lunes, 9 de marzo de 2026

Semblanza El sembrador de la Palabra de Dios por todo el mundo



El sembrador de la Palabra de Dios en los cinco continentes 

Testimonio vocacional en el centenario de Jaime Bonet Bonet

Quisiera agradecer, en este centenario del nacimiento de nuestro fundador, Jaime Bonet Bonet, a quien tuve el regalo de conocer hace más de cuarenta y dos años de vida misionera.
La celebración de los cien años de vida de Jaime Bonet evoca en mi corazón el pasaje del libro del Génesis (15,5), en el que Dios promete a Abraham una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las arenas del mar. Contemplando la vida y la misión de nuestro fundador, es inevitable reconocer en ella una fecundidad espiritual que se ha extendido por generaciones y que continuará dando fruto en la historia de la Iglesia.
Tuve la gracia de conocer a Jaime Bonet siendo muy joven, en el año 1979, en el barrio El Salvador de Medellín, Colombia. Nos encontrábamos reunidos un grupo de jóvenes en la casa de las misioneras cuando nos lo presentaron. Aquella fue la primera vez que escuché la voz de un fundador que nos invitaba a entregar la vida a Jesús y a anunciar su Palabra en los cinco continentes.
Yo tenía entonces 18 años. Recuerdo que escuchaba con emoción aquella llamada a la misión y pensaba para mis adentros:
“¡Qué hermoso para quienes puedan recorrer el mundo anunciando el Evangelio!”
En aquel momento no comprendía plenamente el alcance de sus palabras, pero sí percibía con claridad algo que marcó profundamente mi corazón: estaba ante un hombre profundamente enamorado de Cristo.
Mientras escuchaba la proclamación de la Palabra, sentí que aquella semilla de la Palabra de Dios despertaba dentro de mí el deseo de ir por todo el mundo anunciándola. Era como si Jesús mismo estuviera sembrando en el corazón de todos los jóvenes que nos encontrábamos allí.
En mi interior surgía un deseo silencioso:
“Me encantaría… pero esto no es para mí”.
Sin embargo, aquella pequeña semilla había comenzado ya su misterioso camino de crecimiento.
Con el paso de los años fui invitada a participar en unos ejercicios espirituales. Allí me encontré nuevamente con nuestro fundador, que predicaba aquellos quince días de retiro en completo silencio. Eran ejercicios vocacionales, aunque yo entonces no lo sabía.
Al concluir los ejercicios me pidieron que hablara con él. Recuerdo con gratitud cómo me acogió con una sonrisa serena y paternal. Con sencillez me preguntó cómo me encontraba. Yo, muy tímida y de pocas palabras, solo acerté a decir que deseaba conocer a Jesús.
Su respuesta fue inmediata y llena de entusiasmo. Me dijo que sí, que podía estudiar teología y dar a conocer a Jesús por todo el mundo. En ese momento no comprendía plenamente lo que aquellas palabras significaban, pero sí comprendí algo esencial: el sembrador de la Palabra estaba sembrando nuevamente en mi vida una llamada a la consagración total a Jesús.
Aquella semilla siguió creciendo. Más adelante participé en unos ejercicios espirituales de mes con las misioneras del Verbum Dei. Durante aquellos días, escuchando nuevamente a Jaime Bonet —apóstol de la Palabra y testigo apasionado de Cristo— hablar de la entrega total de la vida al Señor y de la misión de anunciar el Evangelio por todo el mundo, mi corazón pudo responder con un “sí” definitivo.
