sábado, 14 de marzo de 2026

HA RESUCITADO VE Y DILO A TUS HERMANOS.

Homilía en la Eucaristia sábado santo.
 HA RESUCITADO VE Y DILO A TUS HERMANOS.
 Evangelio Lc.24,1-12
 tener encuenta el lema y los objetivos. el objetivo
Que las personas tengan experiencia de encuentro con Cristo muerto y resucitado, y se decidan a vivir con alegría y esperanza su identidad de Hijos redimidos de Dios y que se conviertan en testigos vivos de este Amor para crear un mundo nuevo de hermanos.Objetivos específicosRevelar en comunidad el rostro de Jesús vivo resucitado , viviéndonos como hijos redimidos.Que las personas descubran en la comunidad (fraternidad, alegría) que Dios resucitó y está en nuestras vidas.Líneas 1.Dios ha vencido la muerte y el mal: ¡Ha resucitado!!!!esta es la noticia más grande del mundo entero Jesús ha resucitado y nosotros también con EL2.Jesús resucitado nos abre los ojos de la fe,de la esperanza y3.nos incluye en su dinamismo de resurrección. “Ve a decirle a mis hermanos…”4. dar la experiencia de resurrección que hayas tenido5.Invitar a vivir resucitados en los ambientes para saciar la sed de esperanza en el mundo y alimentarla desde la experiencia de resurrección CONTENIDO PARA DAR LA CHARLA DESDE (Lc 24,12). ¿Qué pensamientos bullían en la mente y en el corazón de Pedro mientras corría? El Evangelio nos dice que los Once, y Pedro entre ellos, no creyeron el testimonio de las mujeres, Es más, «lo tomaron por un delirio» (v.11). En el corazón de Pedro había por tanto duda, junto a muchos sentimientos negativos: la tristeza por la muerte del Maestro amado y la desilusión por haberlo negado tres veces durante la Pasión. Pedro, después de haber escuchado a las mujeres y de no haberlas creído, «sin embargo, se levantó» (v.12). No se quedó sentado a pensar, no se encerró en casa como los demás se levantó y corrió hacia el sepulcro, de dónde regresó «admirándose de lo sucedido» (v.12). Este fue el comienzo de la EXPERIENCIA DE LA «resurrección» de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla.También las mujeres, que habían salido muy temprano por la mañana, para llevar los aromas a la tumba, tuvieron la misma experiencia. se impresionaron cuando oyeron las palabras del ángel: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (v.5). Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida.Continuamente vemos, y veremos, problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero en esta noche hay que iluminar esos problemas con la luz del Resucitado, en cierto modo hay que «evangelizarlos». No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el Señor «no está aquí. Ha resucitado» (v.6); Él es nuestra mayor alegría, siempre está a nuestro lado y nunca nos defraudará.Este es el fundamento de la esperanza, que no es simple optimismo, y ni siquiera una actitud psicológica o una hermosa invitación a tener ánimo. La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de nosotros mismos y nos abrimos a él. Esta esperanza no defrauda .Hoy es la fiesta de nuestra esperanza, la celebración de esta certeza: nada ni nadie nos podrá apartar nunca de su amor .El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida.NOS INVITA A SACIAR LA SED DE ESPERANZA EN EL MUNDO Y ALIMENTAR LA ESPERANZA.La Palabra viva de Dios es capaz de implicarnos en esta historia de amor, alimentando la esperanza y reavivando la alegría. Nos lo recuerda también el Evangelio que hemos escuchado: los ángeles, para infundir la esperanza en las mujeres, dicen: «Recordad cómo [Jesús] os habló» (v.6). No olvidemos su Palabra y sus acciones, de lo contrario perderemos la esperanza; hagamos en cambio memoria del Señor, de su bondad y de sus palabras de vida que nos han conmovido; recordémoslas y hagámoslas nuestras, para ser centinelas del alba que saben descubrir los signos del Resucitado.¡Cristo ha resucitado! Abrámonos a la esperanza y pongámonos en camino; que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que oriente nuestros pasos confiadamente hacia la Pascua que no conocerá ocaso.

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