domingo, 2 de noviembre de 2025

."Yo soy la resurrección y la vida"

“Os preparé un lugar; volveré y os llevaré conmigo.”

Hoy recordamos a todos nuestros familiares, amigos y hermanos de la comunidad que ya están disfrutando de la eternidad, para la que hemos sido creados.

Esa es la meta a la que todos hemos de llegar.

Jesús, hoy nos invitas a mirar la muerte no con miedo, sino con fe en la promesa que nos hiciste un día y que hoy sigues cumpliendo.

Como dijiste a tus discípulos:

> “ Voy a prepararos un lugar.Y cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo.”

Esta promesa la cumples con cada persona de manera muy personal. Nadie sabe el momento ni la hora, y por eso hemos de estar preparados. 

A muchos ya les ha llegado la hora de partir: personas muy queridas por nosotros, algunas cercanas y otras que no conocimos.

Por eso queremos pedirte por cada uno de ellos y agradecerte sus vidas en el paso por esta tierra, donde muchos nos han dejado huella.

Cuántos nombres que ya están en el cielo, brillando como estrellas por toda la eternidad.

Mi familia, amigos, hermanos de la Fraternidad y de la Familia Verbum Dei, y tantos hermanos nuestros que no conocemos.

Todos ellos ya disfrutan de la Vida Eterna y viven plenamente.

Jesús, tú nos pides que confiemos y creamos en ti, porque tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Eres el camino que nos conduce a la meta, que es estar en la Casa del Padre.

Por eso nos dices:

 “En la casa de mi Padre hay lugar para todos.”

Tu muerte y resurrección han abierto el camino a la Vida Eterna, y prometes llevarnos contigo.

A veces surgen dudas en nuestro interior, miedos ante las enfermedades y  la muerte,en el fondo son apegos a esta vida, pero es porque desconocemos lo que significa Vivir más allá de la muerte.

Por eso tú nos dices:

> “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”

Tú eres la Vida Eterna.

Y hoy nos repites lo mismo que dijiste un día a tu amiga Marta, ante la muerte de su hermano Lázaro:

> “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (Juan 11, 25-26)

Por eso, hoy es un día de esperanza.

Recordamos a quienes han partido y sentimos su ausencia, pero también los recordamos con gratitud y con la confianza de que la muerte no tiene la última palabra, sino la Vida.

Todos ellos siguen vivos en la eternidad.

Creemos que ya viven el gozo y la plenitud de la Vida Eterna.

Ayúdanos, Señor, a vivir con la certeza de que la vida verdadera se encuentra en ti, mi Dios, más allá de esta tierra.

Que es gozar del Amado que eres tú eternamente y plenamente .Y que podamos decir: ésta oración de Santa Teresa de Jesús

> Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero. Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero,  que muero porque no muero."



Los santos de la puerta de al lado


Exhortación Gaudete et Exsultate
Papa Francisco – 9 de abril de 2018
El Señor lo pide todo,
y lo que ofrece es la verdadera vida:
la felicidad para la cual fuimos creados.
Él nos quiere santos,
porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió
«para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor»
(Ef 1, 4)


Los santos de la puerta de al lado

No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados.
El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes...
Dios quiere salvarnos en comunidad, no aisladamente.



Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente:
en los padres que crían con tanto amor a sus hijos;
en esos hombres y mujeres que trabajan cada día
para llevar el pan a su casa;
en los enfermos;
en las religiosas ancianas que siguen sonriendo.
En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. 
Que son los de la puerta de al lado  que son un reflejo de la presencia de Dios.


Gracias a todos mis hermanos,
los que están en el cielo y los que están en la tierra,
porque juntos formamos parte
de esta gran cadena de santos de la puerta de al lado.
Gracias a nuestro Fundador 
Que ya desde el cielo nos sigue ayudando en el carisma.