lunes, 17 de agosto de 2026

ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO JAIME BONET


UN FUEGO  QUE ENCENDIÓ OTROS FUEGOS

Jaime Bonet fue un fuego que arde, que quema  y que rápidamente se esparce. Contagiaba naturalmente el fuego que llevaba por dentro, despertando en aquellos que le escuchaban el deseo de entrar en el corazón ardiente de Dios. Podríamos describir a Jaime como la "Zarza Ardiendo" que atrajo a Moisés, en el libro del éxodo, capítulo 3:

¿Cómo es posible que en medio del desierto una zarza ardíera  sin consumirse? Era tal el atractivo de este acontecimiento, que el entonces futuro líder del pueblo de Israel se acercó tanto, que pudo escuchar la voz de Dios. 


Fue un hombre muy sencillo, pedía ser llamado simplemente "Jaime" . Era como esa zarza que a ojos humanos podría parecer un arbusto espinoso, pero su relación tan íntima con Dios que empezó a sus 14 años, le consumía por dentro, como ese fuego aprisionado en los huesos que no se podía Apagar, 

 como bien lo describe el profeta Jeremías

(cf Jr.  20, 9).

Él veía en cada persona aún Moisés en búsqueda, donde otros verían un pecador, él encontraba a un futuro líder para guiar al pueblo de Dios. Por lo tanto, su urgencia misionera y  su capacidad para confiar en los demás, le hizo rodearse de líderes, personas de todas las edades razas y culturas  que captaron la urgencia de Dios a través de ese mismo fuego seductor recibido por el contacto con la palabra y el deseo de predicarla. Y así fue Cómo creció rápidamente el Verbum Dei obra que Dios puso en sus manos. 

Como fuego que era, en ocasiones llegó a parecer impetuoso e impulsivo, pero la sed por llevar el amor del padre a todos sus hijos, lo consumía por dentro :"Me apasiona brindar el evangelio vivo, crudo, al natural, a esos grupos de juventud inquieta y rebelde, insatisfecha e conformista, que protesta y se encara, con todo, paraque pueda empuñar la espada de la verdad."

 ¿Cuál es el secreto de este fuego que le devoraba y le daba esa urgencia misionera constante? 

El mismo Jaime lo Explica en una de sus cartas escritas en 1995:

"La mirada afectiva y efectiva de la Trinidad, más allá de toda intuición humana, se concentra en nosotros como toda luz y calor del Sol en un pequeño espejo, sin velos ni interferencias, ni disimulo alguno, en sincera y efectiva pobreza, castidad y obediencia "arde en nuestro corazón y prende en nuestros huesos".

Es el fuego que vino a prender Cristo como llama devoradora, hambrienta de abrazar y abrasar la tierra.Es la hoguera de amor que ansía y necesita nuestra afectividad para nutrir y conformar en Cristo nuestra vocación y misión. 

 Es el Hogar  que cada uno de nosotros está llamado a engendrar, transformar y multiplicar.

 Es la razón y el fruto propio, normal, diario, de nuestra oración transformante y generadora de vida. " Jaime Bonet. 


 

EL PREGÓN DEL EVANGELIZADOR (Jaime Bonet).


POR QUÉ QUIERO EVANGELIZAR.


¿Por qué quiero evangelizar, anunciar la Buena Nueva del Reino, dedicarme a la propagación de la FE hasta los confines de la tierra? 

¿Por qué quiero predicar el Evangelio de Jesús de Nazareth, consagrar toda mi vida a la oración y ministerio de la Palabra? ¿Por qué, para qué la Evangelización?

Porque quiero colaborar con toda mi mente, corazón y fuerzas y de la forma más eficaz a la Redención y liberación de todos los hombres.

 Quiero que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

 Que todos puedan verse libres de toda esclavitud. 

Porque quiero comunicar esta "buena noticia a los pobres, anunciar la libertad a los cautivos y dar la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61,1-2). "

Para hacer que los cojos anden, los leprosos queden limpios, los sordos oigan y los muertos resuciten" (Mt 11,5). 

Porque ansío cambiar el odio en amor, la tristeza en gozo, la angustia y desesperación en optimismo y esperanza, la enfermedad y muerte en vida y resurrección.

Porque anhelo ver amanecer una luz radiante en tantos rostros sombríos, en tantas vidas apagadas, en tantos corazones lúgubres, en tantos pueblos que yacen en las tinieblas y sombras de muerte. 

Porque me apremia poner en movimiento a tantas vidas paralizadas, sin rumbo ni sentido, ni ansias de vivir; aburridas y aletargadas, entre dudas y sospechas, incertidumbres e indecisiones, vacíos y complejos, que las quiebran y atrofian para siempre.