El 19 de julio de 1983 di un paso decisivo al entrar en la comunidad Verbum Dei.
Desde entonces puedo reconocer con claridad cómo aquella semilla inicial fue siendo regada y fortalecida a través de la predicación constante de la Palabra. Año tras año, especialmente en los ejercicios espirituales de mes, la enseñanza de nuestro fundador alimentaba y hacía crecer la vocación recibida.
Por eso me gusta contemplar la figura de Jaime Bonet como el sembrador de la Palabra de Dios, aquel que ha esparcido la semilla del Evangelio por los cinco continentes, alcanzando incluso el rincón donde yo me encontraba, en Medellín.
Más adelante, en el tiempo de formación, fui enviada a estudiar a Alcalá de Henares. Allí experimenté nuevamente su presencia formadora a través de pautas de oración, escuelas de formación y encuentros comunitarios.
De modo particular recuerdo el tiempo de preparación para nuestros votos perpetuos. Durante seis meses, junto con Anita Moranta, nos acompañó explicándonos las constituciones, el carisma y el sentido profundo de nuestra consagración en el Verbum Dei.
Tras ese tiempo de preparación, un grupo de misioneras procedentes de distintos continentes tuvimos la gracia de realizar nuestros votos perpetuos, después de un mes de ejercicios espirituales predicados por nuestro fundador en Siete Aguas, Valencia, España, en el año 1988.
Puedo decir que en cada etapa de mi vida —la del primer encuentro, la de la formación y la de la misión— experimenté la cercanía del sembrador de la Palabra.
Durante los años de misión en Latinoamérica, Jaime continuó acompañándonos, predicando ejercicios espirituales y dialogando con nosotros sobre la vivencia del carisma.
Conservo también recuerdos sencillos pero profundamente significativos, como aquel campamento en Siete Aguas con un grupo de jóvenes. Le pedimos si podía dirigirse a ellos y, con la disponibilidad que siempre le caracterizaba, subió hasta el albergue para encontrarse con ellos. Con su entusiasmo habitual les habló de Jesús y supo encender en sus corazones el deseo de conocerlo más y de anunciar la Palabra de Dios.
En aquellos años Jaime ya vivía en el poblado de Siete Aguas y el paso del tiempo iba limitando sus fuerzas. Sin embargo, continuaba siendo fiel al carisma recibido: oración, predicación de la Palabra y testimonio de vida.
Era frecuente verlo orando ante el Sagrario en la capilla del Pesebre, o predicando en la Eucaristía y en los ejercicios espirituales. Recuerdo especialmente el año 2003, cuando, a pesar de la etapa que estaba viviendo, seguía siendo el sembrador de la Palabra, alentándonos siempre a vivir con profundidad nuestra consagración.
Al contemplar mi propia historia vocacional puedo reconocer tres etapas profundamente marcadas por su presencia: el primer encuentro, la etapa de formación y la etapa apostólica.
Por ello, al celebrar los cien años de vida de Jaime Bonet Bonet, doy gracias a Dios por el don de su vida y por la fecundidad espiritual que ha suscitado en la Iglesia. Su vida nos recuerda que quien siembra la Palabra con fidelidad y pasión permite que Dios mismo haga crecer la semilla en innumerables corazones.
Entre esas semillas, con profunda gratitud, reconozco también la mía.
Gracias, Jaime.
Luisa Elena Vélez Henao 
Misionera Verbum Dei

