Jesús, vino nuevo
Gracias, Señor,
porque entras en mi vida
como vino fresco,
que rompe las rutinas secas
y llena de alegría mi corazón.
Gracias, Esposo amado,
porque en tu presencia
no hay ayuno ni tristeza,
sino fiesta del alma,
mesa tendida,
banquete de esperanza.
Tomas mis odres gastados,
mis miedos y resistencias,
y me invitas a estrenar
un corazón nuevo,
flexible a tu Espíritu,
abierto a tu gracia.
Gracias, Jesús,
vino nuevo de la eternidad,
dulzura que renueva mi ser.
Contigo quiero brindar cada día,
celebrando que tu amor
es la única bebida
que nunca se agota.