Porque añoro calor de hogar en tantas familias, en las que acampa más bien un aire frío de cementerio, casi sin el rescoldo del amor e intimidad, del afecto y cariño, de la espontaneidad y alegría fecunda y creadora. 

Me interesa y fascina anunciar la Buena Nueva del Reino, Reino de paz y justicia, Reino de Vida y Amor, para atajar la guerra sin tregua de las distintas naciones y razas, de un continente contra otro, entre las distintas naciones y razas, y detener la lucha fratricida de los hermanos entre sí y de los hijos contra los padres.

Me urge hacer llegar el Evangelio hasta los confines de la tierra para romper las cadenas de tantos esclavos, levantar las losas que aplastan a tantos oprimidos, desatar las vendas que bloquean y eclipsan la mente de tantos desnutridos de pan, de cultura y de fe. 

Quiero correr a desatar la soga de millones y millones de jóvenes que, en una desesperación como contagiosa, se alienan en busca de un suicidio colectivo.
Quiero inyectar vida con mi sangre propia, a los que en este como delirio renuncian a vivir y se sepultan en vida. Y a todos con la voz potente del Evangelio gritarles: "Joven, levántate". 

No puedo cesar de proclamar la Buena Nueva de liberación, para salvar a los millones de niños cuyas vidas veo romper y desintegrar apenas abren los ojos a la luz, o en el seno mismo de sus madres. 

Quisiera impedir la igualmente certísima desesperación y soledad de infierno de las mismas madres inconscientes ahora, de la monstruosidad de su pecado. 

Quisiera también evitar la denigrante despreciación a nivel de estorbo y basura con que muchos hijos apartan y marginan el amor entrañable de sus propios padres y abuelos. Y devolver el gozo y la alegría a los que se sienten abandonados y como malditos por sus propios hijos. 

Me inquieta y empuja el deseo de que brille el Evangelio sobre la situación crítica de tantas vidas confusas y desconcertadas, sin ningún rayo de luz que cruce su horizonte.

El riesgo mortal de sus pasos inciertos y temerarios, sin ideal que les rija, sólo a merced de una sociedad amorfa y sin espíritu, que les hace tambalear y despeñarse en el vacío de su inanición, sin camino, sin entender el por qué y el cómo de su existir, de su nacer y morir.

Me interesa llegar con el alba, al niño en su mismo germen de vida, en el propio seno materno, para protegerlo y abrigarlo con el calor que requiere y con que el Evangelio lo cuida y dignifica. Al que anhelo ver renacer y ofrecerle el caudal de gracia correspondiente a su dignidad de sacerdote, profeta y rey y que Jesús le adquirió con su sangre. Toda la riqueza del Reino, Bienaventuranzas, que a todos promete y llama. 

Me preocupa y ocupa, su normal crecimiento y desarrollo, su educación y perfeccionamiento en el clima propio del amor, imprescindible para su adecuada gestación y nacimiento. 

Para que sea conforme y no deforme, para que nazca hombre y no monstruo y que se exprese como normal y no subnormal o anormal. Para que no muera en el frío de la orfandad y del abandono en vida de sus mismos padres y pueda sentir su caricia suave y caliente de ellos sin que le asfixien y estrangulen.

Que desde el primer momento de su existencia encuentre el ambiente caldeado y no quede entumecido en puro feto al fallarle el calor de hogar, clima único que permite el crecimiento y desarrollo propio del hombre formalmente considerado. 

Que el niño pueda abrir y desplegar más y más su vida como semilla lozana, sin contratiempos, que la tronchen. Que desarrolle y dilate en plenitud su capacidad afectiva y creadora de darse, de comunicarse y sonreír, en un diálogo de cariño y amor recíproco y mutuo con todos. 

Me interesa desplegar la panorámica de la Buena Nueva ante la mirada expectante del adolescente, en la aurora de su vida, cuando va en busca de luz y de verdad, como el empuje y timidez de un paisaje que se asoma, pidiendo los destellos y el calor del sol. Es como un puñado de semillas que se abre a sementeras sin límites ni horizontes.

Nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra: "orationi el ministerio verbi instantes"(Hechos 6,4 ).

