A los 14 años Jaime experimenta una duda existencial:"No estaba tan seguro de que existiera Dios. Pensé ¿Quién me lo va a decir? porque si lo pregunto a un cura me dirá que sí; a un comunista, me dirá que no, lo preguntaré a él directamente. Tenía un crucifijo viejo y le dije: si existes, Dame tu gozo. Yo me quedé en silencio un momento, pero fue tanta mi felicidad que no podía aguantar todo aquello. Entendí por eso que el cuerpo no está hecho para grandes gozos, por eso se queda en la tumba, porque en el cielo es gozo inmenso. El Cristo crucificado me dio todo esto: Aquel Cristo leproso, monstruoso, como si allí recobrara las venas, su movimiento, y la vida como hablando con un ser vivo. Yo le contesté: quiero ser como tú. El crucifijo me remitía a una leprosería, y ser leproso, con la ilusión de ser leproso por ellos, para pagar. ¿Cómo Te pagaré el que tú hayas quedado así? Quiero quedar como tú. Después, al cabo de una media hora o no mucho tiempo, fuimos a la capilla y descubrí lo que nunca había descubierto, ya tenía los ojos y la fe viva. Entonces, Como si lo viera como una persona no lo hubiera visto más Claro, el Dios eucaristía. El hecho que ya no fuera a la leprosería, se debió al encuentro con la Eucaristía. Entonces vino un diálogo, un diálogo muy familiar, íntimo, de tú a tú, hasta demasiada confianza. Le decía: vez, Jesús?ahora tú tienes parte de culpa de que yo haya inutilizado 14 años de mi vida: Porque te has puesto así, en un pedacito de pan? Pero así como de tú a tú, ¿eh? Porque no te apareciste como un hombre, Como un joven y ahora aquí, indefenso, te han quemado la iglesia cómo te queman a ti, te profanan, hacen de ti lo que quieren, en la corrupción, ni dices palabras, ni te puedes mover. Entonces, claro.como él me hablaba muy fuerte, como una espada afilada en mi corazón: ¿Tus labios me pueden servir? y aquello sí que me daba más alegría. ¿Te podrían servir mis labios? Es por esto que para mí la Eucaristía tiene un sentido tremendo, toda la razón de lo que yo nunca había querido, ir a un seminario y ser un cura. No se me olvidará nunca aquella pregunta última que me hizo, porque estuvimos hablando un rato: ¿Te agradaría ir por el mundo, las ciudades, los continentes? Yo le dije: Me encantaría, es cuestión tuya. Mi vida yo no la mantengo, eres tú, tú dirás. Jaime Bonet
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