sábado, 7 de marzo de 2026

Cuaresma oración,limosna, ayuno

* vivir la Cuaresma como un momento propicio para la conversión.

*“La Cuaresma es el momento para liberarnos de la ilusión de vivir persiguiendo el polvo. 
*La Cuaresma es volver a descubrir que estamos hechos para el fuego que siempre arde, no para las cenizas que se apagan de inmediato; 😊por Dios, no por el mundo; 
*por la eternidad del cielo, no por el engaño de la tierra; *por la libertad de los hijos, no por la esclavitud de las cosas. 
🤔Podemos preguntarnos hoy: ¿De qué parte estoy? ¿Vivo para el fuego o para la ceniza?”.

«Tocad la trompeta, proclamad un ayuno santo» (Jl 2,15), dice el profeta en la primera lectura. La Cuaresma se abre con un sonido estridente, el de una trompeta que no acaricia los oídos, sino que anuncia un ayuno.
* Es un sonido fuerte, que quiere ralentizar nuestra vida que siempre va a toda prisa, pero a menudo no sabe hacia dónde. 
*Es una llamada a detenerse, a ir a lo esencial, 
a ayunar de aquello que es superfluo y nos distrae.😃 Es un despertador para el alma.

El sonido de este despertador está acompañado por el mensaje que el Señor transmite a través de la boca del profeta, un mensaje breve y apremiante: «Convertíos a mí» (v. 12). Convertíos. 😍Si tenemos que regresar, significa que nos hemos ido por otra parte. 
*La Cuaresma es el tiempo para redescubrir la ruta de la vida. Porque en el camino de la vida, como en todo viaje, lo que realmente importa es no perder de vista la meta.🧐

Sin embargo, cuando estás de viaje, si lo que te interesa es mirar el paisaje o pararte a comer,🥟 no vas muy lejos. Cada uno de nosotros puede preguntarse:
🤔 ¿en el camino de la vida, busco la ruta? ¿O me conformo con vivir el día, pensando solo en sentirme bien, en resolver algún problema y en divertirme un poco? ¿Cuál es la ruta? ¿Tal vez la búsqueda de la salud, que muchos dicen que es hoy lo más importante, pero que pasará tarde o temprano? ¿Quizás los bienes y el bienestar? 
😊Sin embargo, no estamos en el mundo para esto. 
Convertíos a mí, dice el Señor. A mí. El Señor es la meta de nuestro peregrinaje en el mundo. La ruta se traza en relación a él.

😃Para encontrar de nuevo la ruta, hoy se nos ofrece un signo: ceniza en la cabeza. Es un signo que nos hace pensar en lo que tenemos en la mente. Nuestros pensamientos persiguen a menudo cosas transitorias, que van y vienen. La ligera capa de ceniza que recibiremos es para decirnos, con delicadeza y sinceridad: de tantas cosas que tienes en la mente, detrás de las que corres y te preocupas cada día, nada quedará. Por mucho que te afanes, no te llevarás ninguna riqueza de la vida. Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento.

*Los bienes son pasajeros, el poder pasa, el éxito termina. *La cultura de la apariencia, hoy dominante, que nos lleva a vivir por las cosas que pasan, es un gran engaño. Porque es como una llamarada: 🙄una vez terminada, quedan solo las cenizas. 
*La Cuaresma es el momento para liberarnos de la ilusión de vivir persiguiendo el polvo.
* La Cuaresma es volver a descubrir que estamos hechos para el fuego que siempre arde, 🤗no para las cenizas que se apagan de inmediato; 😏por Dios, no por el mundo; por la eternidad del cielo, no por el engaño de la tierra; por la libertad de los hijos, no por la esclavitud de las cosas. Podemos preguntarnos hoy: 🤔¿De qué parte estoy? ¿Vivo para el fuego o para la ceniza?

😁En este viaje de regreso a lo esencial, que es la Cuaresma, el Evangelio propone tres etapas, que el Señor nos pide de recorrer sin hipocresía, sin engaños: 
la limosna, la oración, el ayuno. 🤔¿Para qué sirven? La limosna, la oración y el ayuno nos devuelven a las tres únicas realidades que no pasan. La oración nos une de nuevo con Dios; la caridad con el prójimo; el ayuno con nosotros mismos.

Dios, los hermanos, mi vida: estas son las realidades que no acaban en la nada, y en las que debemos invertir. 
Ahí es hacia donde nos invita a mirar la Cuaresma: hacia lo Alto, con la oración, que nos libra de una vida horizontal y plana, en la que encontramos tiempo para el yo, pero olvidamos a Dios. Y después hacia el otro, con caridad, que nos libra de la vanidad del tener, del pensar que las cosas son buenas si lo son para mí.

😃Finalmente, nos invita a mirar dentro de nosotros mismos con el ayuno, que nos libra del apego a las cosas, de la mundanidad que anestesia el corazón. Oración, caridad, ayuno: tres inversiones para un tesoro que no se acaba.

🗣️Jesús dijo: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» (Mt 6,21). ❤️Nuestro corazón siempre apunta en alguna dirección: es como una brújula en busca de orientación. 💓💕Podemos incluso compararlo con un imán: necesita adherirse a algo. Pero si solo se adhiere a las cosas terrenales, se convierte antes o después en esclavo de ellas: las cosas que están a nuestro servicio acaban convirtiéndose en cosas a las que servir. La apariencia exterior, el dinero, la carrera, los pasatiempos: si vivimos para ellos, se convertirán en ídolos que nos utilizarán, sirenas que nos encantarán y luego nos enviarán a la deriva.