Semblanza El sembrador de la Palabra de Dios por todo el mundo



El sembrador de la Palabra de Dios en los cinco continentes 

Testimonio vocacional en el centenario de Jaime Bonet Bonet

Quisiera agradecer, en este centenario del nacimiento de nuestro fundador, Jaime Bonet Bonet, a quien tuve el regalo de conocer hace más de cuarenta y dos años de vida misionera.
La celebración de los cien años de vida de Jaime Bonet evoca en mi corazón el pasaje del libro del Génesis (15,5), en el que Dios promete a Abraham una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las arenas del mar. Contemplando la vida y la misión de nuestro fundador, es inevitable reconocer en ella una fecundidad espiritual que se ha extendido por generaciones y que continuará dando fruto en la historia de la Iglesia.
Tuve la gracia de conocer a Jaime Bonet siendo muy joven, en el año 1979, en el barrio El Salvador de Medellín, Colombia. Nos encontrábamos reunidos un grupo de jóvenes en la casa de las misioneras cuando nos lo presentaron. 
Aquella fue la primera vez que escuché la voz de un fundador que nos invitaba a entregar la vida a Jesús y a anunciar su Palabra en los cinco continentes.
Yo tenía entonces 18 años. Recuerdo que escuchaba con emoción aquella llamada a la misión y pensaba para mis adentros:
“¡Qué hermoso para quienes puedan recorrer el mundo anunciando el Evangelio!”
En aquel momento no comprendía plenamente el alcance de sus palabras, pero sí percibía con claridad algo que marcó profundamente mi corazón: estaba ante un hombre profundamente enamorado de Cristo.
Mientras escuchaba la proclamación de la Palabra, sentí que aquella semilla de la Palabra de Dios despertaba dentro de mí el deseo de ir por todo el mundo anunciándola. 
Era como si Jesús mismo estuviera sembrando en el corazón de todos los jóvenes que nos encontrábamos allí.
En mi interior surgía un deseo silencioso:
“Me encantaría… pero esto no es para mí”.
Sin embargo, aquella pequeña semilla había comenzado ya su misterioso camino de crecimiento.
Con el paso de los años fui invitada a participar en unos ejercicios espirituales. 
Allí me encontré nuevamente con nuestro fundador, que predicaba aquellos quince días de retiro en completo silencio. 
Eran ejercicios vocacionales, aunque yo entonces no lo sabía.
Al concluir los ejercicios me pidieron que hablara con él. Recuerdo con gratitud cómo me acogió con una sonrisa serena y paternal. Con sencillez me preguntó cómo me encontraba. Yo, muy tímida y de pocas palabras, solo acerté a decir que deseaba conocer a Jesús.
Su respuesta fue inmediata y llena de entusiasmo. Me dijo que sí, que podía estudiar teología y dar a conocer a Jesús por todo el mundo.
 En ese momento no comprendía plenamente lo que aquellas palabras significaban, pero sí comprendí algo esencial: el sembrador de la Palabra estaba sembrando nuevamente en mi vida una llamada a la consagración total a Jesús.
Aquella semilla siguió creciendo. Más adelante participé en unos ejercicios espirituales de mes con las misioneras del Verbum Dei. Durante aquellos días, escuchando nuevamente a Jaime Bonet —apóstol de la Palabra y testigo apasionado de Cristo— hablar de la entrega total de la vida al Señor y de la misión de anunciar el Evangelio por todo el mundo, mi corazón pudo responder con un “sí” definitivo.
El 19 de julio de 1983 di un paso decisivo al entrar en la comunidad Verbum Dei.
Desde entonces puedo reconocer con claridad cómo aquella semilla inicial fue siendo regada y fortalecida a través de la predicación constante de la Palabra.
 Año tras año, especialmente en los ejercicios espirituales de mes, la enseñanza de nuestro fundador alimentaba y hacía crecer la vocación recibida.
Por eso me gusta contemplar la figura de Jaime Bonet como el sembrador de la Palabra de Dios, aquel que ha esparcido la semilla del Evangelio por los cinco continentes, alcanzando incluso el rincón donde yo me encontraba, en Medellín.
Más adelante, en el tiempo de formación, fui enviada a estudiar a Alcalá de Henares. 
Allí experimenté nuevamente su presencia formadora a través de pautas de oración, escuelas de formación y encuentros comunitarios.
De modo particular recuerdo el tiempo de preparación para nuestros votos perpetuos. Durante seis meses, junto con Anita Moranta, nos acompañó explicándonos las constituciones, el carisma y el sentido profundo de nuestra consagración en el Verbum Dei.
Tras ese tiempo de preparación, un grupo de misioneras procedentes de distintos continentes tuvimos la gracia de realizar nuestros votos perpetuos, después de un mes de ejercicios espirituales predicados por nuestro fundador en Siete Aguas, Valencia, España, en el año 1988.
Puedo decir que en cada etapa de mi vida —la del primer encuentro, la de la formación y la de la misión— experimenté la cercanía del sembrador de la Palabra.
Durante los años de misión en Latinoamérica, Jaime continuó acompañándonos, predicando ejercicios espirituales y dialogando con nosotros sobre la vivencia del carisma.
Conservo también recuerdos sencillos pero profundamente significativos, como aquel campamento en Siete Aguas con un grupo de jóvenes. Le pedimos si podía dirigirse a ellos y, con la disponibilidad que siempre le caracterizaba, subió hasta el albergue para encontrarse con ellos. Con su entusiasmo habitual les habló de Jesús y supo encender en sus corazones el deseo de conocerlo más y de anunciar la Palabra de Dios.
En aquellos años Jaime ya vivía en el poblado de Siete Aguas y el paso del tiempo iba limitando sus fuerzas. Sin embargo, continuaba siendo fiel al carisma recibido: oración, predicación de la Palabra y testimonio de vida.
Era frecuente verlo orando ante el Sagrario en la capilla del Pesebre, o predicando en la Eucaristía y en los ejercicios espirituales. Recuerdo especialmente el año 2003, cuando, a pesar de la etapa que estaba viviendo, seguía siendo el sembrador de la Palabra, alentándonos siempre a vivir con profundidad nuestra consagración.
Al contemplar mi propia historia vocacional puedo reconocer tres etapas profundamente marcadas por su presencia: el primer encuentro, la etapa de formación y la etapa apostólica.
Por ello, al celebrar los cien años de vida de Jaime Bonet Bonet, doy gracias a Dios por el don de su vida y por la fecundidad espiritual que ha suscitado en la Iglesia. Su vida nos recuerda que quien siembra la Palabra con fidelidad y pasión permite que Dios mismo haga crecer la semilla en innumerables corazones.
Entre esas semillas, con profunda gratitud, reconozco también la mía.
Gracias, Jaime.
Luisa Elena Vélez Henao 
Misionera Verbum Dei

