Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.
"En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.
Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose,
corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos.
Indica una intervención poderosa de Dios.
Es un signo cósmico de que algo extraordinario ha ocurrido.
La aparición del ángel del Señor
Baja del cielo y remueve la piedra del sepulcro.
Representa el mensaje divino: Dios mismo confirma la resurrección.
2.La piedra removida del sepulcro
El sepulcro ya no está cerrado → la muerte ha sido vencida.
Es una señal visible de que Jesús ya no está dentro.
El ángel habló a las mujeres:
Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado.
No, está aquí: HA RESUCITADO,
Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea.
Allí lo veréis».
Mirad, os lo he anunciado.
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
Alegraos.
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.
Jesús les dijo:
No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”.
Primer Signo La victoria sobre la muerte.
El sepulcro cerrado, La tumba vacía y la piedra removida .
El sepulcro cerrado testimoniaba la muerte;
el sepulcro vacío y la piedra removida
daban el primer anuncio de que allí había sido derrotada la muerte.
"Recuerdo el estado de ánimo de las mujeres que se decían: «¿Quién nos retirará la piedra?», y que después constataron con maravilla que «la piedra estaba corrida aunque era muy grande».
“Cuando considero los acontecimientos pascuales, el primer elemento ante el que me encuentro es el «sepulcro vacío». Sé que no es por sí mismo una prueba directa, porque la ausencia del cuerpo
«podría explicarse de otra forma», como pensó María Magdalena al suponer que alguien habría robado el cuerpo de Jesús.
También recuerdo que el Sanedrín trató de hacer correr la voz de que, mientras dormían los soldados, el cuerpo había sido robado por los discípulos.
Y, sin embargo, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo impresionante, y para las personas de buena voluntad fue el primer paso hacia el reconocimiento del hecho de la resurrección.
Así fue ante todo para las mujeres, que muy de mañana se habían acercado al sepulcro para ungir el cuerpo de Cristo.
Ellas fueron las primeras en acoger el anuncio:
«Ha resucitado, no está aquí.
Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro».
Aunque estaban sorprendidas y asustadas, «recordaron sus palabras» y, en su sensibilidad y finura intuitiva, se aferraron a la realidad y corrieron a dar la alegre noticia.
Jesús mismo les salió al encuentro, las saludó y les renovó el mandato.
De esta forma, las mujeres fueron las primeras mensajeras de la resurrección, hecho elocuente sobre la importancia de la mujer en los días del acontecimiento pascual.
Entre los que recibieron el anuncio estaban Pedro y Juan.
Ellos se acercaron al sepulcro «no sin titubeos», porque habían oído hablar de una sustracción del cuerpo.
Llegados al sepulcro, también ellos lo encontraron vacío y «terminaron creyendo»,
porque «hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar». El hecho era asombroso para aquellos hombres que se encontraban ante cosas demasiado superiores a ellos. Incluso la dificultad de las tradiciones para dar una relación plenamente coherente confirma su carácter extraordinario y el impacto desconcertante que tuvo en el ánimo de los testigos.
Pero debo considerar otro dato: aunque el sepulcro vacío podía generar sospecha, el gradual conocimiento de este hecho inicial terminó llevando al descubrimiento de la verdad de la resurrección.
Las mujeres y los Apóstoles se encontraron ante un «signo» particular:
el signo de la victoria sobre la muerte.
El sepulcro cerrado testimoniaba la muerte; el sepulcro vacío y la piedra removida daban el primer anuncio de que allí había sido derrotada la muerte.
Para las mujeres y para los Apóstoles, el camino abierto por el signo se concluye mediante el encuentro con el Resucitado. Entonces la percepción tímida e incierta se convierte en convicción y fe en Aquel que «ha resucitado verdaderamente».
Las mujeres «se arrojaron a sus pies y lo adoraron».
María Magdalena, al escuchar su nombre, dijo «Rabbuní» y corrió radiante a anunciar: «¡He visto al Señor!». Los discípulos, al verlo en el Cenáculo, «se alegraron al ver al Señor».
Y puedo afirmar: «El contacto directo con Cristo desencadena la chispa que hace saltar la fe».
San Juan Pabloll
No hay comentarios:
Publicar un comentario