En cambio, si el corazón se adhiere a lo que no pasa, 💖nos encontramos a nosotros mismos y seremos libres. 💃🕺La Cuaresma es un tiempo de gracia para liberar el corazón de las vanidades. 💟Es hora de recuperarnos de las adicciones que nos seducen. Es hora de fijar la mirada en lo que permanece.😮

🤔¿Dónde podemos fijar nuestra mirada a lo largo del camino de la Cuaresma? En el crucifijo. Jesús en la cruz es la brújula de la vida, que nos orienta al cielo. 
*La pobreza del madero, el silencio del Señor, su desprendimiento por amor nos muestra la necesidad de una vida más sencilla, libre de tantas preocupaciones por las cosas. 
*Jesús desde la cruz nos enseña la renuncia llena de valentía. Pues nunca avanzaremos si estamos cargados de pesos que estorban.

*Jesús, que arde con amor en el leño de la cruz, nos llama a una vida encendida en su fuego, que no se pierde en las cenizas del mundo; una vida que arde de caridad y no se apaga en la mediocridad.

🤔¿Es difícil vivir como él nos pide? Sí, pero lleva a la meta. 
*La Cuaresma nos lo muestra. Comienza con la ceniza, pero al final nos lleva al fuego de la noche de Pascua; a descubrir que, en el sepulcro, la carne de Jesús no se convierte en ceniza, sino que resucita gloriosamente. También se aplica a nosotros, que somos polvo: si regresamos al Señor con nuestra fragilidad, si tomamos el camino del amor, abrazaremos la vida que no conoce ocaso. Y viviremos en la alegría.😃

I Sesión PREPARA LA PALABRA

TALLER de ORACION

“Señor, enséñanos a orar” 

(Lucas 11,1)

Sesión I. - Introducción (Dinamismo  de la Palabra). 

- Prepara la Palabra     

Muchas veces no oramos porque nos falta encontrar el camino para entrar en la oración. 

¿Cómo orar?...es la súplica de los discípulos de todos los tiempos, de los que trataron con el Jesús histórico y de nosotros. “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11, 1).

¿QUÉ SE NECESITA PARA ORAR? (Actitudes fundamentales)

  • Lo primero que se necesita para orar es querer. 

  • Dios está siempre dispuesto. El que quiere busca y pone medios… actúa, le dedica tiempo, renuncia a otras cosas, etc. 

“La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar… es necesario también aprender a orar. 

 La oración es la vida del corazón nuevo.  Debe animarnos en todo momento”. (CEC 2650, 2697)

La fe viva es vital (Cf. Heb11,1·6)

La humildad (Cf. Lc18,9-14). 

“Humildad es andar en la verdad completa.”

¿POR QUÉ ORAR? (Razones para orar)

Porque responde a nuestra identidad más profunda y, por tanto, es vital (Jn15, 5).

Porque somos invitados al diálogo por Dios mismo (G.S.19).

Porque en la oración encontramos la plenitud de nuestra vida.

“La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios.El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel Amor que lo creó” (Cf. Gaudium et Spes 19).

¿PARA QUÉ ORAR? (En todo mirar el fin)

Oramos para, gozar de los frutos del Espíritu (Gálata 5,22-23),

 para actuar mejor, 

para conocer la voluntad de Dios y tener la fuerza para realizarla, etc.

Principalmente oramos para ser santos (ser uno con Cristo). 

El objetivo personal de la oración

es la identificación con Cristo: pensar, sentir, actuar y amar como y con El

El fin último de la oración cristiana es el Reino de Dios (objetivo comunitario), 

que se manifiesta en la vida fraterna: un mundo de hermanos, hijos del mismo Padre (Dios).

 ¿QUÉ ES ORAR? (La amistad con Dios)

  • “Las diversas descripciones de la oración hablan de una relación entre Dios y el hombre.  

  • Dios  y el hombre son los primeros involucrados en la oración. 