Experiencia de Jaime Bonet

Si existes hazme feliz
 Entonces tomé en mi mano un crucifijo bastante grande que 
tenía cerca
Era la primera vez que lo hacía con algo de 
interés. Lo besé. Ante este Cristo, marcado de llagas y sangre, 
roto, medio deshecho y digo: «¿Qué le voy a pedir?» Pues yo 
tenía siempre una respuesta cuando me preguntaban qué 
quería ser de mayor. Yo decía, «cualquier cosa menos cura o 
fraile». 
Entonces, yo pensé que ya solo faltaba que me pidiera esto. 
Para prevenirlo, yo le voy a pedir otra cosa: «¡Si existes, dame 
una felicidad mayor!» Porque yo estaba bien, con mis estudios, 
el deporte, etc. ¡Le seguía mirando muy fijamente, muy serio!
Le dije: «Si existes, hazme feliz». Y esperé la respuesta. ¡Me 
dio tal alegría! Una alegría para mí desconocida, pero tan 
entusiasmante, que yo no podía aguantar tanta belleza y me 
dije: «Bueno, puede ser algo psicológico, algo sintomático». 
Pero me fue en aumento.
Quisiera ser como Tú
6. Poco después, al ver al Cristo destrozado le digo: «¿Qué te ha 
pasado?» No tenía figura, aspecto, era como un Cristo leproso, 
monstruoso, como si allí recobrara el movimiento de sus venas
y la vida, y hablaba como ser vivo. 
¿Qué te ha pasado? Y Él me respondió en mi corazón: «Has 
pasado tú». Y yo le dije: «Tienes razón, porque llevo 14 años y 
 
1 En un primer momento, Jaime está en su habitación y toma un Cristo ante 
el cual ora y experimenta su primer encuentro vivo y personal. 8
no te he dicho nada, ni palabra, y Tú 
me has dado esta vida. Si yo hubiera 
pasado un día sin saludar a mi padre 
y a mi madre hubiera sido un disgusto 
y llevo 14 años sin decirte nada. Te he 
destrozado, te he despreciado; como 
si hubiera pasado una apisonadora 
por encima». 
Entonces le dije: «Mi vida es tuya. Mi 
vida es tuya». Le añadí: «Quisiera ser 
como Tú; por Ti hacer lo que Tú has 
hecho por mí. ¡Quisiera quedarme 
leproso! Me voy a una leprosería, 
porque Tú has cargado con mi 
pecado, con mi lepra y yo quiero ser leproso por Ti y por mis 
hermanos… Quisiera darte la misma prueba de amor. Tengo 
que devolverte este Amor». Por eso, ¡claro!, mi primera ilusión 
fue: «Me voy a una leprosería. Y si me contagio de la lepra por 
ayudar a los hermanos, seré feliz».
¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?
7. Y bien decidido, sin pensarlo más, al momento, como estaba 
yo estudiando con los Hermanos de La Salle pregunté a uno de 
ellos: «Hermano, ¿usted me daría una geografía de 
leproserías?». «Sí, nosotros tenemos muchas y hay Hermanos 
en ellas, ¿te interesa?». «Sí, sí». Y cuando la leí, digo: «¡Qué 
cantidad de leprosos! ¡Dios mío!». 
Entonces, le dije (a Jesús): «Yo quiero quedar como Tú. Tú has
cargado con mi maldición, yo quiero cargar con la maldición de 
los otros, pues, Tú estás en ellos y dándome a ellos, me doy a 
Ti». El crucifijo me remitía a una leprosería, y ser leproso, con 
la ilusión de ser leproso por ellos2
.
 
