miércoles, 22 de octubre de 2025

Te pondré al frente de todos mis bienes porque has sido fiel de mi encargo.

¡Qué regalo tan grande, Señor, haces a tus discípulos que han perseverado trabajando fielmente en el encargo recibido!
Nos has dado un carisma que hoy es más necesario que nunca, porque hay mucha hambre de Ti, de Tu Palabra. Sin embargo, también vemos mucha anemia espiritual, desgana por el alimento diario de la Palabra de Dios, reemplazado por “comida chatarra” que no alimenta.

Por eso Tú nos has encargado repartir el verdadero alimento a todos tus hijos, por medio del carisma que hemos recibido: la oración y la predicación de la Palabra, acompañadas de un testimonio de vida.

¡Qué alegría experimentaremos cuando nos encontremos cara a cara contigo y podamos responder a tu pregunta:
“¿Quién será el servidor fiel y prudente a quien su Señor ha puesto al cuidado de su familia para repartirles el alimento a su debido tiempo?
Feliz ese siervo a quien su Señor, al venir, encuentre cumpliendo su deber. En verdad os digo que le confiará la administración de todo lo que posee.” (Mt 24, 45-47)

Gracias, Señor, porque somos tus discípulos bienaventurados, a quienes Tú has confiado la administración de la Misión. Ojalá nos encuentres hoy trabajando, repartiendo el alimento —Tu Palabra— a todos tus hijos.

Entonces podremos ser verdaderamente felices, porque nuestra recompensa eres Tú mismo: tu amor generoso y gratuito. Ese amor que nos haces partícipes de la felicidad eterna.

Queremos amar desde tu mismo corazón, vigilándolo cada día para no dar migajas, lo que nos sobra o lo que no queremos, sino amor puro: tu propio amor. No hay que esperar al final de los tiempos; hoy podemos velar para que cada corazón se encuentre contigo y reciba el Amor que eres Tú, Jesús, y pueda vivir la felicidad eterna desde ahora.

Te pedimos, Señor:
Que podamos vivir preparados, prevenidos, con la ropa de trabajo puesta y el corazón como lámparas encendidas, esperando al patrón que regresa de las bodas.
Entonces le abrirán apenas llegue y toque la puerta. 
Felices vosotros si os  encuentro velando cuando llegue.
“Os digo que Yo mismo me pondré el delantal, os haré sentar a mi mesa y os serviré uno por uno.”
Felices si os encuentro así, aunque llegue a medianoche o de madrugada.” (Lc 12, 35-38)
LevJEP

No hay comentarios:

Publicar un comentario