  •  Diálogo, trato, experiencia, son las palabras  para describir la oración… 

  • Es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría.(Santa Teresa del niño Jesús)

  • Es tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama.          (Santa Teresa de  Jesús)                                                        

  • La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él.

  • “Nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti”.(San Agustín)

  • No es lo mismo rezar que orar (las dos cosas son importantes). 

  • Al rezar repetimos oraciones hechas y establecidas. 

  • Al orar expresamos, con espontaneidad y lenguaje propio, lo que profundamente sentimos y pensamos.

Lo primero que se precisa es hacer la opción de hablar con el Maestro.

 Para ello, necesitamos elegir el lugar, la postura y el tiempo más adecuados.

No dejes la oración para el último momento del día, puesto que orar es un ejercicio que requiere que estés en plena forma, para que puedas invertir, en el trato con Dios, lo mejor de tu mente, corazón y fuerzas,

y así poco a poco puedas ir disfrutando de vivir el primer mandamiento (Deuteronomio 6,4)."Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor."

Lugar tranquilo, silencioso, para el recogimiento. En  la q habitación, oratorio o capilla: ‘es el lugar propio de la oración’ (Cf. CEC 2691).

Puede ayudar el contacto con la naturaleza (siempre y cuando te lleve al encuentro y diálogo con Dios y al fruto sugerido en las pautas).

La postura que más ayude al recogimiento y que exprese lo que profundamente estamos orando (puede ser de rodillas, de pie, sentado, postrado, caminando, etc.). 

  • También hay que tener en cuenta a los demás, que tu postura no los distraiga. 

  • Es necesario señalar un tiempo determinado al día. Preferible en la mañana.

  •  La eficacia de la oración depende en gran parte de la constancia y regularidad en su ejercicio.

Para adentrarnos en el camino de la oración, como en todo proceso de conocimiento interpersonal es útil el método de pregunta-respuesta, entablando el coloquio afectuoso a base de diálogo, cara a cara (Éxodo 33,11) paso a paso, caminando como viendo al Invisible.

 Es lo que ofrece “el Dinamismo de la palabra ”, porque sin pretender dar un esquema rígido y mecánico, nos introduce en el arte de la conversación con un Dios, que existe, que está vivo. Aunque por nuestra falta de trato con Él, todavía no se nos hace familiar.

DINAMISMO DE LA PALABRA

Primera sesión  

1. PREPARA LA PALABRA   

1.1 Ponte en presencia de Dios.

1.2 Escucha las pautas, relee las Pautas y pide el fruto que deseas.

1.3 Ábrete a Él.

La preparación de la oración es la primera fase de la oración por la cual buscas el encuentro con Dios siguiendo tres pasos:

  1. Ponte en presencia de Dios.

Esto significa hacer un acto de fe, de esperanza, de amor. Reaviva el deseo de verle, escucharle, hablarle, conocerle, servirle… es importante para la oración este primer paso porque orar es hablar con una persona. 

1.2 Escucha las pautas, relee las Pautas y pide el fruto que deseas.

Escucha las pautas (o lee las pautas escritas). Al escuchar la predicación conviene escribir las ideas principales, las citas bíblicas y los argumentos empleados (ejemplos, citas de libros o autores, vivencias personales, etc.). Cuanto más interés muestras en la oración, más atención pones, puesto que Dios se sirve de instrumentos humanos para hacernos comprender y actualizar su mensaje.

  • ¿Qué me has querido decir a través de las pautas?

  • ¿Qué cita, o que pasaje de la Biblia quieres que dialogue contigo?

  • ¿Qué es el tema, argumento, la verdad que necesito profundizar?

  • ¿Cuál fruto tendría que sacar de este tiempo de dialogo?

  • ¡Habla Señor, que tu siervo escucha!

Resultado de esta búsqueda es que Dios te va orientando hacia el fruto que desea. Puede ser, por ejemplo: fortalecer la fe, tener más decisión etc.

1.3 Ábrete a Él.

Incluye en tu oración siempre el tú a tú, él diálogo, el cara a cara, el hablar a solas largo rato con quien sabemos nos ama.  Háblame, Señor. Dame un corazón para conocerte. Estoy abierto a Ti y a tu Palabra.