2 Jaime estuvo en una leprosería por primera vez en Manila, Filipinas, en el 
año 1981. Después del viaje comentó: “Yo nunca había visto aquello. Muchos 
años después, pude verlos en persona al vivo. Cuando asistí a una de
aquellas leproserías de cinco mil hombres sin aspecto ni figura,
abandonados, ¡leprosos!, que me recordaban mi primera experiencia cuando
me encontré con el Crucifijo muerto por mí”. 9
Me dio la impresión de que se me 
cayera encima. Lo vi muy abandonado, 
enfermo, postrado sobre mí para 
tomarme, al mismo tiempo que me 
decía, con gran confianza: «En tus 
manos está mi destino…»3
.
«¿Cómo pagaré yo a Dios todo el bien 
que me ha hecho?”» (Sal 116,12). Fue 
lo primero que se me ocurrió a mí decir 
a los catorce años: «¿Puedo yo pagar 
tanto bien, tanto perdón, tanto amor de 
Dios? Me ilusiona quedar como Tú en 
la cruz, sin figura. ¡Me encantaría! Te lo quiero pagar. ¡Te lo 
quiero pagar!».
Antiguos amigos
8. Después tocaron para ir a la Capilla4
, y al ver el Sagrario, aqu

TALLER DE ORACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS

TALLER DE ORACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS

“SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR”

  1. Objetivo general: enseñar a las personas la oración con la Palabra de Dios que lleve a un encuentro vivo con Cristo. 

Objetivos prácticos: 

  • Presentar la importancia y centralidad de la Palabra de Dios para la vida cristiana. 

  • Dar herramientas teóricas y prácticas para aprender de manera sencilla el proceso de la oración con la Palabra de Dios. 

  1. Método: Dinamismo de la Palabra de Dios (modo peculiar de orar en el Verbum Dei). 

  2. Este dinamismo consiste en la convicción de que en la Palabra que se lee es el mismo Logos quien está presente y actuante, y al orarla produce en la persona el mismo dinamismo trinitario de unidad y misión. 

“La Palabra de Dios, escuchada, asimilada y vivida nos transmite la misma Vida de Dios y nos hace uno con la Palabra viva Cristo” (Constituciones Verbum Dei 22).

Programa 

1ª sesión: Introducción 

  • Importancia de la Palabra de Dios. 

  • Orar es dialogar con Dios. 

  • Conocer el dinamismo de la Palabra de Dios. 

  • Primer paso: Preparar el encuentro con Dios/Condiciones para orar 

2ª sesión: Escucha de la Palabra 

  • Leer atentamente la Palabra 

  • Escuchar el mensaje que Dios me dirige 

3ª sesión: Asimilación de la Palabra 

  • Contrastar el mensaje con mi vida personal 

  • Contemplar a Dios en su Palabra 

  • Discernir y optar por lo que Dios me dice a la luz de la Palabra 

4ª sesión: Vivencia personal y comunitaria de la Palabra 

  • Concretar lo escuchado en mi vida personal, en diálogo con Dios. 

  • Concretar lo escuchado en la vida eclesial y social 

5ª sesión: Anuncio de la Palabra 

  • Identificar el mensaje que he recibido 

  • Pensar a quien deseo transmitirlo para que sea amigo de Jesús

Retiro de oración 

  • Hacer experiencia de este dinamismo de profundización en la Palabra 

  • Hacer experiencia de encuentro con Dios a través de la Palabra

CORPUS CHRISTI


RECORDAR LOS REGALOS DE DIOS
 

"Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer..."Deuteronomio 8,2-3

Introducción
Estás palabras Moisés las decía 
Al pueblo de Israel que debía recordar los cuarenta años de desierto para descubrir que Dios nunca los abandonó. 
También nosotros, al mirar nuestra historia, podemos reconocer los grandes regalos que Dios nos ha dado.

