos olvidarnos de Dios, podemos alejarnos, podemos caer, podemos perder el rumbo...
Pero Dios permanece fiel.
Y precisamente porque Dios es fiel, podemos confiar en Él.
La misión nace también de experimentar la fidelidad de Dios.
Quien ha experimentado la misericordia de Dios puede decir:
«Si Dios ha sido fiel conmigo, yo también quiero ser instrumento de su fidelidad para otros».
Por eso evangelizar no es solamente transmitir una doctrina.
Es compartir una experiencia:
«He descubierto que Dios es fiel.
He descubierto que Cristo me ama.
He descubierto que puedo confiar en Él».
5. JESÚS NOS ENSEÑA QUE EL REINO DE DIOS YA ESTÁ ACTUANDO
En el Evangelio, Jesús libera a un hombre de un espíritu maligno.
Algunos no reconocen la obra de Dios y dicen:
«Por arte de Belzebú...».
Pero Jesús responde:
«Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros».
Aquí encontramos algo muy importante:
Jesús no solamente habla del Reino de Dios: Jesús lo hace presente.
Donde llega Cristo:
llega la libertad,
llega la luz,
llega la esperanza,
llega la sanación,
llega la vida nueva.
Por eso nuestra misión consiste en llevar a Cristo, no simplemente nuestras propias ideas.
No somos nosotros los que transformamos los corazones.
Es Cristo quien transforma.
Nosotros somos instrumentos.
6. «EL QUE NO ESTÁ CONMIGO ESTÁ CONTRA MÍ»
Jesús dice:
«El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».
Estas palabras nos invitan a tomar una decisión.
La fe no puede ser solamente algo secundario en nuestra vida.
No podemos decir:
«Creo en Jesús, pero mi vida sigue exactamente igual».
La fe exige una respuesta.
Pregunta para la comunidad:
¿Estoy realmente con Cristo?
Porque no basta con conocer a Jesús.
Hay que seguirlo.
No basta hablar de Jesús.
Hay que vivir como discípulos de Jesús.
No basta recibir la fe.
Hay que dar fruto de la fe.
7. EL PELIGRO DE UNA CASA VACÍA
Jesús utiliza una imagen muy fuerte:
«Al volver se la encuentra barrida y arreglada».
El espíritu inmundo encuentra la casa vacía y vuelve acompañado de otros siete espíritus.
Aquí encontramos una enseñanza fundamental:
No basta con limpiar nuestra vida; hay que llenarla de Cristo.
Podemos dejar un pecado, una mala costumbre o una situación negativa.
Pero si no llenamos ese espacio con Dios, podemos volver a caer.
No basta con decir:
«Ya no quiero hacer esto».
Tenemos que decir:
«Quiero que Cristo reine en mi vida».
La conversión verdadera no consiste solamente en quitar cosas.
Consiste en dejar que Jesús ocupe el centro.
8. SOMOS CASA DE DIOS
San Macario nos recuerda:
«Su casa, somos nosotros».
Qué hermosa imagen para predicar:
Mi corazón es una casa.
Y podemos preguntarnos:
¿Quién está viviendo en mi casa?
¿Está Cristo?
¿O está llena de preocupaciones, resentimientos, miedos, ambiciones, egoísmo y heridas?
Cuando Cristo habita en nosotros, nuestra vida comienza a adquirir:
orden,
paz,
belleza,
gracia,
esperanza.
Y entonces nuestra vida comienza también a ser testimonio para los demás.
La misión comienza dentro de nosotros.
Primero Cristo transforma mi corazón.
Después, a través de mí, puede transformar mi familia, mi comunidad y a las personas que encuentro.
9. LA FE SE CONVIERTE EN MISIÓN
Aquí podemos unir todas las lecturas.
Abrahán creyó → y se puso en camino.
Cristo nos salvó → y nos dio la promesa del Espíritu.
El Reino de Dios llegó → y Jesús comenzó a liberar y transformar.
Cristo entra en nuestra casa → y nuestra vida comienza a cambiar.
Por eso:
FE → TRANSFORMACIÓN → TESTIMONIO → MISIÓN
La misión no es una obligación externa.
La misión es el fruto natural de una fe viva.
Cuando una persona descubre realmente a Cristo, comienza a querer que otros también lo conozcan.
10. CONCLUSIÓN: ¿QUÉ QUIERE HACER DIOS CONMIGO?
Podemos terminar con tres preguntas:
1. ¿Tengo fe o solamente tengo prácticas religiosas?
2. ¿Está Cristo verdaderamente viviendo en mi corazón?
3. ¿Mi fe está produciendo fruto para los demás
 Dios llamó a Abrahán y Abrahán creyó.
Cristo vino, nos liberó y nos llamó.
Ahora también nos llama a nosotros.
No podemos guardar la fe solamente para nosotros.
La fe recibida se convierte en misión.
La experiencia del amor de Dios se convierte en testimonio.
La transformación interior se convierte en servicio.(Experiencia con mi hermana en Colombia.)
Y el encuentro con Cristo se convierte en deseo de llevar a Cristo a los demás.
✔️QUEDEMONOS CON ESTA FRASE 
«La misión no nace primero de nuestras fuerzas; nace de una fe viva. Cuando Cristo habita en nuestro corazón, nuestra vida comienza a anunciarlo».
quiero terminar con esta 
ORACIÓN 
Jesús,
aumenta nuestra fe.
Haz que no seamos una casa vacía,
sino una casa donde Tú habites.
Transforma nuestro corazón,
llénanos de tu Espíritu
y haznos instrumentos de tu Reino.
Que nuestra fe no se quede solamente en palabras,
sino que produzca frutos.
Como Abrahán,
queremos creer y ponernos en camino.
Envíanos, Señor,
para que por medio de nuestra vida
otras personas puedan conocerte,
amarte y experimentar tu misericordia.
Amén.

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