La fiesta del Corpus Christi nos ayuda a contemplar el mayor de esos regalos: Jesús Eucaristía, que permanece con nosotros para siempre.
I. RECORDAR LOS GRANDES REGALOS DE DIOS
1. La Encarnación
Dios se hizo hombre.
Jesús asumió nuestra condición humana para enseñarnos a vivir como verdaderos hijos de Dios y para salvarnos mediante su muerte en la cruz.
"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14).
2. La Resurrección
Jesús no nos dejó a mitad de camino.
Resucitó y continúa caminando con la humanidad.
La obra que comenzó la llevará hasta el final.
Antes de ascender al cielo nos dejó una misión:
Anunciar el Evangelio.
Enseñar lo que hemos recibido.
Hacer discípulos.
Y nos prometió:
"Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
3. El Espíritu Santo en Pentecostés
El Espíritu Santo nos capacita para ser testigos.
No predicamos con nuestras fuerzas sino con la fuerza de Dios.
Hemos experimentado cómo el Espíritu sigue actuando hoy, reuniendo personas de diferentes lugares y haciendo que den testimonio de Cristo.
4. El Don de la Trinidad
No estamos solos.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo habitan en nosotros.
La Trinidad ha hecho de nuestro corazón su morada.
Ya no vivimos en la orfandad espiritual.
Tenemos hogar, compañía y comunión permanente con Dios.

II. EL GRAN REGALO DEL CORPUS CHRISTI: JESÚS EUCARISTÍA
1. Jesús quiso quedarse con nosotros
Qué inmenso regalo celebra hoy la Iglesia.
Jesús no quiso abandonarnos.
Se quedó realmente presente en la Eucaristía.
No permanece encerrado.
Sale por las calles del mundo en las procesiones de Corpus Christi para recordar que quiere caminar con su pueblo.
2. Jesús se quedó para alimentarnos
Moisés decía:
"No solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios" (Dt 8,3).
Durante años hemos sido alimentados por:
El pan de la Palabra.
El pan de la Eucaristía.
3. La Eucaristía nos une en un solo cuerpo
San Pablo nos enseña:
"El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo" (1 Co 10,17).
Comer el Cuerpo de Cristo significa:
Vivir la comunión.
Practicar el perdón.
Construir la fraternidad.
Participar de la vida misma de Dios.
III. EL MISTERIO DEL PAN DE VIDA
Jesús afirma:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre" (Jn 6,51).
Muchos se preguntaron:
"¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
La Eucaristía solo puede comprenderse plenamente desde la fe.
Jesús responde:
"Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida."
Cuando recibimos la Comunión:
Cristo habita en nosotros.
Nosotros habitamos en Él.
Participamos de su vida divina.
IV. LOS FRUTOS DE LA EUCARISTÍA
1. Nos cura la soledad
Jesús cumple su promesa:
"Yo estoy con vosotros todos los días."
Nunca caminamos solos.
2. Sana nuestra memoria y nuestras heridas
Como recuerda el Papa Francisco:
La Eucaristía es un remedio contra la tristeza, la resignación y el egoísmo.
Cristo sana el corazón desde dentro.
3. Nos impulsa a amar
La comunión verdadera siempre conduce a la fraternidad.
No podemos compartir el mismo Pan y vivir divididos.
Donde hay Eucaristía debe haber:
Unidad.
Perdón.
Misericordia.
Servicio.

4. Nos transforma en Cristo
Decía Santo Tomás de Aquino:
"En la cruz estaba oculta la divinidad; en la Eucaristía está oculta  la humanidad."
Cristo entra en nuestra vida para transformarnos.
La Eucaristía actúa como un remedio espiritual:
Sana el pecado.
Debilita el egoísmo.
Fortalece la caridad.
Nos hace cada vez más semejantes a Jesús.

V. JESÚS QUIERE SEGUIR CAMINANDO POR EL MUNDO A TRAVÉS DE NOSOTROS
Jaime Bonet nuestro fundador  contaba cómo comprendió que Jesús quería seguir recorriendo el mundo mediante sus discípulos.
Jesús también quiere decirnos a nosotros  hoy:
Tus pies serán mis pies.
Tu voz será mi voz.
Tus manos serán mis manos.
Tu corazón será mi corazón.
La Eucaristía no es solo para adorar a Jesús.
Es para convertirnos en Jesús para los demás.

Al recordar todo el camino recorrido, podemos reconocer que Dios nunca nos ha abandonado.
Nos ha regalado:
La Encarnación.
La Resurrección.
El Espíritu Santo.
La Trinidad.
Y, de manera especial, la Eucaristía.
Ante tanto amor surge una pregunta:
¿Cómo puedo ser hoy pan partido para mi familia, para mi comunidad y para el mundo?
Pidamos a Jesús Eucaristía que nos enseñe a amar como Él ama, a servir como Él sirve y a entregarnos como Él se entrega.


Corpus Christi. DOMINGO · Ciclo A · Solemnidad

Los Regalos de Dios con mi vida y con toda la humanidad 

Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto 

No podemos olvidar los regalos de Dios 
 1 La Encarnación
 

Te hiciste Hombre para enseñarnos a vivir como hombres desde tu humanidad y salvarnos desde la Cruz .

2 La Resurreccion

Resucitaste   continuando el camino empezado con los discípulos y toda la humanidad realmente no nos dejaste a mitad de camino , la obra que comenzaste la llevarás hasta el final.

Nos dejaste el relevo misionero 

Dándonos el poder de enseñar todo lo que hemos recibido Mt.28,18.20

Y prometiendonos que estarás hasta el final de los tiempos desde una nueva presencia viva Resucitada.


3 El Espíritu Santo en Pentecostés 

Quien nos ha capacitado para ser sus testigos y lo hemos experimentado en la vigilia en el pueblo de  Sineu,los que estuvimos presente presenciamos , como empezaron a dar testimonio personas de distintos lugares del mundo .

Otro regalo más 

4. La Trinidad 

No solo se quedó Jesús resucitado ,el Espíritu  Santo en Pentecostés  ahora se quedan los Tres.

 El Padre,el Hijo y el Espíritu Santo.

La Trinidad en pleno dentro de nosotros,siendo nuestros huéspedes,conviviendo con nosotros en una eterna compañía Ya no hay soledad,ni orfandad  hay  calor de hogar.

Y continúan los regalos 

5. La Eucaristía Corpus Xristi

Que regalo tan grande que celebraremos en toda la iglesia este Domingo. 

Jesús Eucaristía  que se ha quedado con nosotros para siempre y no se  ha quedado  encerrado en una capilla sale por todas las calles del mundo en procesión  y multitudes  admirándolo y adorandolo y cantando Rey de reyes Señor de señores , como recuerdo estás celebraciones en Perú.¡Hermoso !

Jesús Eucaristía se ha quedado con una intención , para Alimentarnos.Yo soy el pan vivo bajado del cielo,  

Jesús Eucaristía nos alimenta y alimenta al mundo entero,aunque  no lo conozcan, desde un trozo de pan.

Ya Moisés lo decía a todo el pueblo.

"Dios Te alimentó con el maná que tú no conocías ni conocieron tus padres.Dt 8, 2-3.14b-16 •

«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto 
para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
Y si recordamos el camino recorrido que en algunas 10,20,30, 40; más de ,40 años 
No  nos ha faltado el pan de la palabra y es verdad  hemos vivido de toda palabra que salen la  boca de Dios .
 El pan de la palabra  que es el mismo pan Cristo  como dice San Pablo 1 Co 10, 16-17 • el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, 
Porque todos comemos del mismo pan.Y comer el pan de Cristo  es la vida de Jesús que es comunión ,es Amor, es perdón,reconciliación,es la vida de Dios que permanece hasta la eternidad .
"Jesús nos dice Jn 6, 51-58 •
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. "
Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Discutian  los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Y muchos nos podríamos preguntar lo mismo y es porque no lo entendemos solo por la fe 
Jesús nos dice :
"Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, 
El que me come vivirá por mí 
Cuando le recibimos en la Eucaristía es su misma vida.
Y sigue explicándonos 
Este es el pan que ha bajado del cielo,no es el pan material este no da vida , el que come este pan vivirá para siempre».este pan 
Es Jesús presente  en la Eucaristía, Cristo está verdaderamente presente entre nosotros –y por su Cuerpo y su Sangre, nos hace a todos Iglesia– somos Iglesia y vivimos en comunión, unidos en Cristo.ñ
La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: 
«He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. (San Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 1).
Este es el gran misterio que celebramos hoy. Un Misterio grande, Misterio de misericordia, misterio de amor.
 ¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida. [San Juan Pablo II, ibid. n. 11].

El amor de Dios no conoce medida. 
San Agustín dice que “la medida del amor es el amor sin medida”. 
Amar sin límites –así nos ama Dios, y así Dios nos llama a vivir– a compartir su amor con los demás. 
Es su amor lo que nos convoca, lo que nos une, lo que nos hace una única familia, amor que crea la Iglesia, la comunión del amor.

Nos dice el Papa Francisco 
el valor transformador de la Eucaristía,
subrayando que esta nos cura de la tristeza, sana nuestra memoria y nos impulsa a compartir nuestra vida con los más necesitados.
 La  Eucaristía se transforma en un antídoto contra la soledad y el egoísmo.
el Pan de Vida 
sana la "memoria negativa" y las heridas, permitiendo a los creyentes inmunizarse contra la tristeza y la resignación.
La Eucaristía nos lleva al 
Compromiso y solidaridad : "ensanchar el corazón", convertirse en habitación amplia para todos y desgastarse en la compasión, reconociendo el Cuerpo de Cristo en los más vulnerables.
Comunión fraterna: 
A menudo recuerda que partir el pan exige superar divisiones y construir una comunidad unida, donde el amor se traduzca en ayuda real para el débil y el necesitado.
Nosotros somos para la comunión para la fraternidad y estamos dispuestos a lo que sea con tal de no romper la unidad que el otro no da el brazo a torcer es porque le falta fe no se trata de discutir quien tiene razón o quien no la tiene no hay razón que valga porque qué razón hay de que se quede Jesús en la Eucaristía no hay razón él con su amor excede todo razonamiento y conocimiento el amor pasa por encima de todo conocimiento humano lo que el ojo no vio ni el oído yo ni cupo en la mente del hombre lo que Dios reserva para nosotros 1cr.2,9
Su amor pasa por encima de todo como Jesús ve que le necesitamos se queda en la Eucaristía porque sabe que le necesitamos él nos quiere acompañar hasta el final va de camino con nosotros es el viático el que nos acompaña y nos conduce a la otra orilla al puerto a la otra vida.
La Eucaristía Jaime Bonet 
Muchas veces meditando la Eucaristía asombrado digo pero qué inventiva dios mío como te las arreglas de para quedarte con nosotros y podernos tratar de tú a tú en nuestro interior en la Eucaristía y el cielo nada al máximo no pinta nada por esto los teólogos y santos como Santo Tomás de Aquino dice en la cruz estaba oculta su divinidad pero en la Eucaristía está oculta son humanidad no hay duda de que en la Eucaristía Cristo se mete en nuestro cuerpo incrustandose como un anticuerpo algo semejante a lo que conocemos en medicina que ante un microbio escondido en el interior del cuerpo y que no hay manera de eliminarlo desde fuera se introduce un antídoto para provocar la lucha entre los dos microbios a ver quién gana aquí quién gana tu pecado a tu egoísmo a la soberbia a la avaricia a la lujuria si dejas que la Eucaristía como un antídoto actúe en ti quedas liberado. 
Además por la acción de la Eucaristía en ti tú vas siendo otro Cristo y es él en ti quien realiza el apostolado. 
Ante la Eucaristía residen los discípulos las mayores lesiones de amor hasta el extremo lo podemos meditar en Juan 13:1 habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amo hasta el extremo
Diálogo Jaime con Jesús Eucaristía 
Jaime nos cuenta la experiencia mucho después conociendo y experimentando a Jesús vivo en el sagrario que antes para él era un cajón y nada más y tuvo un diálogo muy bueno con Jesús durante la guerra civil española se quemaron muchas iglesias se profanaba la Eucaristía se llevaba a Jesús a casas de prostitución y recordándolo y le dije ves Jesús esto no puede ser tú no deberías haberte quedado en el sagrario así porque si tú hubieras ido por las calles si tú hubieras hablado si tú el más hermoso entre los hijos de los hombres hubiera desaparecido como un joven de 21 años un joven con fuerza todo esto se hubiera podido evitar pero él me remitía a mí muy fuertemente diciéndome Jaime y tus pies te servirían Jesús si tú quieres serán los míos pues un tuyos y después me preguntaba Jesús y tú no puedes hablar está muda tu boca de día bien mi boca mi lengua pues es tuya Jesús él seguía preguntándome y tu cabeza y tu cerebro es tuyo recuerdo una pregunta que le hice que jamás la olvido entonces te agradaría Jesús ir por aquí por allá por las ciudades y por el mundo la respuesta era me encantaría pues irás Jesús irás porque mi vida es toda tuya 
Es en esta experiencia con Jesús Eucaristía que Jaime se le concretó su vocación de formarse como sacerdote. 
Este es el deseo que Jesús ha sembrado en nuestros corazones llevarle a los hombres darle a conocer porque se lo dejamos encerrado y nos agrario nadie lo conocerá si no es a través de nuestra oración nuestra predicación nuestro testimonio de vida. Hay menos decía orar con Jesús su Eucaristía no solo para adorarle ni pedirle sino para imitarle para reproducirle para ser Cristo como dice san Juan de la Cruz qué gran obra es el amor después que lo conocí que si hay bien o mal en mí todo lo hace de un sabor y al alma transforma en sí 
Vamos a escuchar esta canción se Salomé Arricibita
Delante De Jesús Eucaristía y preguntarle dime cómo ser pan  hoy en mi familia ,en mi comunidad y en el mundo que me rodea ?